EmpresasReportaje

Aspla concluye su nueva planta de film alimentario en Reocín

Ampliará su capacidad de producción en un 60%

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Un año y medio después de comenzar los trabajos de construcción, la nueva planta de film de plástico para usos alimentarios que ha levantado Aspla en Reocín está dispuesta para comenzar la fabricación. Las instalaciones son contiguas a los almacenes que el Grupo Armando Álvarez inauguró en el mismo polígono en 2008 y parte de la maquinaria procede de la planta matriz de Torrelavega, donde ya no era posible recrecer esta línea de producto para atender a la creciente demanda.

Con el traslado se liberará el espacio que ocupaba la fabricación de estos plásticos en la factoría situada junto al Río Besaya, y se podrá aumentar en un 60% la capacidad para producir estos films de polietileno que envuelven muchos de los alimentos envasados que adquirimos a diario.

El plástico para usos alimentarios tiene unas exigencias muy altas, como cabe imaginar, y requiere unas condiciones de fabricación especiales que evitan, entre otras cosas, la presencia de polvo o insectos. Por ese motivo, la nueva fábrica no solo ha tenido que buscar la tecnología de producción más avanzada sino que también está presurizada, como las cabinas de los aviones, de forma que la mayor presión del interior evitará la entrada de polvo o contaminantes externos. Además, tendrá una temperatura y unas condiciones de humedad propias.

La producción alcanzará las 25.000 toneladas al año, lo que requerirá incorporar a una veintena más de personas para reforzar el grupo que ya venía dedicándose a esta actividad en Torrelavega. El holding de empresas Armando Álvarez, que ya tiene unos 500 trabajadores en la zona, lo entiende como una demostración de su apuesta por la comarca en unos momentos difíciles, dado que su índice de paro de la Cuenca del Besaya supera sensiblemente la media regional.

El grupo Álvarez se ha convertido en uno de los mayores fabricantes de film de plástico de Europa. Sus 16 fábricas producen más de 280.000 toneladas de polietileno al año.

En este caso, la inversión realizada ha sido de unos veinte millones de euros, una de las más notables de las que se han hecho en el ámbito industrial en la región en los últimos años.

La nueva fábrica, que la empresa considera la más moderna del mundo, tendrá diez líneas de fabricación de film multicapa (en la planta de Pablo Garnica tenía 6) y ha sido levantada por la constructora SIEC al lado de los almacenes desde los que Aspla distribuye el producto terminado tanto al mercado nacional como a los 80 países a los que vende sus embalajes de todo tipo, fabricados a partir de láminas flexibles de polímeros. Un producto cuyos usos van desde el ensilado de hierba a la cobertura de invernaderos, la construcción, la automoción, la alimentación o la química.

A partir de la granza de polietileno, y aplicando distintas técnicas de extrusión, Aspla fabrica films de distintos usos y calibres –algunos de ellos impresos, como los de las bolsas comerciales– envases alimentarios, sacos industriales, fajas para botellas, fundas para palés… Tanto por volumen como por variedad es el mayor fabricante de España de envases de polietileno y uno de los mayores de Europa.

Fábricas repartidas por todo el país

Aspla ha repartido sus fábricas por España, para atender los distintos mercados regionales, y hace tres años decidió adquirir una planta en Estados Unidos para potenciar su presencia en aquel país, con las condiciones de un fabricante local, mucho más competitivas que las de un productor extranjero. Su evolución desde entonces en EE UU ha sido muy rápida y ya ha realizado una ampliación de las instalaciones.

También en Torrelavega parece dispuesta a afrontar nuevas ampliaciones, ya que aún dispone de reservas de suelo en el Parque Empresarial Besaya con el fin de hacer nuevas construcciones si la demanda lo impone.

La compañía cántabra divide su actividad fabril en cuatro líneas: plásticos industriales (para los mercados alimentarios y la higiene, sobre todo); cast (embalajes); agritetch (una división de plásticos agrícolas que consta de varias líneas de extrusión, de hasta siete capas) y la fábrica de tintas, una producción poco habitual entre los industriales del sector, pero Aspla siempre se ha considerado a sí misma como una industria impresora y prefiere hacer sus propias tintas.

En Cantabria, el grupo tiene la sede social, además de dos fábricas de plásticos (la que originaria, en Torrelavega, y la que va a abrir en Reocín) y un almacén logístico, pero su actividad fabril se extiende por todo el país. En concreto, posee otras fábricas en Madrid, Valencia, Barcelona, Tarragona, Murcia, Almería y Sevilla. Fuera de España tiene la ya citada de Dallas (Estados Unidos), denominada SPR Packaging.

Medio siglo de vida

Los orígenes del Grupo se remontan a principios de los años sesenta cuando, a partir de unas instalaciones de carpintería ubicadas en Torrelavega, el fundador, Armando Álvarez, acometió la fabricación de embalajes de madera. Posteriormente creó una empresa de fabricación de bidones metálicos para productos químicos y, en 1964, con la llegada de los polímeros, decidió que era imprescindible estar en ese nuevo mercado, para no verse desplazado, y puso en marcha la sociedad Plásticos Españoles, más conocida como Aspla.

Es a partir de 1977 cuando se produje la expansión fuera del ámbito de Cantabria, con la compra de dos compañías: Reydesa, en Barcelona, y Reyenvas, en Sevilla.

Aspla fue escalando posiciones dentro del sector hasta alcanzar el liderazgo siguiendo una estrategia de adquisición de empresas cuya actividad resultase complementaria para el Grupo.

Este proceso se aceleró en las dos últimas décadas, con la incorporación de Silvalac (Barcelona), Industrias Gráficas Castells  y Macresac (Tarragona), Plásticos Vanguardia (Madrid), Rafia Industrial (Valencia), Solplast (Murcia), Sotrafa (Almería) y la norteamericana SPR. Además, el holding familiar tiene actividades hoteleras, una planta de generación eléctrica, fabrica bidones metálicos y ofrece carpintería industrial y bricolaje.

El grupo, presidido en la actualidad por José Ramón Álvarez Ribalaygua, hijo del fundador, ha alcanzado una capacidad de producción de 300.000 toneladas anuales de extruido y una facturación de 700 millones de euros, con una plantilla de 2.000 personas.

Reocín, un campo de expansión para el grupo

La planta de biomasa de Reocín, que el Grupo Alvarez abrió a comienzos de la década.

A veces, los polígonos industriales tienen la virtud de crear su propia demanda y el Parque Empresarial Besaya se ha demostrado estratégico para el asentamiento de nuevas actividades, sobre todo las del Grupo Armando Álvarez, que no ha dejado de apostar por la comarca en la que nació.

Además de los sucesivos recrecimientos de la fábrica matriz, situada en el Paseo de Pablo Garnica, de Torrelavega, junto al Río Besaya, la empresa ha levantado en Reocín una planta de generación eléctrica alimentada con biomasa forestal (para aprovechar este subproducto de su actividad maderera), unas enormes naves de almacenaje de producto terminado, desde donde se concentra toda la logística de distribución y ahora culmina su nueva fábrica, que le permite aumentar un 60% su actividad en el campo del embalaje para alimentación.

La planta de biomasa, construida en las inmediaciones del polígono, tiene una potencia de 10 Mw, lo que equivale a las necesidades de una población con 22.000 hogares. El grupo invirtió en ella 42 millones de euros pero su apertura coincidió con una reforma por el PP de la legislación nacional sobre energías renovables que suprimía la prima del 7% a la producción que amparaba estas nuevas energías verdes, lo que resultó un auténtico mazazo para la rentabilidad de la instalación. No obstante, ha venido funcionando con normalidad y da salida cada año a 90.000 toneladas de residuos forestales, convirtiéndolas en energía eléctrica que vierte directamente a la red.

La planta es consecuencia muy directa de la importante división forestal que posee la empresa (Alvarez Forestal), con explotaciones madereras propias y aserradero, donde produce palés, bobinas de transporte y material de bricolaje y carpintería.

El grupo torrelaveguense tiene sus intereses muy diversificados y también es propietario de la compañía logística Tramesa, una de las primeras operadoras ferroviarias privadas de España, que además del transporte por ferrocarril presta servicios marítimos, intermodales y de almacenaje.

Los intereses llegan incluso al sector hostelero, ya que Alvarez también posee los hoteles Bahía, Sardinero y Hoyuela, en Santander. Recientemente se ha unido a ellos el Hotel Innside, adquirido en Madrid, un establecimiento de cuatro estrellas ubicado en la céntrica calle Alonso Martínez, que ha cambiado su nombre anterior por el de Hotel Sardinero Madrid.

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