Lo urgente es esperar

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Hay quien se tira de cabeza a la piscina y quien mete un pie antes, para hacerse una idea de la temperatura del agua. Así están reaccionando las cajas de ahorros a la hora de buscar el dinero que necesitan para recapitalizarse. El problema es que no todas pueden esperar, porque las circunstancias ahogan, y esté fría o caliente tendrán que lanzarse. El grupo de Caja Cantabria, Cajastur y Caja Extremadura es de los que pueden esperar. A la vista de las durísimas condiciones del mercado en estos momentos y para evitar entregar sus acciones a precio de saldo, su objetivo es darse un margen de dos años. Quizá para entonces todo sea distinto.
La inmensa mayoría de las cajas españolas van a salir al mercado en busca de capitales. No les queda más remedio para alcanzar el ratio del 10% que les ha exigido el Banco de España. Y aunque pueden hacerlo por dos vías distintas, la entrada de un inversor en el capital o la salida a Bolsa, cualquiera de ellas es muy poco atractiva en estos momentos. La colocación de Bankia, el grupo que encabeza Caja Madrid, se hará por menos de la mitad de su valor contable, ante el convencimiento de que en estos momentos los inversores sólo están dispuestos a entrar a precio de saldo.

Hacer plusvalías

Con semejante escenario, todas las cajas tendrían que desprenderse de gran parte de su capital para encontrar el dinero que necesitan. El grupo en el que participa Caja Cantabria no está dispuesto a quemar las naves y va a tratar de conseguir dentro el dinero que otros buscan fuera. Su intención es utilizar los beneficios consolidados de este ejercicio y las plusvalías que puedan obtener con la venta de su negocio de bancaseguros y de las participaciones industriales, para cubrir los 512 millones de euros que necesitan para alcanzar el 10% de capital básico.
Conseguir esa cifra depende, en gran parte, de Cajastur, que es la única de las tres que dispone de participaciones industriales relevantes, especialmente el 3,14% de HC o el 5% de Enagás, Ence, Indra y GAM. Además, controla un 5,8% de la concesionaria de autopistas Itínere, un 10% de la Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa) y un 92% de Telecable.
Ni Caja Cantabria ni Caja Extremadura tienen participaciones en empresas cotizadas. No obstante, la extremeña está presente en el capital de Aquagest Extremadura –una filial de Aguas de Barcelona– el Hotel Alfonso VIII, Gas Extremadura y Sodiez. En el caso de Caja Cantabria, sus modestas participaciones en Urbe Cantabria, Sodercan y World Trade Center apenas tienen relevancia, especialmente si se comparan con las de Cajastur, que sólo en acciones cotizadas supera los 330 millones de euros de patrimonio.
El resto deberá salir de los beneficios de este año y de los seguros. El problema es que la mitad del negocio asegurador de Caja Cantabria ya le fue vendido a Aegon, por 30 millones de euros y Caja Extremadura hizo lo mismo con Caser. Cajastur lo conserva íntegramente, pero su filial, la CCM se había aliado con Mapfre. Por ley, Effibank (el nombre provisional del banco que han creado) sólo podrá externalizar su actividad de bancaseguros con una sola compañía, por lo que no queda más remedio que recomprar estas participaciones, pagando las penalizaciones oportunas a las aseguradoras perjudicadas, y una vez reagrupado el negocio asegurador de las tres cajas, volver a venderlo.
A pesar de las indemnizaciones por la resolución de los contratos vigentes, la operación ofrecerá un saldo positivo, con unas plusvalías que reforzarán el capital, en lo que también tendrá mucho que ver el que Cajastur siga siendo propietaria del 100% de la comercialización de seguros que realiza su red de oficinas.
No obstante, se plantean algunos problemas de cierto fuste. El primero, que las indemnizaciones por romper los pactos con las aseguradoras fueron establecidas cuando la situación económica era boyante y, por tanto, para rentabilizar el negocio necesitarán pedir cantidades muy importantes a las multinacionales que puedan estar interesadas. Otra circunstancia incómoda es la provisionalidad. Si, como parece probable, nuevas cajas se unen al grupo, habría que plantear otra operación de recompra de derechos. Pero si las recién llegadas fueran de mayor tamaño que las fundadoras podría darse la paradoja de que los fusionados iniciales se viesen en la necesidad de afrontar una segunda indemnización, en este caso a la compañía que ahora escojan.

Salir cuando las aguas se serenen

Las tres entidades parecen convencidas de que con la capitalización que consigan vendiendo activos, una plantilla adelgazada por las prejubilaciones y sin tener que pagar intereses al FROB, como otros competidores que se han visto obligados a pedir grandes cantidades de dinero, podrán desenvolverse en el futuro mercado financiero con tranquilidad, a la espera de que la tempestad escampe.
El plazo que se valora es de dos años. Para entonces ya no habrá un tropel de cajas saliendo a bolsa y disputándose los inversores; probablemente esté descendiendo el porcentaje de morosidad y se haya producido un repunte de la economía y una ampliación de los márgenes del negocio.
Como diría el exministro gallego de UCD Pío Cabanillas, “ahora, lo urgente es esperar”. El problema es que no todos van a poder.

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