Opinión

Sidenor Reinosa: Una venta con garantías

La fábrica de Sidenor en Reinosa va a volver a cambias de manos. Éramos conscientes de que los actuales propietarios, los directivos del grupo que se hicieron con el control gracias al apoyo financiero del Gobierno vasco, no tenían mucho interés en mantener la planta cántabra, cuyas circunstancias son específicas, por el tipo de producto y porque se mueve en un mercado muy cíclico, en el que se pueden conseguir importantes rendimientos pero que también padece largos periodos de pérdidas. Una situación que los compradores, muy endeudados por su inversión, no pueden sostener. Por tanto, era cuestión de tiempo que se anunciase su reventa, y ese tiempo ha sido muy breve, lo que vuelve a colocar en una situación de incertidumbre a Reinosa y al propio Gobierno cántabro, que ya tuvo que hacer un esfuerzo financiero muy importante para convencer a los actuales propietarios de que la fábrica no se podía cerrar.

Con la inminente venta de esta factoría centenaria vuelve a estar en veremos el futuro de buena parte de la región, además de la inversión que hizo en ella el Gobierno cántabro, quince millones de euros, a cambio de un 24% del capital. No vale con tener un comprador sino que ese comprador ha de ser fiable. A lo largo de los años, hemos conocido muchos ejemplos de factorías importantes, algunas de ellas históricas, que fueron vendidas a oscuros fondos de inversión o a poco conocidos brokers que dos o tres años después desaparecían en la misma bruma de la que habían surgido, dejando a la empresa en estado crítico y a los trabajadores sin nadie solvente a quien reclamar, lo que hace sospechar que muchas de esas operaciones no tenían otro fin que disipar en una cortina de humo las obligaciones del propietario original, para no afrontar las responsabilidades económicas y los conflictos que conllevan un cierre.

La fábrica de Reinosa es muy importante para que quede en manos de unos desconocidos cuyo compromiso con Cantabria es ninguno

Sidenor tiene dos ofertas y puede que las dos sean solventes, pero solo la que encabeza Javier Cavada, exvicepresidente mundial de Wartsila, ofrece certezas, ya que Wartsila –que le apoya– es el principal cliente que tiene la fábrica de Reinosa y el que puede hacer que se convierta en auténticamente rentable con el mero hecho de aumentar los encargos que reparte entre varios proveedores. Como cántabro que es, Cavada también garantiza que no desaparecerá al cabo de un tiempo, en una huida programada, algo que nadie puede asegurar de los otros candidatos.

Los propietarios de Sidenor necesitan dinero pero Gobierno cántabro necesita garantías y, a igualdad de ofertas, si es que fuesen iguales, debe forzar los acontecimientos para que el adjudicatario sea el empresario cántabro, la única propuesta que resulta tranquilizadora. Cavada es muy conocido en el sector; adquirió un gran prestigio internacional al convertir la división de energía de Wartsila en uno de los grandes operadores internacionales de un negocio en el que su competencia eran multinacionales gigantescas aparentemente imbatibles, y ahora es el máximo ejecutivo de una compañía energética británica.

La fábrica de Reinosa es demasiado importante para que quede al albur de unos compradores desconocidos cuyo compromiso con Cantabria es ninguno. Y los actuales propietarios de Sidenor, que han tenido el favor de los gobiernos vasco y cántabro cuando lo han necesitado tendrán que tener ahora en cuenta su opinión.

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