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El más atípico director minero

El paisaje intelectual campurriano del último cuarto de siglo XIX conoció una importante transformación con la aparición de gran número de personas dedicadas a la creación artística y literaria, así como por las inquietudes políticas de varios miembros destacados de la vida social y económica de la comarca, pero ningún caso como el de Luis Bonafoux, director de las minas de cobre de Soto, tremendo polemista y periodista de agitada vida.
La capital campurriana venía siendo, desde siglos atrás, el principal punto de comunicación entre las actividades productivas de las provincias mesetarias y el puerto santanderino. El constante flujo de ida y vuelta de mercancías procedentes de uno y otro lado había contribuido a crear un ambiente económico boyante en una villa considerada como de ineludible tránsito y pernocta para los arrieros y para las diligencias procedentes de Madrid.Cuando el 22 de octubre de 1858 llegó el primer tren de mercancías que unía Santander con la localidad palentina de Alar del Rey, dándose un gran paso hacia el establecimiento de la línea directa Santander-Madrid, Reinosa sintió peligrar su futuro económico, aunque el trazado de la línea férrea había llevado a gran cantidad de obreros y técnicos a trabajar en la implantación de todo el recorrido: desde el inglés Stephenson hasta el abuelo del novelista Miguel Delibes, muchos fueron los que llegaron a las comarcas campurrianas motivados por la aparición del moderno medio de transporte, conociendo, entre otras peculiaridades, las cualidades de curanderas de las mozas de Cañeda, tenidas por brujas.
La extracción de cobre de una mina localizada en el pueblo de Soto, sito en la Hermandad de Campoo de Suso, también sirvió de atracción de brazos que llegaban a un rincón perdido en busca de un jornal. A partir de 1884 se registró también la creación de algunas empresas, fundándose en Las Rozas de Valdearroyo la fábrica de vidrio La Lusitana, y después La Cantabria, en Arroyo, y Santa Clara en Reinosa, todas ellas de la misma especialidad.

El periodista Bonafoux

En este medio cayó un tipo tan pintoresco y controvertido como fue el periodista Luis Bonafoux, de cuya personalidad todavía se tiene escasa información. Se sabe que nació en Saint Loubez (Burdeos) el 19 de junio de 1855, hijo de un francés y una venezolana, que finalmente fijaron su residencia en Puerto Rico. Con quince años, su padre le embarcó rumbo a la Península a fin de que cursara en Madrid la carrera de Medicina, aunque después se decidiera por el Derecho en Salamanca y más tarde se licenciase en Madrid.
Aunque su interés estaba en la literatura, en el periodismo (en 1882 fundaría el periódico El Español, en el cual se mantuvo hasta 1887) y en la política, las penurias económicas que le acuciaban le llevaron a aceptar un empleo en Las Antillas. Pero en Barcelona perdió el barco que le llevaría a América y hubo de esperar mejor ocasión. En esa situación le llega una oferta inesperada: “Me nombraron director de minas (¡atiza!) en la provincia de Santander, a propuesta de un tío mío que había tomado parte en la fundación de la compañía…”, escribirá en sus memorias.
A las minas de cobre de Soto, cerca de Reinosa, le enviaba el marqués de Rojas, que además de tío suyo era presidente del consejo de administración, para ocuparse de la gerencia. Así ha descrito Bonafoux el paisaje campurriano en el que vivió: “Valle hermoso y pintoresco, si jamás los hubo, con sus vapores de nieblas que flotan tenuemente sobre su primorosa pradera de color verde oscuro”. Mientras que José del Río Sáinz nos proporcionará años más tarde nuevas pinceladas de aquel confinamiento: “Soto es un lindo pueblo ganadero, arriba de Espinilla, a media ladera de la áspera subida a Tajahierro. En aquellos años en que no existía el automóvil, subir allí era como vivir en un desierto y la conmoción que sufrió el mozo lleno de todo el hervor cosmopolita, debió ser intensa y quizás decisiva en su vida”.

Bienvenida local

El 25 de noviembre de 1888 el periódico local El Ebro le daba la bienvenida de la siguiente manera: “A principios de semana tuvimos el gusto de estrechar la mano de nuestro querido amigo y compañero en la prensa, el conocido literato D. Luis Bonafoux”, para a renglón seguido añadir que llegaba para pasar una buena temporada.
Un año más tarde, Bonafoux celebró sus esponsales en la iglesia de San Martín de Soto de Campoo con la joven Ricarda Encarnación Valenciaga y Gordejuela, natural de la provincia de Valladolid; él tenía 34 años y ella, de 20, trabajaba en la fonda que su padre, el emprendedor vizcaíno Vicente Valenciaga, tenía abierta en el pueblo minero de Soto.
En Reinosa entabló amistad con Antonino Blanco –con quien compartía una afición criolla por las peleas de gallos–, con los escritores republicanos Ramón Sánchez Díaz, Demetrio Duque Merino y Luis Mazorra, admirando a don Angel de los Ríos y Ríos, el erudita y cronista de la provincia conocido como El Sordo de Proaño, los pintores Casimiro Sáinz, Manuel Salces y otros componentes de una escuela costumbrista en la literatura, el periodismo y la pintura, cuyo mejor estudioso sería Luis de Hoyos Sáinz. Pick atribuye, con evidente exageración, “la existencia de ese grupo a la influencia póstuma de Luis Bonafoux”.

El dominical campurriano

La villa campurriana contaba entonces con un semanario dominical llamado El Ebro (1884-1890), en el cual su director Duque y Merino publicó una reseña de Coba, libro finalizado por Bonafoux en el Valle de Campoo el 31 de mayo de 1889. En aquel modesto medio de comunicación colaboraban los componentes de la intelectualidad campurriana, mostrando mucho respeto hacia el temible recién llegado.
El ambiente propio de una localidad pueblerina forzosamente tenía que producirle hastío y hasta una sensación de asfixia, como ha recordado Sánchez Díaz: “Con aquel golpe de vista que todo lo ahonda, penetró en la villa y puso un cordón sanitario a su casa, temeroso del contagio purulento… Solamente nos dejaba entrar a algunos, muy pocos, con los cuales hablaba casi siempre de literatura”.
Bonafoux decidió romper con aquella vida harto monótona para su concepción arriesgada y cosmopolita de la existencia. Un día partió con su esposa rumbo a Puerto Rico y allí nació el 21 de mayo de 1890 su primer hijo, Luis Tulio. Entre la fecha de su boda y el nacimiento de su hijo apenas hay una distancia de seis meses y medio, lo cual nos induce a pensar que el rápido abandono del bucólico lugar de residencia pudo deberse a este acontecimiento íntimo, no demasiado honorable para la consideración social de entonces.
No obstante, poco debió durar su estancia antillana; Pick dice que Bonafoux regresó a Reinosa huyendo de las iras de los cubanos, pero permaneció escaso tiempo en la villa. Nombrado en Madrid redactor-jefe de El Globo se enzarzó en otra agria polémica, esta vez con el segundo marqués de Comillas, después de la cual se trasladó a París en calidad de corresponsal de varios diarios madrileños. Todavía realizará algún viaje esporádico a las tierras de Campoo, para reencontrase con la familia de su mujer y con sus viejos amigos.
El ya citado José del Río Sáinz ha dejado escrita una semblanza acerca de algunos de los impulsos que solían mover a Bonafoux, mediante la cual podemos conocer parcialmente sus motivaciones más ocultas: “Sentía la obsesión de las cumbres, y allí donde se elevaban, allí iba a herirlas: reyes, príncipes, prestigios de las letras, de la política o de las artes, todo lo que sobresalía tenía en él un implacable censor”, escribe Pick.
El 28 de noviembre de 1918 fallece Bonafoux en Londres, donde entonces residía, después de una vida repleta de viajes, sobresaltos y vicisitudes y cuatro hijos, ninguno de ellos nacido en Campoo.
En Reinosa permanecerán viviendo sus cuñadas, convertida la antigua fonda en un moderno hotel capaz de atender las necesidades de una villa que en el pórtico de los años veinte comienza nuevamente a conocer el esplendor socio-económico, al fundarse la Sociedad Española de Construcción Naval, que con su actividad siderometalúrgica compensa con creces la desaparición paulatina de algunas de las empresas creadas en el último tercio de siglo, algunas de las cuales serán absorbidas en 1930 por la creación de Vidrieras Cantábricas Unidas.
En 1927, en el transcurso de un banquete celebrado en Reinosa, José Del Río Sáinz propuso que en la fachada del hotel Valenciaga se colocara una placa conmemorativa del paso de Bonafoux por Campoo. Luis Tulio Bonafoux escribió desde Londres rogándoles que no llevaran a cabo la propuesta, “porque mi padre ridiculizó siempre las lápidas conmemorativas, las estatuas y las condecoraciones”.

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