‘Trabajar con mayores es una lección de vida’

P.- ¿Qué hacía en Marruecos la directora de una residencia de mayores?
R.- Sanitas tiene una Fundación desde la que colabora con el hospital público de Nador. Fui como voluntaria para echar una mano en el área de pediatría. De niños entiendo bastante, porque he trabajado en maternidades y he tenido cuatro hijos. La verdad es que he venido de allí muy tocada.

P.- ¿Ha sido una experiencia aislada?
R. Ante todo soy enfermera. De ahí viene mi implicación social. He colaborado con Nuevo Futuro, la Cocina Económica, la Asociación Cántabra contra el Cáncer… Desde pequeña he tenido claro el concepto de cuidar. A veces la gente piensa en las enfermeras como profesionales que emplean unas técnicas, pero en nuestro trabajo hay otra parte tan vital como esa, que es la capacidad de cuidar de otro. Es una virtud muy propia de mujeres que son madres.

P.- ¿Usted ha tenido dificultades para conciliar su vida profesional y familiar?
R.- Tengo cuatro hijos ya mayores (de 13, 15, 17 y 18 años) y todas las mujeres que trabajamos fuera de casa coincidimos en que conciliar es complicado, aunque, en mi caso, tengo un pilar fundamental, que es mi marido. Nos conocimos muy jóvenes, cuando ambos estudiábamos y trabajábamos a la vez, y siempre quisimos tener una familia numerosa, así que el equilibrio entre los dos ha sido clave. Y, por supuesto, reivindico la figura de los abuelos.

P.- Últimamente se critica mucho que los padres abusen de los abuelos para el cuidado de sus hijos…
R.- Lo importante es que la persona mayor pueda elegir, que lo haga voluntariamente. Lo que yo reivindico es el respeto por los ancianos y que se escuche su voz. Me da mucha envidia cuando veo cómo se les trata en otras culturas. En estos días, hemos invitado al alcalde de Santander para homenajear a los mayores de 95 años que viven en la residencia. Son una decena y nos hablarán de cómo fue la vida de su generación.

P.-Y usted ¿qué recuerda de sus inicios profesionales?
R.- Estudié en la Escuela de Enfermería de Vitoria y después me puse a trabajar en el medio rural. Ahí fue donde empezó mi contacto con la gente mayor. Pero ellos me veían tan endeble que no dejaban que les pinchara hasta que no me bebiese un buen vaso de leche de vaca con toda su nata (ríe). Hace 25 años trabajar de enfermera en el medio rural era como hacer un máster. Lo mismo cosías unos puntos en las fiestas que ayudabas a un vecino a mover el tractor.

P.- ¿Cómo acabó luego dedicándose a la geriatría?
R.- Aproveché una buena oportunidad que me brindó el Gobierno Vasco. Querían potenciar la Atención Primaria y convertir los viejos ambulatorios en centros de salud, así que sacaron unas becas para estudiar los servicios médicos comunitarios en Inglaterra y allí me fui durante tres meses, especializándome en recursos para mayores. Al regresar, pude aplicar esos conocimientos como profesora en la Escuela de Enfermería de Vitoria y, tras opositar, trabajé durante años en un centro de mayores del Ayuntamiento de esa ciudad. Fue una época de esplendor para la sanidad pública, porque se logró unificar los servicios sanitarios con los sociales.

P.- Y acabó en Santander…
R.- De nuevo, fue mi marido. Cuando él ya llevaba un año viviendo en Santander por motivos de trabajo, yo decidí renunciar a mi carrera y venirme para que los niños pudieran estar con su padre. Pero es la mejor decisión que he tomado en mi vida y no me pienso marchar de Santander ni con agua caliente (ríe). Aquí tengo a todos mis buenos amigos y me parece un lugar maravilloso para hacer una vida familiar porque tiene de todo: instalaciones deportivas, cultura, playas, buenos colegios…

P.- Y también se encuentra en un buen momento de su vida profesional. 
R.- Este año cumplo mis bodas de plata en la profesión y me siento una privilegiada. Con el proyecto de Sanitas es como si hubiera encontrado la horma de mi zapato. Comenzamos en enero de 2006 y después de años de mucho trabajo, ahora empiezo a ver los frutos de todo el esfuerzo.

P.- ¿Cuál es la clave para que un centro como el suyo funcione en estos tiempos?
R.- Un equipo estable y de confianza, integrado por unas 60 personas, todas mujeres excepto tres. Yo me he ocupado personalmente de seleccionarlos porque no solo pido conocimientos, también destrezas y actitudes que no dan los estudios. En Sanitas somos muy conscientes de la importancia de ‘cuidar al cuidador’ y forman a los trabajadores de sus 40 centros en España.

P.- Hay quien piensa que trabajar con personas mayores es demasiado duro…
R.- Es más duro rodearse de adolescentes… Los mayores son sumamente agradecidos y te tratan con cariño y respeto. Trabajar con ellos te recuerda cada día lo que de verdad importa. Es una lección de vida.

P.- Afortunadamente, la imagen pública de las residencias de mayores ha mejorado mucho en los últimos años.
R.- Desde que entró en vigor la Ley de Dependencia, como los centros tienen que acreditarse para poder recibir fondos, deben cumplir unos requisitos de calidad, lo que ha traído una mayor profesionalidad al sector.

P.- También parece que se han dado cuenta de que los mayores no sólo necesitan alojamiento y cuidados.
R.- Los sanitarios hemos cometido el error durante años de pensar únicamente en sus necesidades básicas (aseo, comida, etc). Sin embargo, el modelo de atención de Sanitas se centra en la persona con técnicas punteras como musicoterapia, nuevas tecnologías, terapias con animales… Cualquier avance que les enriquezca porque, como escuché decir una vez, “no se trata de alargarles la vida, sino de esponjarla”.

P.- ¿Y cómo se toman ellos la decisión de abandonar su casa para mudarse aquí?
R.- Mal siempre (sonríe), pero nuestro centro es atípico porque la gente suele venir de forma temporal y no es lo mismo tener que cerrar tu casa que irte durante un tiempo para recuperarte tras una caída o enfermedad. Tenemos programas de respiro familiar, para que el cuidador descanse durante unos días, e incluso uno denominado ‘vacaciones adaptadas’, en colaboración con la Asociación Nacional de Parkinson, para que utilicen nuestras instalaciones como si fueran las de un hotel con servicios asistenciales.

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