‘Cuando me fui no había trabajo para programadores. Ahora contactan conmigo empresas que no conocía’

DIEGO ARROYO, desarrollador de software en Fulcri, constata una mejoría, ‘pero los salarios no me parecen aceptables’

El programador santanderino Diego Arroyo trabaja y reside en el norte de Italia desde hace siete años. Fue en busca de nuevos horizontes y ha construido una carrera profesional y una vida con las que se siente muy satisfecho. Desde la pandemia, la posibilidad de teletrabajar dos semanas al mes le permite una gran libertad de movimientos y volver a Cantabria con cierta frecuencia. Le llama la atención positivamente que desde hace algún tiempo recibe ofertas de empresas de la región para volver, aunque los salarios no le resulten lo suficientemente atractivos.


Diego Arroyo, nacido en Santander en 1990, ejerce como programador de software en Fulcri, una empresa radicada en el área metropolitana de Milán. Lleva en el país cisalpino siete años, en los cuales se ha integrado en la sociedad italiana y ha desarrollado una carrera que le permite trabajar desde diferentes localizaciones tan a menudo como desea. Gracias a esta circunstancia, visita Cantabria varias veces al año para pasar tiempo con su familia.

Tras estudiar en el IES Augusto González Linares, cursó un Ciclo de Grado Superior en Sistemas de Telecomunicaciones e Informáticos en el IES Valle de Camargo y comenzó a trabajar arreglando ordenadores en la empresa donde había llevado a cabo las prácticas curriculares. Fue entonces cuando decidió estudiar Físicas en la Universidad de Cantabria. “Estudié dos años en la UC y seis meses en la Universidad de Pavía, en Italia. Si bien mis resultados no eran del todo malos, me di cuenta de que la física no era lo mío, así que dejé la universidad y aproveché un programa de formación del Ayuntamiento de Santander para aprender a programar. Aprendí muchísimo, y me sirvió para darme cuenta de en qué dirección quería orientar mi vida profesional. Nada más acabar el curso, en 2015, encontré trabajo en una consultora de Madrid”, relata Diego.

En la capital trabajó durante casi un año dando soporte a aplicaciones internas del BBVA, tras lo cual se trasladó a Milán para empezar como becario en una empresa de servicios informáticos. “Aunque fuera un paso atrás en mi carrera profesional, quería vivir en Italia”, explica. “A los seis meses me ofrecieron un contrato indefinido, y por fin pude trabajar en proyectos interesantes y aprender a utilizar tecnologías diferentes que me hicieron crecer mucho en poco tiempo.”

Tras pasar por otras dos empresas milanesas, recaló en Fulcri, cuyo software para farmacias utilizan establecimientos de Italia, España, Portugal y Alemania. “Yo me encargo del software que gestiona la tarjeta de fidelización de las farmacias, y ahora mismo soy el referente senior del proyecto, trabajando al frente de un equipo de tres desarrolladores”.

Pregunta.- ¿Cuándo decidió salir de España? 

Diego Arroyo.- Había viajado muy poco de pequeño, así que tenía una cierta curiosidad por saber cómo eran otros lugares del mundo. Tenía muy claro que, al menos durante un tiempo, quería salir de Cantabria y, si me era posible, de España. Durante mi periodo universitario pude estudiar seis meses en Pavía gracias a una beca Erasmus; fue entonces cuando me enamoré de Italia. Al terminar esa estancia, ya estaba decidido a volver allí, así que di el paso en cuanto se me presentó la oportunidad.

P.- ¿Mantiene los vínculos con Cantabria?

D.A.- Siempre he sentido una gran conexión con Cantabria, ya que es mi tierra y mi familia y muchos de mis mejores amigos aún viven allí. Además, ahora tengo dos sobrinos a los que adoro y a quienes visito siempre que puedo.

Hasta que empezó la pandemia, siempre había intentado ir una semana en verano y pasar las Navidades en Santander. Con la COVID-19 cambió todo. Aunque durante unos meses no se pudo viajar, en mi empresa se implementaron bastantes cambios orientados al teletrabajo, y esto me dio la oportunidad de acercarme más a casa: ahora mismo puedo trabajar unas dos semanas de cada mes desde donde yo elija, así que visito Cantabria con mucha más frecuencia. El hecho de tener vuelos directos a Parayas también ayuda mucho.

P.- ¿Qué diferencias ha notado trabajando en Italia?

D.A.- Es difícil precisarlo, ya que cuando trabajé en España apenas estaba comenzando mi carrera. En el centro de formación, lo importante era aprender, y nadie tenía experiencia, aparte del profesor que dirigía el proyecto. Después trabajé en una consultora en Madrid bajo una modalidad conocida como body shopping, en la que la empresa que me contrató prestaba mis servicios a un cliente y no se ocupaba en absoluto de mí (mi responsable ni siquiera me respondía por correo electrónico). Mi experiencia, por lo tanto, no fue muy satisfactoria.

En Italia, en cambio, he crecido mucho, tanto a nivel personal como profesional. Ahora sé cómo funciona este mundo y me desenvuelvo bien en él. He descubierto también que prefiero trabajar en pequeñas empresas que desarrollan su propio producto. Me siento más cómodo que en grandes consultoras en las que no sabes dónde te van a mandar. En general, mi experiencia profesional en Italia está siendo muy buena.

“En Italia he crecido mucho, tanto a nivel personal como profesional”

Los problemas han venido a veces por otro lado: la burocracia italiana es lenta y complicada, y me he tenido que enfrentar a innumerables trámites tanto por parte de la Administración local como del consulado español, que con frecuencia no te pone las cosas fáciles. Esto obliga a gastar mucho tiempo en papeleos, lo cual resulta muy frustrante al principio. A cambio, en unos meses es posible llegar a una situación profesional bastante estable.

P.- ¿Qué es lo más positivo que le ha deparado vivir y desarrollarse profesionalmente en el exterior?

Diego en su puesto de trabajo. Desde la pandemia, puede compatibilizarlo con el teletrabajo dos semanas al mes.

D.A.- En general, estoy muy contento con la decisión que tomé, ya que creo que me ha ayudado a ser muy resolutivo y eficaz en los diferentes ámbitos de mi vida. Los comienzos siempre son duros pero, por suerte, la cultura italiana es similar a la nuestra. Esto también sucede con el idioma, que, aunque sea nuevo y conlleve una multitud de pequeñas complicaciones en la vida cotidiana, es bastante fácil de entender para un español. Si bien he tenido que superar esa barrera idiomática para poder hacerme valer en el ámbito profesional, todo ese esfuerzo ha merecido la pena..

P.- ¿Qué opina de la Red C2030 de CEOE-CEPYME y Cantabria Overseas? ¿Le han ayudado a sentirse más cerca de la región?

D.A.- La Red C2030 nunca me ha interesado mucho, ya que tenía la impresión de que era algo orientado a empresas. Sin embargo, a medida que voy oyendo más cosas al respecto, voy encontrando el concepto más interesante. En cuanto a Cantabria Overseas, es posible que me una en algún momento, ya que su planteamiento me parece muy bueno para aquellos cántabros que vivimos en el extranjero y queremos estar en contacto con otras personas de la región.

En todo caso, la labor social y de networking de este tipo de iniciativas me parece muy importante. Al final, no hay nadie mejor que los propios cántabros para promocionar la región en el extranjero y ayudar a las empresas locales a internacionalizarse.

‘En España, muchas empresas siguen empleando procedimientos muy tradicionales para organizar el flujo de trabajo de los equipos’

P.- ¿Cómo cree que el talento cántabro en el exterior puede contribuir al crecimiento de Cantabria?

D.A.- Diría que podemos aportar la experiencia de trabajar con herramientas y flujos de trabajo diferentes. Por ejemplo, trabajando en Madrid oía mucho sobre las metodologías ágiles, pero nunca llegué a entender bien de qué se trataba. Ha sido en Italia donde las he conocido bien y donde he comprendido por fin lo útiles que resultan en el desarrollo de software para mejorar la productividad. Usadas de manera correcta, cuestiones así pueden cambiar el futuro de una empresa, y muchos cántabros en el extranjero tenemos esos conocimientos tan valiosos. En España, muchas empresas siguen empleando procedimientos muy tradicionales para organizar el flujo de trabajo de los equipos, y esto puede afectar a su capacidad de competir con empresas extranjeras que provengan de entornos laborales más modernos.

P.- ¿Qué consejo le daría a alguien que está considerando salir de España?

D.A.- Creo que se trata de una decisión muy personal, así que no me atrevo a dar consejos. Yo lo tenía muy claro desde que volví por primera vez de Italia, pero puede que otras personas se sientan perfectamente bien viviendo en Cantabria toda su vida. En cualquier caso, de salir al extranjero, pienso que hay que hacerlo sin tener ganas de volver. Me explico: si lo haces forzado por las circunstancias y estás buscando continuamente cómo volver, puede ser una experiencia terrible, y el no querer atarte al país de acogida solo va a empeorarlo todo. Es en el momento en que te deshaces de esa nostalgia y decides establecerte en el nuevo país cuando realmente puedes integrarte en esa otra sociedad, crecer como persona y sentirte en casa allí donde vives.

P.- ¿Tiene pensado regresar a Cantabria en algún momento?

D.A.- Reconozco que me lo he planteado varias veces en los siete años que llevo fuera, sobre todo desde 2019, cuando nació mi primer sobrino. He estado en un par de procesos de selección de empresas con sede en Santander, pero la verdad es que los salarios que me ofrecieron no me parecieron aceptables. Sin ir más lejos, la última empresa que me contactó me habló de una cifra menor a mi primer salario en Italia hace seis años, alrededor de un 40% menos que mi salario actual. Si bien Italia no es el norte de Europa, los salarios italianos son mejores que los españoles, y eso hace que tomar la decisión de volver se vuelva más difícil, sobre todo cuando ya puedes teletrabajar desde Cantabria.

‘Es posible que las empresas pierdan talento local si no mejoran las condiciones de sus empleados’

P.- Por último, ¿qué opinión tiene del panorama social, laboral y económico cántabro desde fuera?

D.A.- Hablando del teletrabajo, creo que Cantabria puede beneficiarse mucho de estas nuevas circunstancias: hoy tengo muchos compañeros que solo buscan puestos con un 100% de teletrabajo, y nuestra región dispone de buenos servicios, una calidad de vida alta, numerosas opciones de ocio y unas conexiones relativamente buenas con Madrid y con muchas capitales europeas. Por otro lado, esto tiene otras implicaciones para las empresas, ya que es posible que pierdan talento local si no mejoran las condiciones de sus empleados, que ahora pueden buscar trabajo en compañías de otras regiones sin tener que mudarse para acceder al nuevo puesto. Es un tema complicado pero puede resultar muy interesante para la economía y el tejido productivo cántabros si se hacen las cosas bien.

También me gustaría destacar que he notado una mejoría en la economía regional en estos últimos años. Me han contactado empresas cántabras que no conocía, cuando hace apenas siete años no había apenas trabajo para programadores. Veo que ahora hay más empleo técnico en Cantabria, lo cual me parece una mejora significativa para una comunidad autónoma del tamaño de la nuestra. También noto más movimiento económico que hace años cuando voy de visita, y eso es algo que me alegra profundamente.

José M. Sainz-Maza del Olmo

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