A fondo

Amica quiere hacer un parque temático prehistórico en los terrenos de la mina de Reocín

Por su proximidad a la Cueva de Altamira, aprovecharía su flujo de turistas y dinamizaría la Cuenca del Besaya

La cuenca del Besaya es un lugar turístico solo ‘de paso’ pero la asociación Amica tiene un proyecto de gran calado para convertirlo en un destino en sí mismo. Gracias a la existencia de una enorme reserva de suelo sin uso, el de la antigua mina de Reocín, y a su proximidad a la Cueva de Altamira, pretende crear un parque temático prehistórico, que aproveche los enormes flujos que genera Santillana del Mar para ofrecer al visitante toda una experiencia, la de conocer cómo era la Cantabria del Cuaternario, con sus bosques, los bisontes en semilibertad y la vida de los hombres que pintaron Altamira.


Las expectativas que ha abierto la posibilidad de volver a explotar el mineral de zinc que aún existe en el subsuelo de Reocín y Santillana del Mar nada afectan a los amplísimos terrenos de la antigua mina de AZSA. La explotación se hará en niveles muy inferiores del subsuelo, en zonas no siempre coincidentes y las entradas estarán lejos de las que se utilizaron en su día. Eso significa que 230 hectáreas situadas en un lugar estratégico de la región seguirán sin tener un destino ni una utilidad específica. La mayoría de ellas siguen en manos de AZSA, algunas otras son de las empresas públicas Mare o Sican y, por su gran extensión se desparraman sobre cuatro municipios: Torrelavega, Reocín, Cartes y Santillana del Mar.

El Zoo de Santillana ya incorporó en 2003 un Parque del Cuaternario, con los animales que previsiblemente había en la zona hace 14.000 años: bisontes europeos, caballos de Przewalski, ciervos, jabalíes, renos, linces boreales, corzos, nutrias europeas, osos, lobos ibéricos y ardillas europeas.

La Asociación Amica, que ha creado un complejo medioambiental en la provincia de Valencia para promover la integración laboral de personas con algunas capacidades disminuidas, está convencida de que podría acometer un proyecto parecido en su tierra de origen. Si en su Campus Diversia, de Valencia, se orienta hacia la formación en materias agrarias y de hostelería rural y ya ha empezado a producir vino y aceite gracias a los recursos que tenía la finca, en los terrenos de la antigua mina de Reocín cree que podría hacer un parque temático sobre la prehistoria, dada su cercanía a las Cuevas de Altamira, un imán para el turismo que no se aprovecha suficientemente, en opinión de Tomás Castillo, gerente de Amica y promotor incansable de las iniciativas que en 30 años han convertido esta asociación de personas discapacitadas en un auténtico holding empresarial, con lavanderías, talleres de confección y plantas de reciclado, además de una enorme red de centros de atención, que en este tiempo han dado empleo a más de 5.000 personas discapacitadas, dentro y fuera del perímetro de Amica, de las que más de 1.500 siguen en activo.

Castillo se muestra convencido de que quienes visitan el museo de Altamira y los pocos afortunados que pueden ver la cueva original “salen con ganas de más”. Y en ese más encuadra esa especie de parque temático prehistórico, que podría acometerse en las inmediaciones, con una manada de bisontes en semilibertad, árboles de la época y figurantes que representarían las formas de vida de entonces.

Amica se hizo cargo hace dos años de una finca de 400 hectáreas en Valencia, donde ha creado el Campus Diversia para la integración laboral de discapacitados.

La iniciativa le ha sido presentada a varios miembros del Gobierno cántabro, que la han acogido con interés, pero requiere resolver más problemas administrativos que económicos. Amica está acostumbrada a desarrollar sus proyectos con muy pocos medios (lo está demostrando en su finca de Valencia, de más de cuatro millones de metros cuadrados) y estima que con 3,4 millones de euros ya podría afrontar la primera fase. Al menos la mitad de ese dinero podría conseguirse a través de programas de la Unión Europea para el restablecimiento de suelos degradados por actividades industriales e iniciativas rurales. En ese caso, el Gobierno cántabro, debería convertirse en cofinanciador y aportar otra parte. El resto lo pondría Amica, la sociedad promotora, una entidad sin ánimo de lucro muy innovadora en sus programas de atención de las personas con discapacidades. En lugar de separarelas en función de su discapacidad, como se ha venido haciendo tradicionalmente, apuesta por la convivencia de todos ellos en sus centros de atención y en sus empresas, al entender que, de esta forma, las complementariedades favorecen la integración de todos ellos.

En la primera fase se procedería a la plantación de 93.000 árboles de las especies que estaban presentes en la región hace 20.000 años, cuando se pintaron las Cuevas de Altamira, y a la introducción de una manada de bisontes, probablemente de procedencia polaca, ya que en aquel país se conservan rebaños de bisonte europeo que, si no son la misma especie (algo que por el momento, no se puede confirmar) no son muy distintos a los que había en la zona cantábrica.

Esta primera fase generaría 43 empleos, la mayoría en el proyecto de recuperación paisajística, que básicamente tendría como misión atenuar los taludes, estabilizar y cubrir los suelos con residuos mineros y la plantación de los árboles.

Como centro especial de empleo, Amica tiene como objetivo la integración laboral de las personas discapacitadas, pero el proyecto va mucho más allá, como ya empieza a ocurrir con su Campus Diversia, al que acuden expertos nacionales y extranjeros, y que ha creado grandes expectativas en los ayuntamientos de la zona, por su capacidad para dinamizar turística y laboralmente una comarca de la montaña que apenas tiene actividades económicas.

Dinamización turística de la cuenca del Besaya

El parque temático de la prehistoria empujaría, en su opinión, todo el sector hostelero de Torrelavega, Cartes y Reocín, que pasarían a ser municipios turísticos, como lo es Santillana del Mar, y que ahora apenas aprovechan el hecho de estar a solo tres kilómetros de Altamira o el tener en un perímetro de 20 kilómetros la mayor concentración mundial de cuevas declaradas Patrimonio de la Humanidad. El objetivo es conseguir que el visitante fugaz, que apenas permanece unas horas en Santillana del Mar, como ocurre con los cruceristas, esté una jornada completa y viva una experiencia, que es la nueva tendencia de la demanda turística. Una orientación que los responsables de las grandes navieras de cruceros, reunidos el pasado verano en Santander, ya le recomendaron a los agentes turísticos de la región, para adaptarse a los nuevos gustos de sus clientes y propiciar más escalas en el puerto cántabro.

El principal problema con el que se enfrenta el proyecto de Amica es el propio suelo. Aunque Cantabria no tiene un inventario de suelos contaminados, es evidente que parte de los terrenos fueron utilizados como balsas para decantar el agua de lavado del mineral. Otras zonas fueron depósitos de estériles (en una de ellas se ha construido el Parque Empresarial Besaya) y en algunas otras hay una alta concentración de metales, que quizá en el futuro sean reprocesados, porque con las técnicas y los precios actuales, podría resultar rentable sacar de ellos el zinc o el plomo que en su día no pudieron aprovecharse. En cualquier caso, son suelos que habrá que descontaminar, y eso va a requerir un gasto público importante, como ha ocurrido con el Parque de la Viesca, una pequeña parte del antiguo complejo minero. La propuesta de Amica es que ese gasto inevitable se convierta en inversión, dando lugar a una nueva actividad económica, un modelo turístico eficiente “donde las personas serán las protagonistas de un viaje al pasado, donde podrán convivir con animales (bisontes, ciervos, cabras, corzos…) y experimentar las sensaciones y emociones de un pasado ahora más cercano”. Una inmersión en el Paleolítico con actividades de reconstrucción histórica basadas en la arqueología experimental, comprobar cómo eran la caza y pesca con lanzas, fabricar propulsores y arpones, material lítico, hacer fuego, pintar con las mismas técnicas del arte parietal, senderismo…

Un campo temático del que ya hay algunos ejemplos dentro y fuera del país, pero que no cuentan con el movimiento de masas de visitantes que genera la Cueva de Altamira. Solo por el Museo pasan 286.000 visitantes al año, lo que le convierte en el tercero de competencia estatal más concurrido del país, y al pueblo de Santillana del Mar se acercan un millón de personas al año. Un colectivo ingente que se suele quedar con ganas de conocer algo más del pasado y Amica está dispuesta a dárselo.

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