Opinión

El consumo no despierta ni despertará

La subida de los salarios mínimos y la de los funcionarios no solo pretende dejar contentos a dos colectivos que suman muchos más votos que los empresarios, sino que intenta impulsar el consumo, ya que la recuperación económica de España sigue adoleciendo de esa falta de brillo que da el no poder comprar.

Si en estas condiciones la economía crece a ritmos cercanos al 2,5%, es evidente que podría dar el campanazo si el ciudadano medio recuperase la capacidad de compra y de endeudamiento que tenía hace diez años. Pero eso no ocurre ni va a ocurrir en mucho tiempo. Los salarios tienen un peso cada vez menor en los ingresos totales del país, como se comprueba en las declaraciones de IRPF y no precisamente la más proclive al consumo.

Lo que realmente impulsaba un consumo desenfrenado hace diez años era el endeudamiento, las plusvalías latentes y el dinero negro. Contra el endeudamiento hasta las cejas hemos quedado vacunados por un tiempo, tanto los bancos como los particulares. Las plusvalías han desaparecido. Ya nadie tiene la sensación de estar sentado sobre el cofre de las riquezas en el salón de su casa, porque la vivienda ha perdido casi un 40% de su valor. Tampoco contempla complacido como crece su patrimonio en bolsa, ni obtiene de el un jugoso dividendo. Esa euforia le hacía sentirse poderoso hace una década pero cuando realmente quiso materializar esos rendimientos, el valor de las acciones se había hundido y los dividendos fueron recortados bruscamente. Hoy, con el Banco Santander a 4 euros, con el BBVA por poco más de 4,5 y con el resto en parecidas condiciones, ese suflé que impulsaba al consumo se ha desinflado del todo.

El hundimiento de la Bolsa y la reducción del dinero negro hacen que la propensión al consumo sea menor

La clase media, e incluso la clase alta, solo puede contar con lo que ingresa regularmente por su salario o su pensión y eso no da para alegrías consumistas. Los autohomenajes se pagaban con todo lo que ahora ha desaparecido. Y tan significativo o más es el drástico recorte del dinero negro (lo niegue quien lo niegue) que estaba especialmente vinculado a la venta de viviendas y a los trabajos que se hacían a su alrededor. Un dinero que el propietario se veía impelido a gastar rápidamente, porque le había llegado de una forma más fácil y por el temor a que Hacienda se lo pudiese quitar. Dos factores que impulsaban el vive rápido y gasta aún más rápido, por lo general en bienes de lujo o de muy escasa necesidad.

Sin todos esos factores a favor (algunos que podían considerarse un auténtico doping) el consumo nunca volverá al punto en el que estuvo. Se puede concentrar en algunos destinos muy concretos, como en la hostelería o en los viajes, que han desplazado a los coches, las casas o la ropa como los objetos de deseo de este siglo, pero en pocos sectores más.

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