La ideología deja paso al pragmatismo

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Los congresos regionales del PSOE y del PP han tenido una curiosa coincidencia en el tiempo pero un desarrollo muy distinto. A Nacho Diego, el líder de los populares, nadie le ha pedido explicaciones sobre el descenso de votos de las últimas elecciones, en las que el Partido Popular obtuvo los peores resultados desde que en 1991 se presentó separado de Hormaechea. El PSOE también tuvo los peores resultados en las últimas elecciones regionales, pero los delegados han sido implacables. No obstante, lo que en otras condiciones se hubiese llevado por delante a la secretaria general y a media Ejecutiva, en esta ocasión sólo ha dado lugar a un cambio superficial, gracias al mantenimiento del Gobierno, que a punto ha estado de resultar insuficiente.
La secretaria regional, Lola Gorostiaga se ha visto obligada a hacer una compleja mezcla con las corrientes internas para ganar el congreso. Después de no pocos pactos, la Ejecutiva resultante puede considerarse como un puñado de nombres propios –entre ellos algunos altos cargos de muy reciente afiliación–; varios representantes de la corriente de Fernández Mañanes, su rival en un congreso anterior y hoy aliado; barones municipales, que dan peso específico pero mantienen las distancias, y todo ello aderezado con una pizca de la antigua Idcan.
Gorostiaga llegó al congreso con los apoyos muy justos, pero tanto el hasta ahora secretario de Organización, José Guerrero, como en su día Rosa Inés García, son buenos conocedores de la realidad interna y rara vez fallan en el cálculo. Guerrero estaba seguro de la victoria y llegó a apostar por presentar la candidatura oficial sin ninguna alianza, para evitar las concesiones a que obliga cada una de ellas y que, en algunos casos, han hecho imposible el pacto, como ocurrió con los seguidores de Guimerans, que pretendían la secretaría de Organización, comprometida con los de Mañanes. Era demasiado riesgo y Gorostiaga prefirió no correrlo.
En realidad, Guerrero había facilitado la negociación al decidir su renuncia al cargo que ostentaba antes del congreso. Su intención era abandonar, incluso, la Ejecutiva para retirarse de la política activa después de un trabajo entre bambalinas de gran desgaste, pero las fuertes presiones del ministro Pérez Rubalcaba le han hecho desistir de su intención inicial, aunque ha optado por una Secretaría donde tendrá que fajarse menos para controlar un partido que cada vez resulta más difícil de gobernar.

La militancia se rebela

En la pasada legislatura, Gorostiaga apenas contó con la militancia para cubrir el gran número de altos cargos públicos que dejaba vacante la salida del PP del Gobierno. Esta política de distanciamiento entre el partido y la acción de gobierno no le ha dado demasiado buen resultado, aunque en el PSOE, al contrario de lo que ocurre en el PP, los cargos tampoco garantizan fidelidades y un ejemplo es el del director del aeropuerto, Juan Mazarrasa, que apoyaba a la lista de Gómez Morante, aunque una de las muñidoras de esa lista era Rosa Inés García, con cuya gestión como secretaria de Organización siempre fue muy crítico.
En los congresos del PSOE cántabro nunca ha sido fácil ver mayorías de casi el 100% como las obtenidas por Nacho Diego en el congreso del PP, pero los de Lola Gorostiaga han estado siempre en el filo de la navaja, con márgenes tan exiguos que hasta el mismo momento de las votaciones no ha podido cantar victoria. En esta ocasión ha tenido que encontrarse con algunas sorpresas poco agradables dentro de su equipo, empezando por el hecho de que Blanca Rosa Gómez Morante, la presidenta del partido, lanzase una candidatura rival, y eso hace presumir ceses en los próximos meses. No tanto por la propia vicepresidenta regional, que olvida pronto las afrentas y elude el enfrentamiento personal, como por la presión que ejerce sobre ella la Ejecutiva de Madrid, que quiere reforzar la disciplina interna.

Un candidato para 2011

Gorostiaga dejaba descansar estos problemas sobre los hombros de Guerrero, que ahora no estará para estas tareas, y ha tenido que recurrir a Rosa Eva Díez Tezanos, su auténtico comodín ante cualquier problema. Pero no lo tendrá fácil en un partido en el que los repartos de parcelas de poder dejan áreas decisivas en manos de los seguidores de Mañanes y en un Gobierno donde el poder de los militantes procedentes de Idcan levanta suspicacias, ya que controlan la Consejería de Economía, el Presupuesto, el nuevo Instituto de Finanzas e, indirectamente, todo el grupo público de empresas, un pequeño gobierno dentro del Gobierno, lo que también ha suscitado recelos en otros consejeros nombrados por el PSOE, sobre todo cuando conocieron los recortes que Agudo había previsto en sus dotaciones para 2009.
En estas condiciones, y con la presión que supone pasar del superávit financiero anterior, que permitía una gran liberalidad en el gasto, a un déficit de alrededor de 100 millones de euros, que obligará a muchas restricciones, la legislatura le va a resultar mucho más incómoda a Gorostiaga, que a veces da la sensación de hastío y de escaso interés por repetir como candidata. Una perspectiva con la que ya trabaja más de uno dentro del partido y que ha llevado a que tanto el grupo de Fernández Mañanes como el de Guimerans como los ex-Idcan aspirasen a conseguir la Secretaría de Organización, una plataforma para el lanzamiento de un nuevo candidato. La misma aspiración a postularse como futura candidata al Gobierno tenía, por supuesto, Blanca Rosa Gómez Morante, por lo que parece que en el PSOE cántabro sobren los recambios, aunque la opinión popular no visualice, hoy por hoy, ninguna alternativa a Lola Gorostiaga.

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