Reyca se traslada a Anero para seguir creciendo

La empresa distribuidora de Linde en Cantabria ha cerrado 2023 con 600 clientes y 6,7 millones facturados

En 1979, Jesús Rodríguez constituyó la empresa Reyca (Recambios y Carretillas) para distribuir en Cantabria carretillas de la marca alemana Linde. La compañía, que ahora gerencia su hijo Jaime, facturó el último año 6,7 millones y tiene más de 600 clientes en la región. La cifra podría seguir creciendo, ya que las carretillas son necesarias en prácticamente cualquier negocio, pero cada vez resulta más difícil encontrar técnicos para realizar los mantenimientos, el grueso de su trabajo.


Reyca se ha trasladado a unas nuevas instalaciones en Anero de cerca de 6.000 m2. En ellas puede almacenar las 350 máquinas que posee, así como sus dos camiones para transportarlas.

En 1977, Jesús Rodríguez descubrió la marca alemana de carretillas Linde, mucho más ágiles que las que había conocido hasta ese momento. Dos años más tarde, y gracias a la ayuda económica de otros dos empresarios cántabros con negocios familiares, pudo hacerse con las primeras diez carretillas de esta marca para distribuírselas a diferentes empresas de la región. Así nació Reyca (Recambios y Carretillas).

Rodríguez estuvo varios años vendiendo las carretillas a empresas grandes que tenían su propio taller de mantenimiento, como Firestone, Nueva Montaña Quijano o Teka, pero en 1985 la marca le exigió contar con un taller propio, para hacerse cargo de los mantenimientos y reparaciones.

Por aquel entonces, la actual Dinasol tenía un director norteamericano que introdujo varias novedades en la gestión de la empresa, entre ellas sustituir la compra de carretillas por su alquiler. Jesús Rodríguez fue elegido para suministrar doce máquinas bajo este régimen, pero la planta le exigía estar cerca para realizar también el mantenimiento. Fue el primer alquiler de carretillas elevadoras que se hizo en España y la propia marca no inició ese negocio de manera habitual hasta seis años después.

Estos dos condicionantes llevaron al empresario a abrir  los talleres de Reyca en Pontejos, donde han estado hasta ahora. Al finalizar el contrato con Dinasol, destinaron las máquinas usadas al alquiler a corto plazo y a la venta de segunda mano, de forma que aquella imposición del cliente acabó por generar lo que hoy son otros dos pilares fundamentales del negocio de Reyca.

Nuevas instalaciones

En estos 45 años, Reyca  ha crecido exponencialmente y de los cinco trabajadores con los que empezó Jesús ha pasado a 41.

Jaime, uno de los cuatro hijos del fundador, es el actual gerente de Reyca, que continúa con las líneas de negocio que inició su padre: la venta de carretillas nuevas, los alquileres a corto y largo plazo, la venta de maquinaria de segunda mano y el mantenimiento.

El crecimiento de los últimos años ha impulsado a la compañía cántabra a buscar un nuevo emplazamiento en Anero, un lugar estratégico para estar mejor conectado con sus principales clientes.

Se trata de una parcela de 5.750 m2 que ya contaba con una nave de 1.000 m2, en la que se ha realizado una actualización y un nuevo reparto interior para albergar dos plantas de oficinas además del taller.

También se ha instalado otra nave menor, prefabricada, destinada a almacén del parque de carretillas, que cada vez es más abultado.

Alquiler a largo plazo

Actualmente, Reyca cuenta con 350 máquinas en propiedad. “Generalmente, las tenemos repartidas en alquileres a largo plazo, con contratos de cuatro o cinco años de duración”, explica Rodríguez. Esto supone alrededor del 20% de su facturación total.

Desde hace algún tiempo ha cambiado la forma en que se realizan estos alquileres: “Antes, comprábamos a Linde las máquinas, las financiábamos y se las alquilábamos al cliente, por lo que asumíamos todo el riesgo. De hecho, hemos llegado a tener varios millones de euros en riesgo. Ahora lo hacemos mediante renting: compramos la máquina a Linde y se la vendemos al banco, que se la alquila al cliente”.

Uno de los gestores de recambios de Reyca, almacenando algunas de las piezas que los técnicos necesitan para reparar las máquinas.

Reyca también firma un contrato con el banco para el mantenimiento de esas máquinas y un compromiso de recompra al finalizar el contrato.

Cuando esas máquinas que han sido usadas durante unos años por alguna empresa cliente vuelven a Reyca en propiedad, sus técnicos las ponen a punto y pasan a formar parte de su parque de alquiler o son vendidas a otros clientes con menos necesidades.

“Hay empresas en las que todas las máquinas tienen que ser nuevas, porque las utilizan continuamente, pero para otras son suficientes las de segundo uso, que pueden durarles muchos años si las cuidan bien”, explica.

Entre sus principales clientes de alquileres a largo plazo se encuentran empresas como Semark (Lupa), Aspla, Global Steel Wire –a través de una subcontrata–, Quesería Lafuente o Lácteos Andía.

Reparaciones

Tanto las ventas como los alquileres conllevan el mantenimiento de las máquinas y esa parte del negocio se ha convertido en el grueso de la facturación de Reyca (un 40%).

Gran parte de su personal está ocupado en esta actividad: técnicos, gestores de recambios, trabajadores que coordinan estos trabajos con los clientes y dos conductores de camión encargados de transportar tanto las máquinas entregadas como las recogidas.

Puesto que la mayor parte del mantenimiento y las reparaciones se hacen in situ, Reyca mantiene una docena de técnicos –con sus respectivas furgonetas– repartidos por zonas: la Oriental (de Solares hacia el País Vasco), la Occidental (de Solares hacia Asturias) y el área de Santander.

Además, cuenta con bases fijas en cuatro empresas de la región cuyo elevado parque de carretillas requiere la presencia permanente de algunos de sus técnicos. Ocurre en Global Steel Wire, donde tienen unas 50 máquinas; en el centro logístico que Semark tiene en Orejo, con 170 carretillas Linde; en el Grupo Armando Álvarez –con otras 50–, y en el gran hub de Uvesco en Castro Urdiales.

La evolución de las carretillas

Las carretillas se utilizan en casi todos los sectores y las hay para cada tipo de cliente, aunque su principal diferencia es si se van a utilizar para transportar en horizontal (a ras de suelo) o en vertical (en altura).

Los precios también varían mucho: desde los 1.200 euros que cuesta una traspaleta eléctrica –la que se usa en los supermercados para arrastrar mercancía– hasta los 100.000 o 120.000 que cuestan muchas de las que se utilizan en las fábricas. Algunas pueden llegar a superar los 350.000 euros, como las dos que ha instalado Boluda en su terminal del Puerto de Santander.

Pero hay otra diferencia fundamental, pueden funcionar con diésel o con baterías eléctricas.

Por norma general, en cualquier espacio cerrado se utilizan máquinas eléctricas, que no emiten ningún tipo de gas que perjudique a los trabajadores o al producto. Cuando el trabajo es en el exterior, siguen primando las de motor de combustión. En GSW trabajan al aire libre y continúan siendo diésel, mientras que en Aspla, donde se mueven en interiores y con plásticos que en ocasiones tendrán un uso alimentario, son eléctricas.

Algunas de las carretillas en alquiler y uno de los camiones góndola que las trasladan hasta sus clientes.

Cada una de ellas tiene sus pros y sus contras. Mientras las máquinas eléctricas tienen un mantenimiento más económico (están formadas por menos componentes), necesitan parar para recargar las baterías. Las diésel pueden reabastecerse rápidamente, lo que resulta especialmente útil cuando se requiere un uso continuo de la carretilla.

La percepción de la legislación y los clientes –cada vez más preocupados por contaminar menos– han provocado un desplazamiento del mercado: hace cinco años, el 75% de las carretillas solicitadas eran diésel; a día de hoy, el 80% de los clientes apuestan por las eléctricas.

A pesar de este gran abanico de opciones, es una herramienta que ha evolucionado poco con el paso de los años y las mejoras se han centrado en el confort y la seguridad.

El mayor avance tiene que ver con la ergonomía, puesto que “hay personas cuyo trabajo es utilizar estas máquinas las ocho horas de su jornada laboral”, explica Rodríguez.

En cuanto a la seguridad, destaca la gran sensórica con la que cuentan hoy en día, que les permite detectar personas u obstáculos en su entorno. Se han incorporado, además, elementos de seguridad para proteger a quienes trabajan en los entornos de estas máquinas.

600 clientes en Cantabria

En 2023, Reyca trabajó con 600 clientes de toda Cantabria, desde grandes compañías a empresas que solo necesitan ocasionalmente una pequeña carretilla. Jaime Rodríguez destaca que “para nosotros son igual de importantes aquellos que tienen una máquina, que los que tienen muchas” y agrega que “cuando nos llaman clientes por una avería y sabemos que tienen solo una máquina, les damos un poco más de prioridad, ya que se quedan sin nada”.

También destaca la importancia de mantener un contacto cercano con todos ellos para poder recomendarles las máquinas que más se ajusten a sus necesidades y características. Por eso mismo, han decidido centrarse en Cantabria y no vender a través de internet.

“Es muy importante conocer bien a cada cliente y saber cómo trabajan. A veces, dos empresas que hacen lo mismo necesitan máquinas totalmente distintas, porque las máquinas se adaptan al trabajo que hacen y al espacio donde van a trabajar”, explica Rodríguez.

El futuro: robótica y sucesión

Aunque el gerente de Reyca se muestra satisfecho con la marcha de su empresa, que en 2023 facturó más de 6,7 millones de euros, reconoce que en su sector también surgen desafíos. “Hemos crecido mucho, pero ahora mismo no tenemos capacidad para seguir haciéndolo porque es muy complicado encontrar técnicos”, confiesa.

El perfil habitual de estos trabajadores son personas que han realizado un grado de FP en mecánica, electrónica o electromecánica. Y, aunque todos los años salen jóvenes de los centros de formación, Jaime Rodríguez cree que se ven más atraídos por talleres de coches o motos. Para defender las ventajas de su empresa, destaca que “en Reyca seguimos haciendo una especie de FP, pero con sueldo, ya que empiezan como aprendices y les seguimos enseñando en el taller durante uno o dos años”.

El futuro presenta otras incertidumbres y tiene claro que hay que adelantarse a los cambios. Por ello, pretende destinar las antiguas instalaciones de Pontejos a la ingeniería robótica. “El siguiente paso en el mundo de las carretillas es su robotización. Ya hay máquinas robotizadas por Linde que realizan el mismo trabajo sin conductores” y esta evolución ya se está dando en el sector de automoción, “que primero automatizó las líneas de producción y ahora está empezando a automatizar las de abastecimiento a las líneas de producción”.

Alejandra Rodríguez y otro trabajadores de Reyca en las nuevas instalaciones.

Su idea es contar con ingenieros que puedan estudiar las necesidades particulares de los clientes y diseñarles flujos automáticos de mercancías. “Hay que empezar con cosas muy pequeñas y sabiendo que el retorno de la inversión puede llevar algo de tiempo”, dice. Las empresas que se animen incurrirán en más gastos iniciales pero también en ahorros, al poder dedicar a la persona que hace de carretillero a otra función y reducir los incidentes –y por tanto, las pérdidas económicas–, porque estas máquinas están programadas para no chocarse nunca.

Además de programar estas carretillas-robot, Reyca se encargaría de su mantenimiento. “Se van a estropear menos porque no se van a dar golpes, pero no van a parar y eso requiere mayor mantenimiento”, concreta el empresario.

Al mismo tiempo que prepara ese futuro de la demanda, se dispone para incorporar la tercera generación a la compañía. Firme defensor de la empresa familiar y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Cántabra de Empresa Familiar (ACEFAM) desde hace 15 años, es padre de dos hijos, y la mayor, Alejandra, se acaba de incorporar a la planta tras finalizar sus estudios universitarios en Estados Unidos. “Me encantaría que ellos continuaran con la empresa que fundó mi padre, pero independientemente de su decisión, estoy encantado de que, por lo menos, aprendan lo que es la empresa y que conozcan su funcionamiento y a sus trabajadores. Así, el día de mañana podrán tomar mejor cualquier decisión”, subraya.

María Quintana

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