Marcansa cierra y liquida la sociedad

Hormaechea, harto de los muchos escándalos relacionados con la carne que se produjeron durante su mandato, dijo textualmente que “la carne es la cruz de esta región”. Desde entonces, algunas cosas se han normalizado en el sector, sobre todo en el terreno higiénico, pero la carne sigue siendo la cruz de los políticos que pasan por el Gobierno regional. En unos casos porque es el foco de rebeliones, como la de la brucelosis y en otros, porque los mataderos son una fuente permanente de problemas económicos.
El hundimiento de Marcansa no es nuevo, pero los propietarios pensaron que podrían evitarlo si los acreedores accedían a una nueva quita, renunciando a gran parte de su deuda, pero no ha sido posible. La Seguridad Social, Hacienda y los ayuntamientos de Astillero y Torrelavega han insistido en cobrar lo que se les debe y, en estas condiciones, el matadero, con un pasivo de unos 800 millones de pesetas a las espaldas, no podía continuar.

Deuda histórica

Una parte de esta deuda se arrastra desde la suspensión de pagos de Marcansa, ya que los acreedores preferentes no aceptaron la quita del 90% a la que se resignaron los particulares. La mayoría de ellos pensó que el cierre del matadero no les iba a permitir rescatar prácticamente ninguna cantidad y, en cambio, su continuidad siempre les permitiría seguir haciendo negocios, como proveedores. Tan es así que ni siquiera han acudido a reclamar el 10% de la deuda histórica que el convenio les reconocía.
Dio la impresión de que el matadero podría recuperarse cuando el mal de las vacas locas y las campañas de brucelosis provocaron sacrificios masivos, que se le encargaron a Marcansa, pero la realidad económica anterior era insalvable. Sin un acuerdo con los acreedores institucionales era imposible la supervivencia y quedó perfectamente claro el pasado mes de octubre, cuando Caja Cantabria ejecutó un embargo y se quedó con el edificio en el remate. Desde entonces, Marcansa no tiene activos y sí pasivos, lo que complica enormemente la posibilidad de que sea reflotada por otro empresario.

Un comprador

Aunque hay un grupo madrileño (Los Norteños) que gestiona cinco mataderos en el interior del país dispuesto a intentarlo, resucitar el matadero exige un auténtico encaje de bolillos para evitar que sea entendido por Hacienda y la Seguridad Social como una sucesión de empresa y, por tanto, que el comprador se vea obligado a afrontar toda la deuda de Marcansa, además de hacerse cargo de los trabajadores, un compromiso que parece haber adquirido con los sindicatos.
El primer paso para evitarlo es la liquidación de Marcansa –proceso legal que ya se ha iniciado– y crear una nueva sociedad. Pero, en realidad, lo único que puede interesar a la sociedad madrileña es el edificio del matadero y su magnífica sala de despiece, capaz de deshuesar 2.000 kilos al día. Y el matadero es propiedad de Caja Cantabria, que no parece dispuesta a cambiar este recinto homologado de 15.000 m2 por la mitad de la deuda que en su día contrajo Marcansa con la entidad.
La Consejería de Economía está actuando como mediadora, según algunas fuentes, al entender que la supervivencia del matadero es estratégica para la región. Pero aún en el caso de despejar el terreno con los acreedores institucionales y con Caja Cantabria, seguirían si resolver otros problemas estructurales del matadero que impiden rentabilizarlo: sus costes son altos y la plantilla excesiva para el nivel de actividad. Como los compradores parecen interesados en obtener el apoyo de los sindicatos, las medidas que pueden tomar para corregir este problema no son muchas. Una de ellas ha sido el solicitar al Gobierno que reduzca las tasas sanitarias, como han hecho otras comunidades, dado que, aunque deben ser neutras para el matadero –se repercuten al cliente– muchos usuarios se niegan a pagarlas y, por tanto, se convierten en un coste más para el matadero, so pena que su cliente se vaya a otra región.
La otra medida para la que se pide ayuda institucional es el abaratamiento de la gestión de residuos, que supone unos 100 millones de pesetas al año, dado que han de llevarse a Álava y La Rioja, porque el horno específico que construyó el anterior consejero de Medio Ambiente en Meruelo nunca ha sido operativo.
Pero ninguna de esas medidas será suficiente sin relanzar la actividad, especialmente la de la sala de despiece, la mayor del Norte de España. El objetivo de Los Norteños parece estar en la elaboración de hamburguesas y en el empaquetado de carne al vacío, actividades que pueden generar mayor valor añadido que los simples sacrificios y rentabilizarían unas instalaciones que, en su día, el Gobierno cántabro financió en un 60% y que en lugar de servir para impulsar el matadero, contribuyeron a hundirlo.

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