A fondo

El Santander traerá su gran colección de arte al edificio del Paseo de Pereda

Ana Botín crea otro hito cultural en la capital cántabra

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Una de las mayores colección privadas de arte del país, más de mil obras de gran valor entre las que hay cuadros de Rubens, El Greco, Van Dick, Picasso, Sorolla, Miró y una colección completa de Gutiérrez Solana, se exhibirá en el Paseo de Pereda. La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, ha decidido que la infrautilizada sede del Banco se emplee para acoger la colección acumulada por la entidad, que ahora se exhibe en la Ciudad Financiera, de Boadilla del Monte. Eso va a exigir una remodelación a fondo, encargada a un arquitecto estrella, David Chipperfield, que también afectará al palacete de la antigua sede de Banesto.


Los espacios vacíos son una oportunidad y la sede del Banco Santander, de la que hoy solo se usa una de las dos alas, va a convertirse en otro de los atractivos de la ciudad. Así lo pretende su presidenta, Ana Botín, que quiere reforzar el compromiso con su región de origen, donde pasa muchos fines de semana en su casa de Ribamontán, y conjugarlo con los intereses de los accionistas, que según ella, no le pagan para tener recursos ociosos. Hace un par de meses, el Banco lanzó discretamente un concurso internacional de ideas para decidir cómo aprovechar su edificio más emblemático y el ganador fue el arquitecto británico David Chipperfield, uno de los más famosos del mundo, por las renovaciones que ha hecho de grandes inmuebles.

El proyecto aún está por concretar. El Banco tiene muchos contenidos que querría poner en ese espacio, pero no será fácil encajarlos todos, ni siquiera contando con una tercera pata, la que fuera sede del Banco Mercantil y delegación regional de Banesto, un magnífico palacete próximo, cuya propiedad acaba de completar, al comprarle a Viesgo las oficinas que aún mantenía allí. Tras una reforma encargada a otros arquitectos de fama, Antonio Cruz y Antonio Ortiz, reubicará en él a la dirección regional del Banco, aunque también un mirador público en la azotea.


Un parque temático de arquitectos modernos

El Santander más tradicional, la almendra urbana que aparentemente no cambia desde el incendio de 1941, lleva, sin embargo, camino de convertirse en un parque temático de la arquitectura moderna. En pocos lugares habrá, en tan poco espacio, una representación tan densa de los arquitectos más famosos del mundo.


Algunas de las exposiciones temporales que ha organizado el Banco en colaboración con otras organizaciones.

La serie empezó con Saenz de Oiza, proyectista del Palacio de Festivales, que desde 1991 cambió el punto de fuga de la ciudad. El enorme edificio, que quizá no esté en el lugar adecuado, fue solo el primero. Luego llegó la Duna de Zahera, uno de los arquitectos jóvenes más valorados internacionalmente, o el Centro Botín, de Renzo Piano. Se malogró tener un Moneo, al bloquear durante años su construcción el Ayuntamiento de Santander, y finalmente habrá un Chipperfield. A esta lista debe añadírsele la Estación Marítima, de Ricardo Lorenzo, que no tiene el reconocimiento internacional de otros autores pero sí está a la altura.

Moneo no es el único Premio Pritzker que se perdió para la ciudad. La promotora Real de Piasca contaba con Jean Nouvel para levantar una urbanización frente al Parque Tecnológico que los planes de urbanismo impidieron.

El edificio de la calle Hernán Cortés y el edificio del Paseo de Pereda podrían llegar a convertirse en una sola unidad arquitectónica si se aprovecha el túnel subterráneo que se construyó en los años 70 para conectar la sede del Banco con el Edificio Macho, que llega muy cerca de la que fuera oficina regional de Banesto.

‘Don Diego de Mexía’, de Val Dyck, y un ‘Virgen niña dormida’, de Zurbarán, otros de los cuadros de la colección.

Ana Botín pretende que el Proyecto Pereda, como ha empezado a llamarse, además de dar lugar a un museo donde se exhiba la enorme colección que ha reunido el Banco tras el proceso de fusiones, acoja una flagship, una oficina de prestigio de la marca, “la más vanguardista del grupo”; e incluso un centro para los estudiosos sobre la banca española, ya que también se ofrecerán, digitalizados, todos los fondos que se encuentran en el Archivo construido en Solares, donde se ha reunido la documentación original más relevante de más de la mitad de los bancos españoles y de buena parte de los sudamericanos.

‘Cabeza de hombre’, de Domingo Marqués y ‘Michel Ophovius’, de Rubens

No será fácil compatibilizar todos esos usos en ese espacio y, al tiempo, convertir el edificio en “un lugar al que la gente quiera ir”, como pretende la presidenta del Santander, quien reconoció que los bancos no tienen ahora ese poder de atracción. En esta visita-experiencia, además, se podrá acceder al sancta-sanctorum del Santander, que durante tantos años acogió el despacho de la presidencia o la sala del consejo, uno de los lugares más curiosos de la ciudad, por el hecho de que se construyó como una caja dentro de otra caja. Por motivos de seguridad, se trata de una sala interior que no llega hasta las ventanas, aunque lo parezca.

‘Cristo agonizante con Toledo al fondo’, de El Greco, y ‘El Lechuga y su cuadrilla’, uno de los 32 cuadros que el Banco posee de Gutiérrez Solana.

Chipperfield tendrá que cocinar todos estos ingredientes, con un presupuesto de 40 millones de euros y un plazo de dos años, y convertirlos en un espacio popular para los santanderinos, atractivo para los turistas, interesante para los amantes del arte y que ofrezca una imagen del Banco Santander moderna y potente, proyectando una nueva idea del negocio bancario, más lúdica y comprometida. Le ayudará un emplazamiento muy céntrico y concurrido, pero a la vez tendrá que ajustarse a las limitaciones de espacio y a no poder hacer ninguna transformación exterior.

El edificio del Santander fue inicialmente un hotel, que la entidad adquirió en 1919. Tiempo después, el Banco adquirió dos casas que había al otro lado de la calle y en la década de los 50, cuando los dos inmuebles ya se habían convertido en su sede, se planteó una unificación arquitectónica.

La reforma encargada al arquitecto local Javier González de Riancho debía solventar la integración, interrumpida por la calle Marcelino Saenz de Sautuola, por lo que se adoptó la decisión de unirlos con un arco, coronado por un frontón sobre el que reposan cuatro estructuras de Blanes, que representan las artes, la cultura, el comercio y la navegación. Una imagen clásica de la ciudad, que en poco tiempo será también la más vanguardista.


Dos sugerencias atendidas

En 2007, con motivo del 150 aniversario de la fundación del Banco Santander, esta revista publicó un editorial en el que instaba a la entidad, que entonces presidía Emilio Botín, a aprovechar algunas oportunidades que presentaba la región y unirlas con las raíces del Banco a través de dos iniciativas que podrían ser muy relevantes para Cantabria:el traslado de la colección de arte del Banco a la desaprovechada sede del Paseo de Pereda y el asentamiento de alguna de las empresas tecnológicas de servicios que la entidad necesita para su día a día, aprovechando los jóvenes que forma la Universidad de Cantabria, una mano de obra muy cualificada que podía conseguir en condiciones más ventajosas de salario y estabilidad que, por ejemplo, en Madrid.

Editorial de Cantabria Económica de noviembre de 2006 en el que se sugería convertir el edificio en sede de la colección y crear una gran empresa de tecnología vinculada al Banco.

El impulso de la dirección regional del Banco y el empeño de Emilio Botín, primero, y de Ana Botín, ahora, en que nadie pueda decir que el Santander pierde el apego a sus raíces han dado lugar a que lo que esta revista consideraba aspiraciones factibles se hayan materializado en estos años.

El Banco decidió, primero, ubicar su último Centro de Proceso de Datos en Santander, aunque por falta de suelo calificado para estos usos, tuvo que optar finalmente por Solares. Luego creó en el PCTCan unas oficinas de atención telefónica para clientes, que han dado empleo a varios centenares de jóvenes cántabros y ahora toma una decisión que coincide plenamente con nuestra propuesta de convertir el edificio del Paseo de Pereda en la sede de su colección de arte, una batalla que dábamos por perdida, cuando optó por hacerle un museo en la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte. No habrá mejor lugar para exhibir los cuadros reunidos por un amante de las artes como Juan Lladó, presidente del Urquijo, la magnífica colección del Hispanoamericano, los fondos del Central o Banesto y los solana o grecos del Santander que, como consecuencia del proceso de fusiones y absorciones han acabado en manos del banco cántabro. Una colección demasiado grande para el espacio que puede ofrecer la sede santanderina, lo que obligará a que buena parte se muestre por rotación, en exposiciones temporales.


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