Los ingresos del puerto de Laredo ya superan los gastos

El progresivo crecimiento del área recreativa y el enorme éxito del puerto pesquero empiezan a justificar la inversión

El Gobierno regional se hizo con la gestión del nuevo puerto de Laredo, al entrar en crisis las concesionarias y, con la ayuda de la recuperación económica consiguió que mejorase la ocupación lo suficiente como para evitar incurrir en pérdidas. Es uno de los pocos sectores no afectados por la pandemia, excepto en el mercado de embarcaciones, que se ha quedado sin stoks.

 

Han pasado diez años y ha tenido que superar la gran crisis económica y la del coronavirus, dos acontecimientos que nadie esperaba cuando se proyectó, pero el Puerto de Laredo ya ingresa más de lo que gasta. El superávit no es mucho, 500.000 euros este año, para la enorme inversión realizada pero empieza a justificar una instalación que ha tenido que luchar contra un temporal que disparó su coste, una crisis económica que hundió la demanda de atraques y un rosario de juicios instados por las constructoras en los que el Gobierno finalmente ha hecho valer su criterio. José Luis Gochicoa, actual consejero de Obras Públicas, da por cerrada esta época y se fija en el efecto que empieza a tener sobre el empleo de la zona, tras aumentar la ocupación de los pantalanes, multiplicar las descargas pesqueras y aumentar los servicios.


Cuando se concluyó el puerto de Laredo, la gran crisis económica ya estaba encima y la concesionaria no pudo comercializar las plazas previstas. Sin embargo, Miguel Ángel Revilla aseguró que nunca acabaría como el aeropuerto de Castellón, el uno sin barcos y el otro sin aviones. En Castellón ya aterrizan algunos, pocos, pero en Laredo el verano pasado ya hubo semanas en que se llegó al 50% de su capacidad recreativa, que supera los  800 amarres. A su vez, el puerto pesquero, que ocupa parte de este complejo marítimo, ha conocido un sorprendente crecimiento, hasta el punto de que Laredo se ha convertido en otra referencia para la flota del Cantábrico, como tradicionalmente lo ha sido Santoña.

Gracias a ese aumento de la actividad profesional y de la recaudación por amarres, complementados por la marina seca y varias concesiones, la cuenta de explotación del Puerto empieza a ser positiva. Este año, ganará unos 500.000 euros, una cuantía esperanzadora, aunque en esa cifra no se computa la amortización de la obra, como ocurriría en una empresa privada.

El puerto pesquero de Laredo ha conocido una sorprendente evolución desde que se reubicó en el nuevo puerto y ya se equipara con el de Santander en descargas de pescado.

Tras la quiebra de la sociedad Marina de Laredo, que crearon las dos constructoras, FCC y Ascan, con derecho a la explotación del puerto durante 40 años, se hizo cargo la propia Consejería de Obras Públicas, que pasó a tener la triple condición de gestora-comercializadora, propietaria y autoridad competente. Las perspectivas no eran buenas pero en este tiempo han ido creciendo los amarres alquilados, aunque siguen quedando libres muchas de las más de 800 plazas; se han incorporado equipamientos y locales hosteleros y se ha disipado una gran incertidumbre, el coste final para el erario público, al dar por bueno el Tribunal Supremo la valoración que hizo el Gobierno cántabro, cuando rescató la concesión. La comunidad, que ya había pagado gran parte de la obra, abonó otros 12,6 millones por el rescate pero las adjudicatarias reclamaron que la indemnización incluyera un beneficio industrial del 6%, que el Supremo no ha concedido, aunque sí se les devolverán 2,7 millones de IVA que habían abonado a la Agencia Tributaria y que ésta entregó al Ejecutivo regional.

La inversión pública realizada en la construcción del puerto de Laredo quedará finalmente en algo menos de 70 millones de euros, de los 80 que costó la obra.

El crecimiento del puerto pesquero

El consejero de Obras Públicas, José Luis Gochicoa, confía en poder reanudar la obra del puerto de San Vicente antes de que se extinga el contrato actual de construcción. FOTO: MARÍA CASUSO

La Consejería, ha seguido acrecentando el proyecto en los últimos años. La última incorporación ha sido un edificio multiusos, construido sobre la explanada existente, y pronto acometerá una mejora y ampliación de la lonja y de la fábrica de hielo, que se ha quedado pequeña, porque la actividad del puerto pesquero ha crecido de una forma sorprendente. Hace diez años, los puertos de Santoña (sobre todo) y Laredo subastaban pesca por valor de 7 millones de euros. En alguno de los últimos ejercicios han llegado a sumar 18 millones, al multiplicarse las de Laredo.

Aunque inicialmente hubo una notoria tensión, porque la flota de Santoña se quejaba de que el nuevo puerto deportivo estaba provocando una colmatación de arena en sus accesos, que obligaba a su clientela a desviarse a Laredo, los dragados resolvieron el problema.

José Luis Gochicoa, consejero de Obras Públicas atribuye el crecimiento del puerto pesquero laredano a un conjunto de factores favorables, desde su posición geográfica –cercana a la vez a los caladeros y a las industrias transformadoras de pescado– a la rapidez con que se gestionan las descargas, que permiten volver a pescar muy rápido. También cita la seguridad en los accesos y los acuerdos que han alcanzado algunas cadenas de supermercados con armadores locales para comprarles directamente toda la pesca de sus barcos.

Días de 400 embarcaciones

El puerto deportivo no crece al mismo ritmo pero lo ha hecho significativamente desde que la Consejería recuperó la concesión, al quebrar su titular. El pasado año hubo días en que entre embarcaciones residentes y en tránsito se alcanzaron las 400 amarradas, sin contar las 150 del puerto viejo, enclavado entre los nuevos pantalanes y el casco urbano.

El creciente movimiento también se deja notar en las actividades complementarias. El puerto contaba con una amplia marina seca y otra zona de carena al aire libre, además de un travelift capaz de elevar embarcaciones de hasta 20 metros de eslora y 50 toneladas, pero seguía teniendo carencias que empiezan a quedar resueltas. Hace unos meses ha añadido un Edificio Multiusos, un gran espacio cerrado en el que se podrán realizar a cubierto reparaciones y tareas de mantenimiento en barcos de hasta 20 metros de eslora. “Pocos lugares pueden presumir de tener algo parecido”, sostiene el consejero.

Una recreación de cómo será el puerto deportivo de San Vicente que pretende hacer el Gobierno, con los nuevos pantalanes en primer término.

En el edificio queda un módulo vacío, que será destinado a la venta de embarcaciones. No se ha podido ocupar aún porque el mercado náutico atraviesa una situación insólita, por falta de barcos nuevos, al confluir el incremento de la demanda de yates que se ha producido tras la pandemia con la escasez de unos microchips imprescindibles para cualquier instrumento de navegación que utilice pantallas.

Gochicoa confía en que esta situación se normalice poco a poco a poco, aunque está convencido de que la demanda de embarcaciones se mantendrá alta, “porque la gente ha descubierto que el barco es una burbuja segura”, dice. Por tanto, da por sentado que este punto de venta de embarcaciones será un aliciente más del puerto en cuanto los fabricantes consigan desatascar el mercado.

‘En San Vicente no estamos hablando de hormigonar nada, solo son unos pantalanes flotantes’

Otro ámbito que crece es el del ocio en tierra. Las grandes campas empiezan a estar ocupadas casi por completo por las nuevas instalaciones y por un espacio de hostelería que ha tenido un gran éxito, al que ahora se le va a sumar un segundo establecimiento, de forma que solo quedará libre una parcela.

Estas actividades públicas y privadas dan trabajo a 20 personas en invierno y a unas 50 en verano. El Gobierno confía en la recuperación del mercado potencial que Laredo tiene en el País Vasco y en la captación de una parte de la gran flota francesa en tránsito generen más empleo. Por lo pronto, se ha conseguido que la estancia media de estos barcos de paso haya subido de poco más de un día a dos.

San Vicente, en los tribunales

Una vez despejadas las sombras que había sobre la enorme obra de Laredo, las incertidumbre quedan reducidas al futuro puerto deportivo de San Vicente, cuyos trabajos han sido paralizados cautelarmente, por decisión judicial, tras completarse la mejora del paseo marítimo y la escollera, a raíz de una denuncia de Ecologistas en Acción. En octubre se verán las pruebas aportadas y la Consejería confía en poder reanudar la obra poco después, ya que el informe del perito judicial indica que los nuevos pantalanes apenas afectarán a entre un 1% y un 3% del hábitat declarado zona natural LIC, una afección tan escasa, según el consejero, “que es inferior a la que producen ahora los barcos en tránsito que fondean en esa bahía”.

El proyecto supone pasar de los 90 amarres actuales a 270. “No estamos hablando de hormigón ni de construcciones del tipo del puerto de Laredo” recalca Gochicoa “sino de un simple dragado y el fondeo de pantalanes”. Y añade que “incluso en el caso de que no se hiciesen los 270 atraques nuevos sería necesario dragar esa misma área para los que ya existen”, tratando de dejar claro que el daño ambiental es tan escaso como carente de alternativas.

El puerto deportivo de San Vicente es decisivo en la estrategia náutica que se ha planteado el Gobierno cántabro, ya que completa la oferta para el tránsito costero, con los de Santander y Laredo (y con Suances como puerto refugio). Los ojos del Gobierno están puestos en la captación de la importantísima flota de recreo francesa, en la celebración de eventos náuticos y en el amplio ámbito de influencia que puede tener, ya que a su izquierda no existe otro puerto deportivo relevante hasta Gijón.

Gochicoa está convencido de que será un revulsivo turístico para San Vicente (“al nivel del puerto de Laredo”, sentencia) pero lo que decida el juez no es la única incertidumbre. A consecuencia de la paralización judicial, la empresa adjudicataria de los trabajos ha pedido la rescisión del contrato. Obras Públicas confía en que, si el juzgado da vía libre en octubre, para esa fecha aún esté sin cerrar el expediente de rescisión y la contratista se avenga a continuar la obra. De lo contrario, sería necesario volver a licitarla, lo que, teniendo en cuenta todos los plazos legales, impediría tener el nuevo puerto deportivo acabado antes de dos años.


La nave que completa los equipamientos del puerto de Laredo

 

El edificio de usos múltiples, construido por Fernández Rosillo y proyectado por Ingeconsul, que también dirigió la obra.

Poco antes del verano el puerto deportivo de Laredo inauguraba la nueva nave de usos múltiples que ha venido a resolver varias carencias de servicios que tenía desde el principio, como los de taller (solo contaba con un área técnica) o un espacio para la compraventa de embarcaciones, que por el momento no se ha puesto en marcha, porque el mercado está desabastecido tras la pandemia y no tenía sentido inaugurarlo en esas condiciones.

El edificio también albergará otros servicios, como lavandería o unos trasteros (taquillas grandes) donde propietarios de embarcaciones puedan guardar sus cañas de pescar o material que no quieran tener dentro de la embarcación por motivos de seguridad. Asimismo, dispone de unas aulas de formación para impartir técnicas de navegación en vela o buceo, y en la parte superior habrá una terraza para eventos.

Cada una de estas prestaciones serán explotadas por concesionarios privados.

El nuevo edificio ha costado algo más de un millón de euros y tiene 50 metros de largo por 25 de ancho y 9,5 de altura (7,5 útil). La estructura es de hormigón armado prefabricado y la cubierta, en la zona no ocupada por terraza, se ha resuelto mediante panel tipo sándwich de chapa de acero prelacada, que se ha combinado con otros de metacrilato para permitir la entrada de luz natural al interior del edificio.


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