A fondo

El Real presenta en sociedad su reforma

Este mes se inicia la obra de la suite principal

El nuevo director del Hotel, Ricardo Silvestre.

Renovarse o morir. El Hotel Real se ha decantado por la primera opción, después de unas obras que mantuvieron sus puertas cerradas durante seis meses, y, a pesar de que la reapertura se produjo en mayo, acaba de presentar en sociedad su rostro rejuvenecido, aunque con el mismo carácter de siempre.

En la celebración del evento estuvieron presentes más de 300 personas del ámbito político, cultural y social de Santander; el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla; la alcaldesa de la ciudad, Gema Igual; Javier y Carmen Botín, representantes de la familia propietaria del inmueble, y Amancio López Seijas, presidente del grupo Hotusa Eurostars, que gestiona el Hotel desde 2013.

Las reformas han afectado a 123 habitaciones y ocho suites a lo largo de las siete plantas (incluyendo la principal y el sótano).

En cambio, la suite de dos plantas situada en la cúpula del Hotel es un proyecto aparte. Todavía no ha afrontado ninguna modificación, debido a que necesita un tratamiento especial, y su acondicionamiento comenzará a finales de este mes.

Entre los cambios de mayor importancia destacan la restauración del suelo, con nuevas moquetas tanto en los pasillos como en las habitaciones, la incorporación de llave de proximidad, nuevo sistema de electricidad y aire, sistema de luz LED y el aislamiento acústico, para preservar la intimidad de los clientes, además de los nuevos baños alemanes. Las reformas se han aplicado de manera uniforme en todos los rincones y proporcionan una mayor luminosidad interior, también al vestíbulo. En el  vestíbulo se ha sustituido el característico suelo de marquetería de madera, muy deteriorado, por otro de mármol.

El espíritu sigue intacto

El bar-cafetería, con su nueva imagen.

El mobiliario tradicional no se ha cambiado, para salvaguardar la esencia del Hotel, inaugurado en 1917, aunque se han restaurado parte de las tapicerías. En 1915, el Rey Alfonso XIII encargó la ejecución de este proyecto al arquitecto cántabro Javier González De Riancho, que se decantó por una construcción de estilo neofrancés con decoración inspirada en el estilo Luis XVI.

El spa también ha conocido una renovación. Se ha reparado el gresite y se han eliminado los espejos y cristales que recubren el recinto, pero se preservan los servicios que ya tenía, como la sauna, el baño turco o el jacuzzi.

El spa se ha sometido a una puesta al día.

En el Salón Real, habitualmente utilizado para los eventos, se han retirado algunos elementos para favorecer el acceso de la luz solar y aprovechar las vistas del entorno.

El área de desayunos se ha ampliado, para aumentar el número de servicios, así como el tamaño de la terraza y el Salón Rosaleda, con el objetivo de que los clientes puedan desayunar tanto en el interior del edificio como en el exterior.

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