Nada es como parece

¿CUAL SERA LA DIFERENCIA? Internet ha sido un mal negocio para la banca, que no ha podido rentabilizar por el momento las inversiones realizadas en aventuras como Patagon. Pero, cuando parecía que la situación comenzaba a enmendarse, tanto Openbank (sucesor de Patagon) como ING y Bancopopular-e han abierto oficinas en la calle. La realidad es que para todo aquello que no sean depósitos o transferencias, la clientela prefiere verse cara a cara con el empleado bancario. Una vez asumida esta realidad, no será fácil saber cuál es el terreno de juego de cada cual, ya que los bancos tradicionales ofrecen operaciones por Internet y los bancos virtuales abren oficinas como todos los demás.
LOS DE ATRAS PIDEN PASO.– España está haciendo esfuerzos diplomáticos para poder entrar en el famoso G-8, el grupo formado por las grandes economías del mundo, donde se ha ganado un hueco. Pero no tiene demasiado tiempo para conseguir su propósito porque, desde atrás, están llegando con fuerza países con los que nadie contaba hace solo diez años. De repente, China, Brasil e India se han colado subrepticiamente entre las diez mayores economías del mundo y su evolución es tan rápida que en un horizonte de diez años el PIB de China podría igualar al de EE UU, aunque eso no signifique que las rentas vayan a ser parecidas. Así que pueden producirse dos circunstancias: o un histórico baile de asientos en el club de los grandes o, lo que es más probable, olvidarse del PIB para regular la entrada.

LAS CAJAS SACAN PARTIDO A SUS COMPROMISOS.– De todos es sabido que las cajas de ahorros se ven forzadas a hacer algunas inversiones industriales que los bancos jamás aceptarían, por el simple hecho de que las cajas son fácilmente presionables desde la opinión pública para que actúen de salvavidas. Pero el resultado de esta política tantas veces forzada no es tan malo como cabía suponer. Por el contrario, el último informe del Banco de España demuestra que las cajas han sacado el doble de plusvalías en sus inversiones industriales que los bancos, cuando su volumen de inversión global es casi idéntica y, en el momento en que lo deseen, pueden aflorar unas plusvalías industriales que ascienden a 12.700 millones de euros, algo más de dos billones de pesetas.

INCORREGIBLES AUTONOMIAS.– Mientras que el Estado ha acabado el año con un superávit del 1%, las autonomías se las han arreglado para endeudarse más a través de un denso entramado de empresas y organismos, lo que indica que el problema no tiene remedio. En estos momentos hay 8.000 millones de euros de deuda regional aparcados en organismos autónomos; otros 1.500 en Universidades y 3.100 más en empresas públicas, a los que habría que añadir los 53.700 millones de deuda oficial. Es posible que frente a esta última parezca poco, pero lo preocupante es el elevadísimo ritmo de crecimiento.

BAJAN LAS VENTAS, SUBE ALTADIS.– Uno de los mejores meses bursátiles de la historia de Altadis ha sido el último diciembre. Por insólito que parezca, cuando ya se avecinaba la prohibición de fumar en lugares públicos y todo el mundo aventuraba un descenso en el consumo de cigarrillos, las acciones de la tabaquera subían mucho más que el resto. La explicación más obvia es que Altadis se mueve en un mercado global, pero lo cierto es que lo que ocurre en España tiene un peso todavía muy relevante en sus ventas, así que no resulta fácil de entender.

ÓRGANOS CONDICIONADOS.– La decisión del Tribunal de la Competencia sobre la OPA de Gas Natural es un episodio más de una práctica decepcionante: Cualquier persona ascendida a un cargo en España vota irremediablemente en el sentido que más conviene a quien le nombró. Da igual el prestigio profesional del que llegue investido. Ocurre en los consejos de administración de las empresas con los teóricos ‘independientes’; en el Consejo General del Poder Judicial y, ahora, en el Tribunal de la Competencia, donde una mayoría ha votado en contra de la OPA sobre Endesa, a pesar del informe de los técnicos. De todo ello se deduce que estos consejos de notables resultan tan inservibles como hacer acudir a todos los diputados a una votación en la que bastaría con que los portavoces pudieran emitir un voto cualificado en función del peso de su grupo. Basta con saber a priori la procedencia de quienes votan para conocer cuál será el resultado, independientemente de la justedad del asunto.

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