A fondo

El barco que abre las puertas de Irlanda

El ‘Connemara’ empieza con casi todo el verano reservado

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El puerto de Santander avanza hacia su objetivo de tener una escala de ferry diaria, y el último hito ha sido la puesta en servicio de una línea de Brittany Ferries con Cork, la primera conexión marítima entre España e Irlanda. Eso abre oportunidades que Cantabria tendrá que saber aprovechar. La naviera se ha marcado como objetivo alcanzar los 40.000 pasajeros y 20.000 camiones en el primer año de la nueva línea y las reservas ya le garantizan una plena ocupación del barco hasta el final del verano.


Brittany Ferries ya advierte que el ‘Connemara’ es un ferry sencillo, pero confortable. Los clientes no buscan lujos sino la forma más sencilla de llegar con su coche a la Península Ibérica, uno de los destinos favoritos de los irlandeses. A pesar de que tiene diez veces menos habitantes que España, son muchos más los irlandeses que acuden a nuestro país que los españoles que van a la república isleña. El restaurante es un autoservicio, los camarotes son funcionales y apenas un bar-cafetería y una tienda completan el equipamiento, pero el nuevo barco le abre a Santander la puerta del mercado irlandés.

Los primeros usuarios llegaron a bordo de superdeportivos con los que iban a participar en una competición con fines benéficos.

La travesía se realiza dos veces por semana con una duración de 26 horas y 30 minutos, que puede ser algo más o algo menos en función de cómo esté la mar. Por alrededor de unos 800 euros en temporada baja y unos 1.200 desde ahora hasta el final del verano, una pareja puede hacer el viaje de ida y vuelta en un camarote exterior y con su coche o moto, que es imprescindible ya que el servicio no está pensado para pasajeros a pie o en bicicleta, dado que no hay una pasarela específica para el desembarco.

El presidente cántabro entregó un regalo al capitán del buque, Alex Studencov, como recuerdo de la primera travesía

La ciudad de Cork, punto de llegada y partida, es la tercera más grande de Irlanda, tras Dublín y Belfast, aunque por su estructura y por su forma de vida distendida no lo parezca. Se encuentra al fondo de uno de los mayores puertos naturales del mundo, por lo que se convierte en la puerta de entrada a todo el sur de Irlanda. Una puerta que tanto la Autoridad Portuaria de Santander como el Gobierno regional pretenden que sirva para algo más que para el turismo, pero esa intención llevará su tiempo, porque los intercambios comerciales de Cantabria con Irlanda son, por el momento, muy escasos.

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