‘Ahora que estamos apagados, la moda nos puede animar’

CRISTÓBAL URIARTE, ORIENTADOR DE MODA

“La covid ha puesto una nube negra sobre nuestras cabezas, pero la moda está viva y nos puede ayudar a salir de ésta”. Es la visión positiva de Cristóbal Uriarte, un apasionado de la moda que entiende nuestro cuerpo como “un lienzo en blanco que debemos vestir cada día”. Tras los duros meses de confinamiento en los que, quien más quien menos, ha rebuscado en el armario para ordenar prendas, retirarlas o convertirlas en vintage, nos anima a lanzarnos a las tiendas para renovar nuestra imagen y sentirnos mejor. Elegante, divertido y gran conversador, lleva casi dos décadas orientando a los clientes en El Corte Inglés de Santander.


P.- Usted es uno de los más veteranos de El Corte Inglés.

R.- Estoy a punto de cumplir 20 años, casi tantos como lleva abierto en Cantabria. Fue a través de un contacto con el que había trabajado antes y me lo ofrecieron por mi experiencia y conocimientos sobre moda. A los tres días ya estaba trabajando aquí. Me atrajo la posibilidad de desarrollarme como estilista y el gran abanico de marcas con las que podía trabajar. Y no me equivocaba porque en estos años he disfrutado mucho y lo sigo haciendo gracias al contacto con el público. Cuento con una cartera de clientes fieles, he organizado desfiles de moda, he impartido alguna charla y, en definitiva, he tenido un desarrollo profesional grande. Ha sido una experiencia fascinante.

P.- ¿Ha permanecido siempre en la misma sección?

R.- No, siempre en firmas internacionales de prestigio, pero no en la misma. Primero trabajé en el corner de Burberry, una marca con un público muy fiel y agradecido. Después, di el salto a la ropa alemana estricta y de gran calidad, con Hugo Boss. Fue un buen aprendizaje porque trajimos a Cantabria conceptos desconocidos como el slim fit (ropa muy entallada). Y de ahí a Emporio Armani, junto a mi compañera Carmen Setién, con la que formo un gran equipo. Funcionamos como un buen tándem y, como personal de El Corte Inglés, atendemos también todas las marcas nacionales e internacionales de la boutique de caballeros.

P.- ¿Qué es lo que más ha cambiado en este tiempo?

R.- Sin duda, el conocimiento de moda que ha adquirido el público. Al principio, sobre todo los hombres, no tenían el gusto desarrollado, ni conocían bien sus necesidades, preferían el respaldo de sus mujeres o hijos. Yo, que he siempre viajado a otros países para conocer las tendencias, me tenía que frenar porque faltaba atrevimiento. Sin embargo, desde hace doce o quince años, cuando internet llegó a nuestras vidas, abrieron la mente y tienen claro lo que quieren. Muchos, incluso, entienden las etiquetas. Antes, la única palabra que existía era poliéster. Ahora saben lo que es la lana o el cachemir. ¡Te llegarías a sorprender!

P.- Pero esa llegada de internet también ha tenido sus peligros para la venta presencial…

R.- Por supuesto, pero hemos logrado que venta online y personalizada convivan bien. Actualmente, hay dos vertientes muy marcadas: la orientación o personal shopper y la que tiene lugar en internet, a través de influencers, en canales como Instagram. Afortunadamente, sigue habiendo muchas personas que quieren sentir las prendas, tocarlas, que un profesional les invite a comprarlas… La moda es una forma de expresión y nos sigue apeteciendo que nos digan que una prenda nos queda bien. ¡Y para darles ese empujón estamos nosotros! De una compra presencial, el cliente se va convencido, mientras que en la web todo es más efímero y banal. Ambos mundos están condenados a entenderse porque muchos clientes, a los que les gusta el contacto directo, también buscan online.

P.- Siendo usted un apasionado de la moda, será el primero en viajar por internet…

R. Sí, me gusta estar al día y suelo seguir páginas japonesas en Instagram porque lanzan una barbaridad de tendencias y me aportan conocimientos que no tenemos en Europa. En el mundo de la moda, las personas se comportan como tribus siguiendo a gurús, como María Pombo. Me parece fascinante que las personas se vistan igual para marcar su pertenencia a un grupo. Hace años, nadie se hubiera comprado ropa en el mismo establecimiento en el que vestía su padre, mientras que ahora es todo más abierto. Las redes sociales no son un terreno vetado, son una lanzadera de la que todo el mundo puede coger ideas.

P.- Ustedes ya sirven los artículos en casa en pocas horas. ¿Cómo compiten con esa rapidez?

R.- A raíz del confinamiento, en apenas unos meses, El Corte Inglés ha dado un gran salto en la venta online. El onmicanal ha supuesto una auténtica revolución porque puedes conseguir cualquier producto en la tienda o en casa en 24 horas. Los sesenta centros que tenemos en España funcionan como puntos de reparto y eso supone un auténtico viaje virtual por más de 1.500 firmas, incluidas las marcas de lujo. En mi opinión, ha sido el paso más gigante que ha dado El Corte Inglés en su vida, reaccionando con rapidez y seguridad ante la pandemia. Ahora, los vendedores nos movemos con una PDA para atender también los pedidos online. ¡Ha sido como abrirnos al mundo!

P.- ¿Cómo vivió el confinamiento y la vuelta a esta vida tan poco normal?

R.- Yo suelo decir que la covid nos ha puesto un luto y una nube negra, pero la moda está viva y nos puede ayudar. Los meses en los que estuvo cerrada la parte de confección fueron muy duros, pero El Corte Inglés supo potenciar la alimentación a través de Hipercor, convertido en el bastión del grupo. Después, vino otra época muy gris, porque regresamos con ilusión, pero la gente estaba aturdida y desconfiada, con miedo al contacto personal, a tocar y probarse la ropa. Con el tiempo, los clientes se fueron relajando gracias a la gran cantidad de medidas de prevención que pusimos en marcha y a las rebajas de verano, ya que el calor anima el sentimiento y la vena de comprar. En ese sentido, me gustaría dar las gracias a muchos clientes de veraneo del País Vasco, Asturias o México, por levantarnos el ánimo. Luego llegó de nuevo la grisura de la segunda ola y ahora las navidades, que han sido una maravilla. Estamos muy contentos porque hemos hecho una labor fantástica.

P.- ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

R.- El contacto personal. Disfruto preparándole ropa a un cliente para toda una temporada, mostrándole una pincelada de la colección… Me gusta orientar, porque creo que puedo aportar cosas interesantes. Clase y dinero no siempre van unidos y resulta clave estar bien asesorado. Como algunos buscan exclusividad y una atención muy personalizada, intento viajar a Milán, París, Londres o Nueva York para coger influencias. Las prendas hay que verlas en directo, en pantalla pierden mucho.

P.- ¿Tiene muchos clientes fieles?

R.- Sí, y con muchos tengo una amistad muy grande. La ventaja de Santander es que, al ser una ciudad pequeña, me los encuentro vistiendo mi ropa en un bar o en una boda. Recuerdo una vez que estaba comiendo en un restaurante de San Vicente de la Barquera y salió a saludarme con cariño la cocinera porque le había vendido el traje de novio a su hijo. Estar tan cerca de las personas en los momentos más importantes de su vida me hace sentir feliz.

P.- ¿Cuándo le llamó la atención la moda?

R.- Mi primer contacto fue en una agencia de modelos de Madrid, Olé Internacional, con la que estuve cinco años haciendo trabajos de publicidad. La moda ya me atraía desde pequeño. A los 16 años tuneaba mi propia ropa. Mi madre tenía una modista con buenas manos y yo le pedía que plasmara mis diseños. Siempre tuve ingenio para buscar la diferencia y la expresividad. En los 80, me marché a Barcelona para estudiar estilismo y patronaje y, tras regresar a Santander, tuve un leve contacto con un diseñador y luego trabajé para Adolfo Domínguez, para Cortefiel y para una empresa familiar en la que aprendí mucho.

P.- Su padre era empresario y sus hermanos dirigen La Villarcayesa. ¿Nunca le tentó el negocio familiar?

R.- No, siempre supe que iba a dedicarme a la moda. Mi padre tenía una empresa cárnica, La Predilecta, y otra de transporte, llamada Ansa, ambas en Burgos. Y mi madre era una mujer muy cariñosa, un ama de casa que siempre me entendió y nunca me puso trabas para seguir mi camino. Mis hermanos siguieron el suyo y tienen una empresa de carne y embutido en Santander, La Villarcayesa. Yo solo les asesoro cuando piensan en moda, en viajes o en decoración. Algo que llevo con mucho orgullo.

Patricia San Vicente

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