Nada es como parece

RESULTADOS ENGAÑOSOS.– Los resultados económicos de las grandes corporaciones siempre son discutibles. Por ejemplo, Volkswagen está empeñada en demostrar que Seat no es un buen negocio, quizá para justificar los 1.300 despidos que pretende realizar. No obstante, la empresa española aportó el pasado año a su matriz alemana 111 millones de euros en dividendos, lo cual no es un mal resultado si se compara con los obtenidos por marcas de coches mucho más importantes. Pero, en realidad, esto es una mínima parte del beneficio que genera, porque hay otras muchas vías de rentabilidad. Por ejemplo, Seat paga a Volkswagen 40 millones por intereses de préstamos y nada menos que 442 millones de euros al año por uso de su tecnología. Es decir, que al cabo del ejercicio, aporta a la firma alemana unos saneadísimos 593 millones de euros prácticamente netos (casi 100.000 millones de pesetas). Unos resultados que para sí quisieran otros.

RYANAIR, LA FORMULA DEL ÉXITO.– La espectacular subida de los precios del petróleo es el peor de los escenarios posibles para las aerolíneas, que se han visto obligadas a repercutir una parte en los precios de los billetes y ni siquiera así van a evitar perder cerca de 10.000 millones de dólares este año. Pero, en medio de este chaparrón sobre el sector, Ryanair anuncia que sus beneficios del primer semestre han subido un 18%, a pesar de que sus gastos de combustible se han duplicado y no ha trasladado parte alguna de este incremento a los precios de sus billetes. La explicación está en el fuerte crecimiento del negocio de la compañía irlandesa, que le permite seguir abaratando costes. Es cierto que esa situación no va a mantenerse de forma ilimitada, pero resulta sorprendente que quien mejor librado está saliendo de esta crisis sea quien trabaja con precios más bajos y, teóricamente, tiene menos margen para encajar el disparatado alza del petróleo.

EL FRAUDE QUE QUEDA POR EL CAMINO.– El Tribunal de Cuentas ha detectado que, durante 2002 y 2003, la mitad de los expedientes fiscales de sanción levantados contra empresas acogidas al sistema de módulos no llegaron a tramitarse. Por falta de medios o de eficacia, Hacienda dejó transcurrir los seis meses que tiene de margen para resolver, desde la fecha de inicio y, por tanto, se vio obligada a archivarlos, lo que en algunos ámbitos puede dar una cierta sensación de impunidad. La situación no es mucho mejor en otros terrenos. La asociación de Técnicos Financieros sostiene que, con los medios actuales, la posibilidad estadística de que una empresa sea inspeccionada es de una vez cada veinticuatro años y en regiones como Aragón, La Rioja y Murcia, de una vez cada 40.

AQUI, MAS.– Desde la llegada del euro, los precios en España han subido cuatro veces más que en el conjunto de la UE. Esto pone de evidencia que no es el petróleo el problema, dado que afecta a todos por igual y, curiosamente, los sectores más inflacionistas tienen poco que ver con la energía, como es el caso de los servicios. La evolución de los precios no sólo es un problema para la competitividad del país, sino que produce unos efectos colaterales. Por ejemplo, para un español los tipos de interés resultan en la práctica mucho más bajos que para otros europeos, siendo idénticos, dado que los precios suben bastante más y eso justifica que el endeudamiento de los españoles alcance cotas históricas.

LA PULSERA DE ENDESA.– En la batalla contra las OPAs todo vale y Endesa ha recurrido a una amplísima batería de contramedidas para hacer frente a Gas Natural, entre ellas prometer unos dividendos desmesurados para su capacidad de generar beneficios o modificar varias veces las cuentas para tratar de ajustar su negocio al ámbito donde podía decidir la Comisión Europea. Pero la más curiosa es una pulsera de goma que sigue la moda de la inventada por Armstrong contra el cáncer. En este caso, es azul cielo y va dirigida a convertir a sus accionistas en un club motivado y beligerante. No está mal, porque en todo el disparatado proceso de esta opa casi nadie se ha parado a pensar que quienes deciden si la oferta triunfa o no son los accionistas. Si les interesa el precio, venderán y si no les interesa, no. Tan sencillo como eso.

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