Reportaje

El Centro Cívico de Cazoña por fin abre sus puertas

Prestará servicio a cerca de 20.000 santanderinos

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Diez años después de que se convocase el concurso de ideas para su construcción, Cazoña ya cuenta con un centro cívico. Un edificio de estética moderna en el que el Ayuntamiento de Santander ha invertido 2,6 millones de euros y que es el decimoquinto de estos espacios municipales. Aún están previstos dos más, el de Cueto, y el que se construirá en el antiguo edificio de Tabacalera, en la calle Antonio López.


Poco centros cívicos han despertado tantas expectativas como el recién inaugurado en Cazoña. En parte por su larga demora y en parte, por las cualidades arquitectónicas que se adivinaban en el proyecto que ganó el concurso de ideas convocado por el Gobierno de Cantabria en 2007. Porque la iniciativa de este proyecto y la promesa de su financiación correspondía al Gobierno regional, propietario de la parcela sobre la que se ha levantado, y cuyo destino ya estaba decidido desde que se aprobó el Plan General de Urbanismo de Santander de 1997.

Ha sido el propio Ayuntamiento el que ha dado el paso, desembolsando los 2,6 millones de euros que ha costado poner en pie este singular edificio, cuya atrevida estética resalta en el entorno urbano de Cazoña. Una arquitectura que aporta personalidad al barrio y que viene a cubrir un vacío que los cerca de 20.000 vecinos de su área de influencia no dejaban de reclamar, el de un espacio de encuentro donde realizar actividades sociales y culturales.

Un edificio atractivo y funcional

Taller de pintura en el nuevo Centro Cívico de Cazoña.

La decisión del Gobierno cántabro de convocar un concurso de ideas para la construcción del centro condujo, en 2008, a la elección del proyecto presentado por G&C Arquitectos. Este estudio proponía la creación de un pórtico protegido, que se proyecta sobre la nueva plaza que se ha creado en torno al inmueble, y un conjunto de volúmenes horizontales que contrasta con la verticalidad del entorno. Dos rasgos que le confieren un poderoso atractivo visual.

El siguiente paso del Gobierno fue contratar, en 2009, a este gabinete de arquitectura para desarrollar el proyecto definitivo y la asistencia técnica de la obra. Pero el impulso acabó aquí, y la promesa de que los vecinos de Cazoña contarían con un centro cívico volvió a entrar en un compás de espera, quizá por las restricciones presupuestarias que acabó imponiendo la crisis económica en todos los organismos públicos.

No fue hasta 2014 cuando se retomó la idea, pero esta vez fue el Ayuntamiento santanderino, a cuyo frente estaba el actual ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, el que impulsó la materialización  del proyecto, aunque solicitando, sin éxito, la colaboración económica del Gobierno regional.

Lo que hizo el Ejecutivo fue ceder al Ayuntamiento la parcela sobre la que iba a levantarse el centro así como el proyecto ganador. Un proyecto que el Ayuntamiento decidió adaptar a sus posibilidades económicas. De los 2.500 metros cuadrados previstos se pasó a los 1.848 que finalmente se han construido, repartidos en tres alturas.

Un juego de volúmenes

Una de las zonas de la biblioteca, con recursos informáticos.

Para dotar al inmueble de amplios espacios, el edificio ha sido proyectado de manera que el volumen principal vuela con respecto al inferior, con el fin de dar una imagen poderosa al conjunto y, al mismo tiempo, para liberar los espacios intermedios y aprovechar al máximo su estructura interior.

El acceso al edificio se realiza desde la nueva plaza, a través de un amplio pórtico orientado al sur, para aprovechar los días soleados de invierno, porque la intención es que las actividades se puedan también realizar en el exterior, cuando la climatología lo permita, tanto en ese espacio porticado como en las terrazas que existen en las plantas baja y primera.

El carácter diáfano que se le ha dado a la estructura del edificio se percibe ya en la amplia zona de recepción,  que se abre a un lado con un espacio de exposiciones que sirve, también, de lugar de encuentro, para que el visitante ojee la prensa, charle con sus amigos o juege una partida de cartas.

La sala de exposiciones ha sido inaugurada con una muestra de fotografías de Javier Rodríguez titulada ‘Mujeres invisibles’, organizada por el Ayuntamiento santanderino con motivo del Día Internacional de la Mujer, que pone de relieve, en espléndidas imágenes, las situaciones de desigualdad y marginación que sufren mujeres viudas en distintas culturas y países.

En la planta baja está también la ludoteca, con acceso independiente y aseos propios, para convertirse en un espacio autónomo. Esta zona infantil tiene la particularidad de contar con un patio-jardín, al que se podrán trasladar los juegos y actividades en días de buen tiempo. En ese mismo espacio exterior se sitúa otra de las novedades de este centro cívico que no se puede encontrar en otras instalaciones similares. Se trata de una zona de huertos, en la que, con la colaboración de los viveros municipales, se llevarán a cabo talleres sobre horticultura.

Una de las aulas de la primera planta, en la que se imparten cursos de muy variado tipo.

Junto a la zona infantil y la sala de exposiciones, la planta baja alberga un gran salón de usos múltiples, adaptable mediante paneles movibles a todo tipo de usos sociales, desde conferencias, proyecciones o presentaciones de libros, al más cotidiano de la impartición de clases de yoga, expresión rítmica, cardio dance, tai chi o clases de baile. Porque es en estas actividades y en otras con gran demanda popular, como las clases de inglés o de informática, donde estos centros adquieren todo su sentido. ”Nosotros lo concebimos como un lugar al que acuden los vecinos para muchísimas cosas”, señala la concejala de Barrios, Carmen Ruiz. “Principalmente, para reunirse, para convivir, para aprender, para enseñar, porque hay un intercambio de experiencias maravilloso”, añade. “Es algo que queremos que sea muy vivo y creemos que lo estamos consiguiendo”, concluye.

Las más de 600 personas apuntadas a los diversos cursos al mes de su apertura –el Centro se inauguró el 23 de marzo–, indican la gran acogida que ha tenido. Una respuesta que incluso ha sorprendido a responsables de esta red de centros cívicos.

Además de atender a las propuestas de actividades de los usuarios se cuida que no haya barreras económicas que impidan su disfrute. “Ofrecemos cursos y talleres muy asequibles”, subraya Carmen Ruiz. “El precio medio es de 1,5 euros la hora, para que todo el mundo pueda participar”.

Las matrículas oscilan en una horquilla que va desde los 18 euros al trimestre del programa ‘Pon tu mente en marcha’, orientado a reforzar la memoria, a los 50 euros de los talleres de pintura o de manualidades. La media se sitúa en torno a los 30 euros al trimestre para todos los demás. En el caso del inglés, los cursos (de iniciación y básico) tienen un mes de duración y su coste es de 28 euros para los adultos y de 23 los que se imparten a estudiantes de primaria.

Todos estos cursos se pueden llevar a cabo gracias a una convocatoria pública anual a la que se presentan pequeñas empresas, emprendedores y autónomos, que son los que realizan los talleres y actividades de ocio y tiempo libre. La red de centros cívicos les ofrece el espacio donde impartirlos, de manera que no tienen que contar necesariamente con locales propios para desarrollar su trabajo.

Una biblioteca muy esperada

Vista de la biblioteca del nuevo Centro.

En la primera planta del nuevo edificio están las aulas en las que se realizan los talleres de pintura, de dibujo o de manualidades. Son espacios que se pueden regular mediante el uso de paneles móviles.

Otro de los grandes atractivos del Centro es la biblioteca, situada en la planta superior del edificio. Con su apertura se ha venido a cubrir una de las grandes carencias de Cazoña, que no contaba hasta ahora con una biblioteca municipal. También se ha previsto una zona para el estudio en grupo, de manera que el sonido de las conversaciones no perturbe a los demás usuarios.

Sus grandes superficies acristaladas, tanto hacia el exterior como en el reparto interno entre aulas, despachos, biblioteca y zona de lectura infantil, hacen de esta planta un gran espacio diáfano y muy luminoso.

Una de las aulas está dedicada a los cursos de informática, que se imparten de forma gratuita y que tienen una gran demanda. Los usuarios aprenden desde las nociones más básicas para navegar por internet hasta la utilización de aplicaciones más sofisticadas.

En esta planta se sitúan también los despachos que la dirección del centro cede a  asociaciones sin ánimo de lucro que precisen de un lugar donde reunirse o llevar a cabo sus actividades. Es el caso de la Asociación de Vecinos de Ibero Tanagra, de muy reciente constitución, que no cuenta con un local propio.

Una red de 15 centros

Con la apertura del Centro Cívico de Cazoña son ya quince los gestionados por el Ayuntamiento santanderino. Y la red va a seguir creciendo, porque hay dos más en proyecto: el de Cueto y el de Antonio López, que se ubicará en el edificio de la antigua Tabacalera, cuya adecuación ya está en marcha.

Una red de centros que dan vida a la ciudad y que, en el caso del de Cazoña, también sirve para enriquecer el patrimonio urbano con una aportación arquitectónica muy notable.

Jesús Polvorinos

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