Editorial

De tanta sublevación interna quedará muy poco, aunque llene muchas páginas de periódicos y una buena muestra es lo que ha ocurrido en la CEOE. Los empresarios han optado finalmente por entregar el poder a Miguel Mirones y acabar de una vez con un embrollo que había conseguido incomodar a todo el mundo. Eso sí, nada ha sucedido por casualidad. Mirones ha demostrado que puede manejar mejor que nadie los errores de sus rivales y, como ya presumíamos en estas páginas cuando fue elegido con una minoría muy precaria, sólo necesitaba un poco de tiempo para dar la vuelta a aquella situación, como se la había dado años antes a una muy parecida en la Asociación de Hostelería.

Quizá sea verdad que lo que no mata engorda y todas las maniobras contra el presidente de la CEOE han acabado por reforzarle: La caída del secretario general, Miguel Ángel Castanedo –que curiosamente fue el muñidor de su candidatura frente a la de Fidel González Cuevas– le quitó de en medio al auténtico poder fáctico de la CEOE. La escisión posterior de los constructores y Pymetal le alivió en su comprometida mayoría y, finalmente, las guerras internas de quienes quedaron en su propio Comité Ejecutivo le han puesto en bandeja esa presidencia ejecutiva que necesitaba. Puede venir al caso un epigrama que publicaba hace ahora un siglo un periódico español, a propósito de otro dirigente duro de pelar: “Enterraban a un guerrero / creyendo que era difunto / y despertó tan a punto / que mató al sepulturero / Al que enterraban primero / mandó luego un batallón / y al que con su azadón / cavaba la sepultura / está sin que venga el cura / a darle la extremaunción.” Quienes confiaban en suceder a Mirones en seis meses, por haber llegado al cargo con una Ejecutiva muy heterogénea, en la que apenas tenía hombres de confianza, o que, en última instancia, la quiebra de Socueva acabase por inhabilitarle, ni siquiera están ya en la organización. Eso es lo que suele pasar con las previsiones.

Mirones se las ha arreglado para atraerse al Gobierno –a pesar de su histórico desencuentro con Marcano–, para controlar a su incómodo gabinete (el Comité Ejecutivo) desde la Junta Directiva y para que ésta le haya abierto el camino a desembarazarse de los críticos con una reforma de los estatutos que van a dar al presidente el poder real que, curiosamente, estaba en manos de la burocracia de la organización y de un equipo de gobierno que era todo menos equipo. Es cierto que ha padecido una excisión muy grave, con la salida de dos de las organizaciones sectoriales más importantes, pero la vuelta de los constructores es cuestión de tiempo, porque a los empresarios, como a todo el mundo, les incomodan las divisiones y porque las cargas de profundidad que CEOE ha lanzado contra el Metal y la Construcción, a través de nuevas patronales, es un golpe duro.
En la última asamblea, la patronal se ofreció a los empresarios para organizar cuantos cursos de formación necesiten, por poco convencionales que parezcan. Visto el magisterio que ha demostrado el presidente en la materia, propongo que se haga uno sobre cómo sobrevivir y hacerse fuerte en tiempos de crisis. Con los tiempos que vienen, será un éxito.

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