Astander tratará residuos de hidrocarburos

En los sectores industriales maduros, la diversificación de inversiones y la búsqueda de ingresos complementarios a los que genera la actividad principal es uno de los recursos a los que suele acudirse con más asiduidad y máxime cuando, como ocurre en la construcción naval, vuelve a sufrir otra crisis histórica. Si, además, el nueva área de negocio permite un ahorro de costes, el salto a otras iniciativas empresariales parece doblemente justificado.
Quizá sean estas razones las que han animado a Astander a la construcción de una planta de tratamiento de residuos de hidrocarburos pensada para dar servicio no sólo a las necesidades del astillero y de los buques que acuden a sus diques para ser reparados, sino a todos aquellos que pasan por Santander y lo soliciten en cumplimento de las obligaciones que impone el convenio Marpol.
La nueva planta, que estará concluida a finales de diciembre, tendrá una capacidad de almacenamiento de 500 metros cúbicos y la inversión realizada por Astander se eleva a algo más de un millón de euros. La explotación correrá a cargo de Ecocat, una filial del grupo Cespa-Conten, especializado en la gestión de residuos industriales.
En las sentinas de los buques se deposita inevitablemente, una mezcla de agua, aceites que rebosan de los motores y combustible derramado. Las autoridades medioambientales han perseguido desde hace años que estos residuos sean evacuados en plena mar, provocando manchas contaminantes difíciles de disolver, y obligan a su retirada en puerto, a través de instalaciones específicas que en el sector se conocen por las siglas marpol.
En el caso concreto de los barcos que llegan a Astander para mantenimiento o reparación, la retirada de estos residuos la han venido efectuando alguno de los tres gestores autorizados –Emgrisa, Tedes o Cespa Conten–, que trasladan en camiones cisterna estos hidrocarburos a sus instalaciones de tratamiento. Con la planta construida junto al astillero, el transporte será sustituido por el bombeo directo desde las sentinas del buque hasta los depósitos de la instalación de tratamiento, muy próxima a los diques.

La segunda planta Marpol

Hasta 1999 no fue posible disponer de una planta de tratamiento de residuos marpol en el Puerto de Santander y su promotora, la sociedad pública Emgrisa tuvo un larguísimo peregrinaje de siete años de tramitación administrativa hasta conseguirlo, a pesar de que sus instalaciones están muy alejadas de cualquier entorno urbano, en el interior del espigón central de Raos.
La planta de Astander, por el contrario, ha tenido una gestión relativamente rápida, y se convertirá en una dura competidora para Emgrisa, dado que también aceptará los residuos de los barcos que lleguen al puerto de Santander en tránsito comercial.
Por el momento, seguirá habiendo una diferencia, dado que Emgrisa también recoge los aceites usados de los talleres de automoción y de las industrias. Todo ello genera un volumen de residuos tratados de 2.000 toneladas al año, de los que recupera aproximadamente un millar de toneladas de hidrocarburos oleosos.

Valorización de los residuos

El tratamiento de las llamadas aguas de sentina –una mezcla de fuel, gasoil, aceites hidráulicos y agua de mar– no sólo evita la contaminación que podría producir su vertido libre, sino que también permite la recuperación de hidrocarburos para su utilización como combustible en cementeras o plantas térmicas, aunque en Cantabria no hay ninguna instalación autorizada para quemar estos residuos.
Una vez emulsionados y separados del agua de mar, la fracción de hidrocarburos que suele recuperarse oscila entre el 35 y el 40% del total de la mezcla que se forma en el interior de las sentinas, procedente de filtraciones, pérdidas de tuberías o de bombas de achique. Ese ha sido un problema histórico en las embarcaciones, aunque el porcentaje de sustancias combustibles dentro de los residuos de las sentinas está descendiendo paulatinamente debido, quizá, a la mejora en el mantenimiento de los buques o un mejor ajuste de sus motores.
El Convenio internacional Marpol 73/78, al que España se adhirió en 1974, tiene por objeto el control de los buques y sus vertidos para prevenir la contaminación marina. En sus apartados se regula todo lo relativo al tratamiento de hidrocarburos, sustancias líquidas peligrosas transportadas a granel o en bultos, aguas sucias y basura producida por los buques.
El Convenio obliga a los Estados firmantes a disponer de instalaciones de recepción en sus puertos, de tal manera que los buques puedan descargar en ellas los residuos cuyo vertido en el mar tienen prohibido, una obligación que el Puerto de Santander cumplirá ahora por duplicado.

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