Alfonso Lamadrid (Garrigues): ‘Hay que ayudar a las empresas a innovar, internacionalizarse y atraer y retener talento’

En los 16 años que lleva en Bruselas, el abogado campurriano Alfonso Lamadrid de Pablo ha llegado a ser socio del bufete Garrigues y a representar ante la Unión Europea a algunas de las mayores empresas del mundo. Involucrado en las redes de cántabros en el exterior desde su creación, se muestra preocupado por el futuro de la región y considera que mirar hacia Europa y hacia otros países puede ser crucial para construir la Cantabria de las próximas décadas.


Entre reunión y reunión, Alfonso Lamadrid saca un rato para charlar desde su despacho en Bruselas. Este abogado de 39 años, natural de Reinosa, licenciado en 2006 y máster por la Universidad de Harvard y el Colegio de Europa, es socio del despacho de abogados Garrigues y dirige la oficina que el bufete tiene en la capital europea. Desde allí se encarga de representar, entre otros clientes, a varias corporaciones tecnológicas estadounidenses en materia de competencia y derecho de la UE.

Pese a lo apretado de su agenda, permanece vinculado a Cantabria activamente a través de la plataforma Cantabria Overseas y de la Red del Talento Cántabro en el Exterior creada por CEOE-Cepyme. Su apego a la región le lleva a observar la realidad cántabra con una mirada crítica a la que no escapan la necesidad de apostar por la innovación y la importancia de contar con el apoyo de la comunidad de cántabros en el extranjero.

Su relación con el bufete Garrigues comenzó ya durante la carrera, cuando pudo realizar unas prácticas en el despacho al tiempo que cursaba los dos últimos años de la licenciatura en Derecho.

En 2007, recién licenciado, una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores le llevó a Bélgica para cursar un máster en Derecho Europeo en una de las cunas del europeísmo, el Colegio de Europa de Brujas, donde hoy ejerce como profesor. “Tras el máster me incorporé directamente como abogado a la oficina de Garrigues en Bruselas. Desde entonces he trabajado aquí de forma continuada, con una única pausa entre 2009 y 2010 para cursar un máster en Harvard gracias a una beca de la Fundación Ramón Areces”, cuenta Alfonso, recordando sus primeros días en el despacho en el que lleva ya más de década y media.

Pregunta.- ¿Qué le llevó a salir de Cantabria y de España? ¿Diría que fue una decisión lógica desde el punto de vista profesional?

Alfonso Lamadrid.- Para alguien, como yo, especializado en Derecho de la Unión Europea, salir de España era algo natural; Bruselas, en particular, es el epicentro de la actividad política y jurídica de la Unión y un destino muy atractivo para quienes nos dedicamos a esto. No obstante, mantenemos una fuerte conexión con nuestras oficinas en España.

P.- ¿Con qué contrastes se encontró en el mundo laboral belga?

A.L.- No sé si puedo hablar del mundo laboral belga, ya que mi caso es bastante particular. En Bruselas hay un mercado dual, en el sentido de que el mundo laboral relacionado con la Unión Europea es muy distinto del mercado nacional belga. Además de las instituciones de la UE y de las muchas empresas que orbitan a su alrededor, la ciudad alberga la sede central de la OTAN y otros organismos internacionales. Todo ello hace que sea una ciudad verdaderamente cosmopolita, y de algún modo distinta al resto del país, como puede ser el caso de otras urbes globales como Washington DC o Londres.

Dentro de la “burbuja” europea es habitual trabajar en varios idiomas, con gente de cualquier país del mundo y extraordinariamente cualificada, tanto en el sector público como en el privado. Es un ambiente inigualable para crecer profesionalmente, con muchas ventajas que no están disponibles en otras capitales del continente. Para los que nos dedicamos al derecho de la competencia, Bruselas es de algún modo la primera división.

Estas circunstancias excepcionales conllevan algún aspecto negativo, como no podía ser de otra manera. Bruselas es para mucha gente un lugar de paso, una ciudad donde crecer profesionalmente antes de mudarse a algún otro lugar, así que las despedidas son casi continuas.

P.- ¿Qué es lo más positivo que le han aportado estos años?

A.L.- Vivir fuera obliga a abrir los ojos, a ser flexible, a liberarse de prejuicios, a ver ciertas situaciones en nuestro lugar de origen desde otra perspectiva, y también a valorar más lo que no tenemos cerca, en particular, a las personas.

Suelo decir que la cualidad más importante en un abogado es la empatía, y me gustaría pensar que mis experiencias diarias con personas con orígenes, perfiles y circunstancias muy distintos me han ayudado a desarrollarla.

P.- ¿Cree que salir a estudiar y trabajar en otros países es útil para cualquiera?

A.L.- Salir al extranjero no es, por supuesto, indispensable, pero sí puede aportar experiencias, relaciones y perspectivas nuevas que son muy útiles, también para quienes posteriormente quieran desarrollar su vida profesional y personal en su lugar de origen. Mi consejo para todo aquellos que se estén planteando dar el salto es que no tengan miedo, que confíen en sus posibilidades y que vayan con los ojos abiertos, sin ningún complejo y con mucha curiosidad.

Quienes hemos desarrollado nuestras carreras y nuestras vidas fuera tenemos la tendencia, creo que natural, a defender nuestra elección y a vender sus virtudes. Esto puede dar lugar a un cierto sesgo con el que hay que ser cauteloso. Aunque mi experiencia personal es positiva, creo que es importante entender que no todo el mundo tiene el deseo o la necesidad de salir, o las circunstancias que le permitan hacerlo. Y, evidentemente, no pasa nada. Hay quien dice que quien conoce su calle conoce el mundo, y soy de la opinión de que hay algo de cierto en esa frase. Lo que verdaderamente importa es ir por la vida con la mente abierta, con ganas de aprender y con inquietudes, y eso se puede hacer con independencia del lugar donde discurra tu vida.

Alfonso Lamadrid, a la derecha, durante una intervención en la Universidad de Harvard.

P.- ¿Su relación con Cantabria ha variado con el paso del tiempo?

A.L.- En mi caso, la conexión con Cantabria siempre ha sido muy fuerte. Visito Reinosa varias veces al año, aunque sea muy brevemente, e incluso durante la pandemia intentamos hacerlo todo lo posible. Mis tres hijos, Eduardo, Pablo y Daniel, han nacido en Bruselas y están creciendo allí, pero también se sienten muy vinculados a Cantabria —así como a Sevilla, por influencia materna—.

Lo cierto es que la distancia y el paso del tiempo fortalecen los vínculos con el lugar de origen, y en mi caso es lo que ha sucedido. El hecho de que desde hace algunos años tengamos un vuelo directo entre Santander y Bruselas también ha ayudado mucho.

P.- Muchas personas que viven fuera sienten algo parecido, y las redes de cántabros en el exterior han crecido bastante en los últimos años. ¿Está al corriente de la actividad que llevan a cabo?

A.L.- Conozco bien tanto la Red C2030 como Cantabria Overseas y he participado más o menos activamente en ellas desde su creación. Opino que CEOE-Cepyme y las personas que han liderado y contribuido a estas iniciativas a título individual han llevado a cabo un trabajo magnífico, con un impacto mucho mayor del que nadie hubiera podido anticipar. Se han hecho muchas más cosas de lo que yo hubiera creído posible en Cantabria. Te alimenta la ambición por seguir haciendo más.

A tenor de los resultados obtenidos hasta el momento, creo que es un éxito. La campaña Cantabria Respira, el germen de Cantabria Overseas, fue un auténtico éxito; me impresionó ver lo que gente con ganas de ayudar pudo hacer movilizándose espontáneamente en un grupo de whatsapp.

El hecho de que Cantabria sea una comunidad autónoma pequeña también hace que quienes participan en estas iniciativas lo sientan como algo propio, establezcan un vínculo más profundo entre ellos y participen con más ganas. Es posible que en regiones más grandes sea más difícil obtener ese grado de vinculación y de compromiso En este sentido, ser tan poquitos en Cantabria constituye una ventaja.

P.- En su opinión, ¿qué puede aportar el talento cántabro en el exterior?

A.L.- Prácticamente todos los cántabros que han desarrollado una parte de su vida en el exterior tienen algo que aportar, ya sea en términos de iniciativa, experiencia, contactos o perspectiva. Además, en muchos casos sienten el deseo de seguir vinculados a Cantabria y de contribuir de algún modo a su progreso. Catalizar esas experiencias y esas ganas de sumar es algo realmente importante y que puede enriquecer a la región.

P.- Usted, a día de hoy, ¿se ve de vuelta en Cantabria?

A.L.- Afortunadamente, Bruselas no está tan lejos; es una ciudad bien conectada y puedo volver a Cantabria con asiduidad. Sin embargo, debido a mi profesión, establecerme en la región no es factible en estos momentos. Si me mudara a España, algo que no entra en mis planes a corto y medio plazo, tendría que hacerlo a Madrid, ya que es el único lugar de la Península donde podría ejercer mi actividad profesional. Confío, eso sí, en que la consolidación del teletrabajo pueda contribuir a extender un poco más nuestras visitas.

P.- ¿Cuál es su diagnóstico, desde el extranjero, de la realidad económica, laboral y social cántabra?

A.L.- Como región pequeña, Cantabria está en gran medida obligada a mirar fuera, hacia otras regiones y hacia otros países; eso lo vemos a nivel de estudiantes, trabajadores y empresas. Pero ese tamaño y esa orientación al exterior casi por necesidad también tienen ventajas y ofrecen oportunidades a nivel de inversión, creación de polos de excelencia y puesta en marcha de proyectos piloto. La realidad demuestra que los cántabros han conseguido ser líderes en áreas cruciales para el futuro como la sanidad, las smart cities o el turismo sostenible.

Evidentemente, es importante ayudar a las empresas locales a innovar, internacionalizarse y atraer y retener talento. Del mismo modo, es esencial asegurar que los cántabros reciban una buena formación y desarrollen las competencias necesarias para tener oportunidades laborales de calidad y la posibilidad de elegir cómo orientar su vida en un futuro cada vez más competitivo.

Por otro lado, no debemos ignorar que Cantabria es una de las regiones con más población mayor de España y que tiene unos municipios que han sufrido particularmente las consecuencias de la despoblación y la desindustrialización, y a los que es indispensable apoyar. En las últimas décadas, la Unión Europea ha contribuido mucho al desarrollo económico y social de la región con distintos programas y fondos; ahora, las inversiones provenientes de los fondos Next Generation ofrecen una nueva posibilidad de paliar deficiencias estructurales y de prepararnos para el futuro.

José M. Sainz-Maza del Olmo

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