El acusado de abusar de una joven en un callejón de Santander dice que fue consentido y ella que le pidió que parase

El joven acusado de abuso sexual a una chica de madrugada y en un callejón de Santander, próximo a la discoteca donde se habían conocido esa noche, ha asegurado que ambos mantuvieron relaciones sexuales con penetración -vaginal, pero no anal- consentidas y no hubo «nada forzoso», aunque la víctima ha afirmado que le pidió que parase.

«En ningún momento ella dijo que parara», ha zanjado el procesado este martes durante su declaración en el juicio contra él, en el que la chica ha precisado que las relaciones vaginales sí fueron consentidas, pero no las anales, momento en el que manifestó que «no» quería continuar y «varias veces» además.

«Se lo dije bastantes veces, siete por lo menos. Yo era muy insistente», ha relatado la joven, que ha apuntado al respecto que el implicado también insistió, hasta conseguir su propósito: «A mí me duele, lo noto» y «si me duele, obviamente me penetró», ha razonado a diferentes preguntas de las partes.

Los dos han contestado así al comparecer en la vista oral, celebrada en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cantabria, y en la que la fiscal ha elevado a definitivas sus conclusiones, manteniendo que fue un delito de abuso sexual con penetración merecedor de seis años de cárcel.

La acusación particular, ejercida por la chica, ha modificado su escrito inicial para adherirse a la pena solicitada por el ministerio público, pues en un principio reclamaba ocho años de prisión, en tanto que la defensa entiende que no hubo delito alguno.

«FUE UN LÍO NORMAL DE ADOLESCENTES»

Denunciante y denunciado han coincidido en que se conocieron la noche de los hechos -sucedieron en la madrugada del 17 de abril de 2022- en una discoteca de Santander en la que ambos se encontraban con sus respectivos amigos, algunos de los cuales ya se conocían.

Después de presentarse y hablar un poco, se empezaron «a liar» dentro del local. En un momento dado decidieron salir y se fueron a un callejón cercano, donde continuaron con los besos y «tocamientos mutuos», primero por encima de la ropa y después por debajo.

A partir de entonces, comenzaron las relaciones sexuales, durante las que ella le practicó una felación y él la penetró vaginalmente, primero con los dedos y luego con el pene, usando un preservativo que ella llevaba y le colocó.

En este punto, el chico ha especificado que al principio estaban sentados en una escalera -ella encima de él- y luego se pusieron de pie junto a una pared para continuar con las relaciones, «en todo momento» vaginales y con condón. Fue algo «natural» y «no forzoso».

Ha añadido que cuando terminaron se vistieron y acompañó parte del trayecto a la chica, a la que habían llamado sus amigas para irse juntas. «Nos liamos al despedirnos. En ningún momento fue nada extraño, fue un lío normal de adolescentes», ha alegado el joven, que ha admitido que ambos habían bebido por lo que estaban «un poco contentillos», pero «serenos».

«YO LE DECÍA QUE PARASE Y NO PARABA»

Por su parte, la víctima ha coincidido a grandes rasgos con la primera parte del relato del acusado, desde que se conocieron en la discoteca y hasta que estaban manteniendo las relaciones en el callejón, reconociendo que las vaginales fueron «consentidas», pero puntualizando que estuvieron de pie todo el rato.

En cualquier caso, ha señalado que en un momento dado el chico la giró para colocarla de cara a la pared y de espaldas a él, mientras la sujetaba con las manos por la cadera. Lo hizo, según ha declarado, porque quería penetrarla analmente y así lo intentó, a pesar de la reiterada negativa de ella, que también se topó con la insistencia de él. «Yo le decía que parase y no paraba», ha rememorado, para apuntar que se lo pidió «siete u ocho veces» y que él la «oyó perfectamente».

«A mí me duele, lo noto», ha expresado para señalar que el procesado consiguió su propósito «tres veces por lo menos», en las no sabe si todavía llevaba el preservativo y en las que ella sintió molestias y dolor, que siguió teniendo durante «dos o tres días» en los que además tuvo sangrados -vaginales y anales-.

La joven, que había «bebido» pero no estaba «ebria», ha indicado que cuando terminaron se fueron del callejón y ella le pidió el contacto de Instagram, no porque quisiera volver a verle, sino «para saber quién es por si en algún momento denuncio», ha explicado.

ESTABA MUY NERVIOSA Y LLORABA

Después, se reunió con sus amigas a las que contó lo sucedido. Como no sabían qué hacer en estos casos, preguntaron a unos policías que pasaban por la calle, que les recomendaron ir a Valdecilla.

Así, aunque a la víctima le daba «vergüenza», fue a Urgencias animada por sus amigas, una de las cuales ha declarado que cuando se reencontraron con ella tras los hechos estaba «muy nerviosa». «Al principio solo lloraba y decía que él no había parado», ha dicho.

Y a preguntas de las partes, esta testigo ha apuntado que la víctima les comentó que le dolía el trasero y «pensaba» que el joven la había penetrado analmente, por lo que fueron al hospital.

Allí fue atendida por una ginecóloga que refirió en su informe que estaba en estado de «embriaguez», pero sin preguntar ni precisar la cantidad de alcohol que había bebido, y que reflejó también que al principio la relación había sido consentida aunque luego quiso parar.

MUESTRAS

Esta doctora tomó varias muestras biológicas siguiendo el protocolo establecido y «por si acaso», ya que tiene que hacerlo un forense por orden del juez de guardia, que en este caso no lo acordó así al no tener la víctima en ese momento intención de denunciar.

Finalmente, los forenses que examinaron a la denunciante, dos meses después de los hechos, recogieron en su informe las «erosiones leves» que figuraban en los partes de Urgencias, así como sintomatología ansiosa-depresiva derivada de estos hechos, por los que también precisó atención psicológica y «con buena evolución».

En cuanto a las muestras remitidas, en un primer estudio no se detectó semen, pero en un segundo sí se analizó parte de restos de ADN que sí coincidía con el perfil genético del investigado, como han corroboraron peritos del Instituto Nacional de Toxicología.

Por estos hechos, la fiscal también pide al chico siete años de prohibición de acercarse o comunicar con la joven, seis de libertad vigilada tras la salida de prisión y cinco más de inhabilitación para desempeño que conlleve contacto con menores. Y que la indemnice con 5.000 euros por los perjuicios morales.

El juicio ha quedado visto para sentencia.

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