Círculo Empresarial

’En Cantabria y en España lo tenemos todo, solo nos falta dar el paso’

Javier Cavada, vicepresidente mundial de Wartsila:

El santanderino Javier Cavada ha sido la primera persona de nacionalidad no finlandesa en entrar en el consejo de administración de la multinacional nórdica Wartsila, la mayor constructora de motores navales del mundo y la tercera instaladora de plantas eléctricas. Con menos de 40 años se convirtió en vicepresidente de esta compañía que factura más de 5.000 millones de euros, y presidente de su división de energía, un área de negocio que ha crecido de una forma sorprendente desde entonces. Cantabria Económica le invitó a contar su experiencia en su club empresarial y ahí Cavada dejó muy clara la vinculación que sigue manteniendo con su región de origen y puso un especial empeño en convencernos de que hay que salir, “pero porque fuera nos necesitan”. En su opinión, la formación de los españoles, su multiculturalismo y sus particularidades son muy cotizadas en un mundo donde todo cambia muy rápido.


Cavada se desplazó desde Finlandia para atender la invitación del Círculo Empresarial Cantabria Económica. Con sus casi dos metros de humanidad puede que pase desapercibido en el país nórdico pero no en su Cantabria natal. En su motivadora charla ante 70 empresarios cántabros del club formado por la revista, no solo se comprometió a reunirse con los miembros del cluster naval creado en la región, para los que Wartsila puede ser la puerta de entrada en el mercado mundial, sino que se ofreció a seguir colaborando con Sidenor Reinosa, una buena noticia para la industria campurriana, ya que es la principal compradora de sus grandes piezas forjadas.

Cavada es un pionero de las nuevas generaciones de cántabros que buscan su futuro profesional fuera de la región. En su caso fue una decisión personal, y no forzada, puesto que ya había alcanzado la dirección de la fábrica de hélices que tiene Wartsila en Maliaño, la antigua Navalips, después de pasar como becario y como ingeniero por Bosch Treto, donde coincidió con José Luis Gutiérrez, actual director de la planta, que estaba presente en la charla, al igual que el presidente de Sidenor Forging & Casting.

Cavada, que durante su estancia en Bosch había viajado con frecuencia a Alemania y dominaba varios idiomas, no puso objeciones a la propuesta de Wartsila de hacerse cargo de una de sus fábricas en China, donde llegaría a dirigir las tres del grupo, y así comenzó un periplo que le llevó también por Italia hasta llegar finalmente a la sede de la multinacional en Finlandia.

“No hay una vida laboral y una vida personal. Todo es vida”, dice. Coherente con esa filosofía que compartió con los socios del Círculo Empresarial Cantabria Económica, asegura que ha sido feliz allí donde le han enviado: “Como solo tenemos una vida, hay que disfrutar un montón y en mi caso, eso es ponerme dificultades y superarlas. Una vez superadas, me voy a otro sitio”.

‘Tenemos que salir fuera, porque fuera nos necesitan’

Quizá por eso no le costó  trasladarse a Finlandia, donde además de hacerse cargo de la vicepresidencia mundial de este conglomerado industrial que factura más de 5.000 millones de euros y tiene un beneficio de alrededor de 600, le propusieron hacerse cargo de la presidencia de la división energética, un ámbito de negocio del que se manifestó desconocedor, pero que aceptó como reto. Si en los motores de barcos Wartsila es hegemónica, con el 80% del mercado mundial, en la construcción de plantas eléctricas, donde ha entrado mucho más tarde, su cuota era mucho más modesta, muy por debajo de la de General Electric o Siemens, pero en los tres años que lleva Cavada en el cargo, Wartsila se les ha acercado muy deprisa, con crecimientos anuales de entre el 50% y el 90%, y en estos momentos ya es la tercera instaladora mundial de plantas eléctricas llave en mano, con una cuota del 19% (GE está en el 29% y Siemens en el 25%) y tiene proyectos de construcción en todo el planeta, con una oferta que incluye solares (con baterías), eólicas, de gas y convencionales, aunque él está convencido de que el futuro está en las dos primeras: “Las energías renovables no es que hayan llegado para quedarse; han llegado para dominar el mercado”, sostiene rotundo, ante el drástico abaratamiento de los paneles solares que se ha producido en estos últimos años y el aumento en la eficiencia de las baterías que almacenan esa energía para ser utilizada cuando no hay sol.

Wartsila está dispuesta a que nadie le adelante en este terreno y Cavada recuerda que Tesla, otro abanderado de la energía solar, más conocido por el gran público por sus coches eléctricos, entregó el pasado año 104 Mw de potencia en nuevas plantas mientras que su compañía entregó 3.500.

El ingeniero cántabro no pierde la oportunidad de comparar las circunstancias de Finlandia y las de su empresa con las de Cantabria, para convencer a los empresarios de su tierra de que es posible sobreponerse a las dimensiones del mercado interno cuando hay otros factores favorables y, sobre todo, empeño.

Los empresarios cántabros que participaron en el encuentro con Javier Cavada, que aparece en el centro de la fotografía con el director de Cantabria Económica.

El país nórdico apenas tiene cinco millones de habitantes y un PIB como el de Cataluña, pero ha conseguido crear multinacionales de primera línea mundial, como Nokia, Wartsila o la minera Outokumpu. Eso es producto, en su opinión, de la “consistencia y cumplimiento de lo prometido” que caracteriza a la compañías finlandesas, un reflejo de la personalidad de sus habitantes, forjada por la necesidad de superar un clima tan hostil: “Allí, si no planificas bien y cumples el plan, falleces. Tienes que tener comida, leña, agua y la forma de sobrevivir durante seis meses de terrible invierno. Y eso está en el ADN de los finlandeses. No conozco a ninguno que no tenga una casa fuera de las ciudades, y no son chalets como los que tenemos aquí. Son de madera, que construyen ellos, sin conexión de agua, sin electricidad, para lo que se valen de un generador. Todo el mundo, incluidos los pequeños, saben cazar, saben pescar y saben construir. Eso forma parte del orgullo finlandés”.

Cavada propone a los cántabros que aprovechen sus fortalezas de una manera semejante. “Ellos y nosotros somos los mejores en muchas cosas pero somos un granito de arena en el mundo. Tenemos que ser ambiciosos y entrar en sectores donde no nos esperan”, recomienda.

Ante el declive de la construcción naval, Wartsila tuvo que tomar decisiones estratégicas y concentrar su actividad en el único subsector que seguía creciendo, el de los cruceros, además de diversificarse, aprovechando sus motores navales para las centrales eléctricas, tras desarrollar una tecnología que los ha convertido en el aliado perfecto para el sector eólico, cuyo principal problema es la intermitencia, ya que al utilizarlos como respaldo, regulando su aportación en función del viento que hay en cada momento, pueden conseguir que los parques eólicos entreguen energía a la red de forma continua y fiable, algo que también ha servido para las centrales solares.


‘La energía solar se impondrá, al caer el precio de los paneles’

Motores de una central eléctrica montada por Wartsila en EE. UU.

Javier Cavada se mostró muy crítico con el sistema eléctrico español. “Es uno de los más excedentarios del planeta, en un sector donde a los países o les falta capacidad o la tienen muy ajustada”, dijo al ser interrogado por el alto coste de la energía en nuestro país. Lamentó que el 30% de las plantas térmicas españolas están paradas desde hace diez años: “Un Gobierno les da una prima, otro les pone una multa, otro cambia de opinión…”. Un mal que consideró casi endémico en Europa.

El parque nacional de centrales eléctricas no solo tiene el problema de ser excesivo, también se ha quedado obsoleto, en su opinión: “Aún estamos utilizando carbón, algo que como ingeniero me resulta doloroso. Estamos utilizando tecnología como la que utilizan en Mianmar (la antigua Birmania) o en Filipinas, teniendo plantas mucho más eficientes paradas, que no se utilizan porque son penalizadas por el sistema”. Es el resultado de una política que no mira al futuro: “Ahora mismo tenemos en España demasiados impuestos a las energías limpias y cero impuestos para las peores”, criticó.

Para él resulta muy evidente que la modernización no vendrá por la energía nuclear, la apuesta de Francia (“porque cuesta muchísimo y tiene mucho riesgo”, sostiene) sino por la solar y por la nueva generación de energías renovables, mucho más barata que la anterior, hasta el punto de asegurar que “las plantas de Wartsila –o las de nuestra competencia– con las últimas tecnologías se pagan en menos de treinta meses”.

El ingeniero cántabro lamentó que España esté dando la espalda a la energía solar, cuando es el país europeo con más irradiación. Tanto que cree que prácticamente se podría acabar con la dependencia de los combustibles fósiles: “Con solar y las plantas hidroelécticas no necesitaríamos nada más”, dijo, y puso como ejemplo de las nuevas tendencias el estado norteamericano de Texas, “donde tienen bajo tierra petróleo bastante como para bañarse, y un 31% de la electricidad que producen ya es solar”. Por eso, se mostró convencido de que, aunque el actual Gobierno español haya cortado el desarrollo de la energía solar, volverá.

Frente a la idea general de la energía solar es cara, Cavada defiende que se ha convertido en la más barata, como consecuencia de la radical caída de los precios de los paneles de captación en los últimos cinco años, a consecuencia de la enorme competencia entre los fabricantes chinos. Una evolución que ha dejado fuera del mercado a los pioneros en el montaje de plantas solares, como Abengoa, pero que está impulsando a empresas como la suya. Tanto que recomendó a los industriales presentes en la sala que pongan paneles solares en los techos de sus fábricas. Alguno de ellos, como el responsable de la antigua Bosch de Treto aseguró que una experiencia en este sentido no salió muy rentable y Cavada lo achacó al precio que tenían los paneles solares hace algunos años, muy diferente al actual.


Construir cruceros

Al valorar las posibilidades del sector naval cántabro, Cavada recordó que 2017 ha sido el año con menos botaduras de barcos desde 1981 y el efecto dramático que eso ha causado en otros países: “Cuando vivía en China, allí había 2.500 astilleros; ahora hay 400 y el resto han sido cerrados de la peor manera. Aquí hay regulaciones, allí hay auténticas tragedias”, resumió con crudeza.

Si Wartsila sobrevive con sus motores en un entorno tan adverso es por haberse reorientado al suministro de los cruceros, en donde ha conseguido el 87% del mercado. Su planta de Maliaño suministra las hélices de algunos de esos barcos. “Me pregunto con mucho dolor por qué no se pueden lanzar nuestras empresas del sector naval a por estos mercados, con las instalaciones maravillosas que tenemos”, dijo. En su opinión, es un ámbito de negocio que se ajusta mejor a las empresas europeas, “porque la construcción de ferries y cruceros necesita unos niveles de calidad e ingeniería brutales. Son hoteles de cinco estrellas estancos en el agua y seguros”. “Nadie se va a ir a encargar un crucero a China”, añadió, “solo se hacen en Finlandia, Alemania e Italia”.

‘Si nuestro astilleros hiciesen cruceros tendrían cartera de pedidos rápidamente’

Cavada sostiene que, en España “somos igual de espabilados que en esos países pero nos falta ambición, agresividad” y está convencido de que si un astillero español se lanzase a construir cruceros tendría rápidamente pedidos, dado que hay lista de espera en los pocos que los construyen.

El reto no es sencillo, en cualquier caso, como tampoco el que le lanzó a Sidenor: “Nosotros [por Wartsila] os seguiremos comprando, pero el mercado ahora está en China y en la India. Son los que tienen dinero y hay que ir a buscarlo allí”, enfatizó. El directivo cántabro parece empeñado en convencer a los demás que ese componente de osadía que le lleva a él a presentarse ante dirigentes de todo tipo de países para venderles plantas de energía de cientos de millones de euros está al alcance de cualquier nativo de nuestro país: “En España, en Cantabria tenemos todo, tenemos el cerebro, tenemos la educación, la preparación… Solo nos falta dar el paso y decir: yo hago esto. Hay que lanzarse y tener arrojo”.

‘Para los chinos somos lo máximo’

Él , no obstante, está convencido de que el valor no se crea ya a nivel local y enseña un gráfico con el auténtico mapamundi humano de su empresa para demostrar el empuje que le ha dado la multiculturalidad. Dentro de esa mezcla de genéticas, sostiene que el factor español es especialmente relevante, por sus características culturales y de carácter. “Tenemos que salir fuera”, enfatiza, “pero no porque lo necesitemos nosotros, sino porque lo necesitan ellos”.

Un mensaje que, como todos los suyos, contradice radicalmente la opinión que los españoles tenemos de nosotros mismos: “Yo he estado cinco años en China y ¿que piensan de nosotros? Pues que somos el top. Que tenemos tecnología, a Rafa Nadal, a la Selección de fútbol, escritores, artistas, museos… Pero nosotros no nos lo creemos”.

Cavada sostiene que “Cantabria puede ser número uno, pero nunca lo será si no lo peleamos, si no ponemos en riesgo lo que tenemos” y advierte que hay que aprovechar cuando las cosas van bien “porque entonces es cuando se puede hacer algo distinto”.

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