Vuelve la fiebre de las gasolineras

Los proyectos se acumulan pese a las malas perspectivas del negocio

Ni el fuerte descenso en la venta de coches, ni las mejoras tecnológicas que han reducido sustancialmente el consumo de combustibles en los vehículos, ni siquiera la llegada de los coches eléctricos parecen desanimar a los empresarios de estaciones de servicio. En Cantabria hay en estos momentos media docena de proyectos en tramitación y una operadora nacional de bajo coste mantiene la intención de instalar otras seis. Una evolución poco explicable cuando desde hace dos años se cierran en el país más gasolineras de las que se abren, algo que no había ocurrido nunca antes.


Los vehículos con motor de combustión tienen un horizonte cada vez más corto. Lo exige la Unión Europea y en este caso no está sola. Boris Johnson, en la Gran Bretaña ya excomunitaria ha decidido que a partir de 2030, es decir, dentro de diez años, no se venda en su país ni uno más. Frente a esta expectativa tan radicalmente negra para el negocio de las gasolineras, asistimos a la paradoja de una nueva fiebre de aperturas. El cambio de la legislación ha reducido las restricciones para asentar las estaciones de servicio y en estos momentos hay más proyectos que nunca. ¿Qué negocio esperan conseguir?

La cadena low cost Ballenoil hace meses que anunció su plan para montar seis gasolineras en Cantabria. Se trata de estaciones de servicio semiautomatizadas que prácticamente no necesitan personal. A su vez, otra compañía que se ha especializado en este segmento, Petroprix, ha adquirido la que explotaba Reposta en Bezana.

Gasolinera automática de Petroprix. Esta cadena de estaciones de servicio de bajo coste ha adquirido recientemente nueve estaciones del grupo Reposta, una de ellas en Bezana. Petroprix ya tiene un centenar de gasolineras automáticas repartidas por España.

Resultaría fácil explicar estos movimientos por la relativa novedad de esta fórmula de puntos de venta no atendidos con bajos precios –aunque en Cantabria hay varios operadores independientes que ya aplicaban políticas low cost– pero los proyectos también surgen en otros segmentos del negocio, impulsados por grandes petroleras o por empresas locales.

Propenor tiene previsto construir una estación de servicio en la salida de la A-8 a la altura de Pomaluengo, municipio de Castañeda; el Grupo Alpomac acaba de concluir una gasolinera frente al Centro Comercial El Alisal, en Santander, donde la concentración de estaciones de servicio es máxima, y hay un proyecto para la abrir una nueva en Calle Castilla y dos expedientes más en tramitación en Nueva Montaña. Uno que se instalaría en un terreno vacante junto al centro comercial de El Corte Inglés, para el que Repsol tramitó una licencia en su día que no llegó a materializarse, por superar la ratio de concentración de mercado, y la segunda junto al restaurante McDonalds.

Estas estaciones de servicio se ubican junto a grupos de viviendas, lo cual parece contradictorio con la declaración realizada en junio por la Corporación de Santander en la que anunciaba la suspensión de la tramitación de este tipo de licencias. Así se lo ha recordado la oposición al equipo municipal de gobierno que finalmente ha desestimado la de Nueva Montaña, asegurando que se había tramitado por error.

Resulta igual de llamativo que los inversores apuesten por un espacio tan saturado de gasolineras como es la zona suroeste de la ciudad (en un radio de tres kilómetros hay 22) y en un momento en que no crece el parque de vehículos y se reducen tanto los consumos de los motores como los kilómetros rodados por cada unidad.

La avalancha podía será aún mayor, de no haber impedido la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia que Repsol abra nuevas gasolineras en Cantabria, por controlar ya el 30% de las ventas en la región y temer que pudiese condicionar los precios.


Las matriculaciones cayeron casi un 23% el año pasado

Solo en 2013, el peor año de la crisis económica, Cantabria había registrado menos ventas de vehículos que en 2020, cuando la pandemia cambió por completo las preferencias de consumo de los españoles. El año pasado apenas se matricularon 7.868 automóviles en la región, un 22,7% menos que en el anterior.

Incluso con un porcentaje tan brusco de caída deberíamos sentirnos aliviados, porque en toda España las matriculaciones sufrieron un descenso del 32,3%, debido a la crisis social y económica provocada por la pandemia del coronavirus.

Es llamativo, en cualquier caso, el avance de los híbridos. En Cantabria se matricularon 1.222, un 44,6% más que el año anterior.

Ningún canal comercial salió indemne de las consecuencias de la pandemia, como se comprueba en los datos nacionales. Los particulares adquirieron 427.378 vehículos, un 21,1% menos; en el caso de las empresas, el descenso fue de un 24,4%, al adquirir 327.732; y en las firmas de alquiler el hundimiento fue absoluto, con una caída del 59,7%, al demandar tan solo 96.101 unidades.

Ni siquiera la subida del impuesto de matriculación en 2021 y el fin del Plan Renove han conseguido impulsar significativamente las ventas de final de año. Sí repuntaron algo, pero la patronal Faconauto deja claro que las cifras «del mes de diciembre son engañosas porque, sin las numerosas automatriculaciones que han hecho los concesionarios y sin las compras adelantadas para evitar la subida del impuesto de matriculación a partir del 1 de enero, el mercado hubiera registrado de nuevo caídas importantes».


Propuestas poco realistas

Jorge de Benito, presidente de los empresarios cántabros del sector, que acaba de ser reelegido también como presidente nacional, tiene las mismas dudas sobre la rentabilidad de los nuevos proyectos. En estos momentos, Cantabria cuenta con 140 estaciones de servicio, sin que el parque de automóviles haya crecido significativamente desde que superó el centenar, hace algo más de dos décadas.

Achaca una parte de los movimientos a la llegada al mercado de inversores atraídos por propuestas que considera poco realistas e incluso engañosas. Cadenas low cost que pretenden extender rápidamente su modelo con franquiciados y tratan de con vencerles de que con 250.000 euros de inversión podrán abrir su propio negocio (un poste con servicio automático). La realidad, según el presidente de los empresarios del sector es que difícilmente se puede abrir una gasolinera en Cantabria con tienda con una inversión inferior a 600.000 euros, y lo más habitual es que la cifra se acerque al millón.

Eso va a dar lugar, en su opinión, a muchas decepciones, aunque reconoce que el problema acaba por afectar a todo el sector, puesto que cada nuevo operador fracciona un poco más la tarta de un negocio que ya hace tiempo que no crece.


Propenor abrirá una en la salida de A-8 en Castañeda

La empresa cántabra Productos Petrolíferos del Norte (Propenor) está tramitando la construcción de una nueva estación de servicio en la margen derecha (salida 218) de la A-8, a la altura de Pomaluengo (Castañeda). La inversión prevista es de 909.000 euros e incluye un edificio auxiliar de cafetería/restaurante.

Propenor ha alquilado una parcela de 20.200 metros cuadrados en esa salida, de los que pretende construir 684 y habilitará un aparcamiento de 9.000 metros, con capacidad para 341 camiones y 20 vehículos ligeros.


Poco negocio en el coche eléctrico

Como los coches con motor de combustión serán cada vez menos, es evidente que todo aquel que abre una gasolinera está pensando en vender también, a medio plazo, electricidad o incluso gas, dado que siempre será necesaria algún tipo de energía para mover los coches. Pero ese horizonte está lleno de incertidumbres y el propio Jorge de Benito tiene serias dudas de que el coche eléctrico represente un porcentaje significativo de los vehículos  que ruedan por las carreteras españolas en los próximos años. Por lo pronto, en diciembre, muchos concesionarios se vieron obligados a automatricular un buen número de coches eléctricos que no habían podido vender para no incurrir en las penalizaciones previstas.

Aunque las estaciones de servicio incorporen postes para cargas eléctricas, nadie puede hacer por el momento un cálculo ni siquiera aproximado de qué volumen de venta pueden generar y, mucho menos, sobre su rentabilidad, porque muchos propietarios de vehículos eléctricos o híbridos los recargarán en su casa de noche, algo que no es legal con los derivados del petróleo por cuestiones de seguridad.

Incluso si llegasen a ofrecer recargas tan rápidas que requiriesen poco más tiempo que llenar el depósito de gasolina, no es fácil imaginar que esos nuevos ingresos reemplacen a los que van a perder por la venta de combustibles convencionales. Eso hace más difícil de explicar el crecimiento de las estaciones de servicio en Cantabria, cuando en el resto del país está ocurriendo lo contrario. En 2019 fue el primer año en que bajó el censo de estaciones de servicio en España, con la única excepción de 2009.

Repsol, Cepsa, BP, Galp, Saras y Eni, las grandes petroleras, no solo no han seguido acumulando puntos de venta sino que cerraron 94. Ahora cuentan con 6.209 en todo el país. En cambio, se incrementaron las pertenecientes a mayoristas independientes (Disa, Meroil, Ballenoil, Bonarea…), que pasaron de 1.365 a 1.441; las de hipermercados y supermercados, que se incrementaron de 375 a 391; y las de cooperativas, de 571 a 578. Estas aperturas no fueron suficientes, en cualquier caso, para compensar los cierres.


Fuerte descenso en el consumo de combustibles

Los propietarios de gasolineras ya no han de preocuparse solo por la creciente competencia. Lo que más afecta a sus ingresos es el sensible descenso en el consumo, provocado por las mejoras tecnológicas de los vehículos y, por un menor uso, sobre todo en el último año. Sólo así puede explicarse que la venta de combustibles cayese más de un 17% en 2020.

Al tratarse de un año atípico, con un confinamiento domiciliario de cien días, no conviene sacar demasiadas conclusiones, porque la mayor parte del descenso en las ventas se justifica por lo ocurrido en ese periodo. Por ejemplo, en abril en Cantabria apenas se sirvieron 1.200 toneladas de gasolinas y 5.348 de gasóleo de automoción, cuando lo habitual son unas 5.000 toneladas de gasolinas y 23.000 de gasóleo.

Con la recuperación de la libertad de movimientos, el consumo del combustible debería haber vuelto a los niveles anteriores pero no ha sido así. En octubre, por ejemplo, las ventas de gasolinas descendían un 13,6% con respecto a las de un año antes y las de gasóleo un 9,9%, lo que indica bien a las claras la pérdida de negocio en las estaciones de servicio. No les servirá de mucho consuelo que las ventas de queroseno para aviones bajasen un 64% el año pasado, lo que indica que más de dos tercios de los aparatos siguen en tierra.

Los efectos de la pandemia se han dejado notar incluso en los combustibles más ligados a los procesos industriales, como el fuelóleo o el gas natural, que distan mucho de los niveles de consumo que tenían hace tan solo un año.


Sale a concurso el área de servicio de Valdáliga

La oleada de proyectos que se manejan Cantabria ni siquiera podría justificarse en el negocio de las tiendas de conveniencia que acompañan a la mayoría de las estaciones de servicio. Una prueba de ello es la dificultad que ha tenido el Ministerio de Fomento para conseguir una empresa que se atreva a invertir en las áreas de servicio que siguen sin construirse en las autovías principales, después de sacar a concurso, en varias ocasiones, las que están previstas en Jesús del Monte (Autovía del Cantábrico) y en Cieza (Autovía de La Meseta). También lleva años intentando normalizar la situación de otras ya construidas y con la concesión vigente. Una de ellas ha vuelto a salir ahora a concurso, la de Valdáliga, después de una suspensión de pagos del concesionario que la venía explotando. No será fácil encontrar quien se atreva a asumir el reto, porque Fomento pretende cobrar 8,5 millones de euros de canon en cinco años (alrededor de 1,7 millones por ejercicio), sin incluir el IVA.

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