Reportaje

Una vela en forma de ala de avión empujará el carguero de ‘La Fura’

Astander y Degima trabajan en un proyecto revolucionario para reducir las emisiones de los barcos

El transporte marítimo representa el 90% del movimiento mundial de cargas, pero también es una de las principales fuentes de emisiones de CO2. Ante la llegada en 2020 de una normativa más restrictiva para estos contaminantes y del nuevo objetivo que pretende reducirlos mucho más para 2050, el sector naval se ve forzado a desarrollar tecnologías más ecológicas. De ahí que la startup catalana Bound4Blue haya decidido aliarse con Astander y otras compañías cántabras para integrar una vela inspirada en el ala de los aviones en el ‘Naumon’, un carguero dedicado al mundo del espectáculo que viajará por todo el mundo.


Casi todas las genialidades suelen ir precedidas de una pregunta que cuestiona las verdades más aceptadas. Quizá por eso, hace unos años David Ferrer, José Miguel Bermúdez y Cristina Aleixendri empezaron a cocinar una idea revolucionaria en la Universidad Politécnica de Barcelona cuando todavía eran estudiantes de Ingeniería Aeronáutica: instalar alas de aviones en los barcos, a modo de velas.

Aunque al principio parecía descabellada, con el tiempo se dieron cuenta de que su idea podía tener alguna viabilidad pero no fue hasta 2010 cuando se demostró la hipótesis. Mientras Ferrer, su compañero de carrera Bermúdez y su padre veían por televisión la retransmisión de la Copa América de Vela en aguas valencianas pudieron observar cómo una de las embarcaciones disputaba la prueba con una vela rígida de 60 metros de altura y fue tan veloz que ganó al ‘Alinghi’ suizo, el defensor de la Copa, por 15 minutos de diferencia.

El padre de Bermúdez comentó la posibilidad de introducir esta tecnología en buques mercantes para ahorrar combustible pero la idea volvió a quedar en suspenso.

Menos emisiones

En 2015, la International Maritime Organization (IMO) advirtió a las navieras que para 2020 se incorporaría una nueva reglamentación para reducir las emisiones de azufre y de CO2 en el transporte marítimo, una normativa que obliga a todos los barcos a reinventarse.

El combustible pesado que utilizan contiene 3.500 veces más de azufre que el diésel de automoción y se estima que las 16 embarcaciones más grandes que surcan los mares emiten la misma cantidad de gases sulfurosos que toda la flota de vehículos terrestres.

El cofundador de Bound4Blue, David Ferrer, y el director de Astander, Juan Luis Sánchez.

Sin embargo, David Ferrer, cofundador de la ingeniería Bound4Blue, considera que no conviene “demonizar el transporte marítimo” porque supone “el 90% del transporte mundial” y afirma que los coches y los aviones consumen mucho más, en proporción al volumen de mercancía que pueden transportar.

Uno de los cambios más restrictivos de esta nueva normativa consistirá en sustituir el combustible pesado por diésel, menos contaminante pero mucho más caro, y eso podría repercutir sobre el precio final de muchos productos de consumo diario.

Ante esta sucesión de hechos, los mismos estudiantes de ingeniería que se cuestionaban la forma en que se concebía la propulsión de los barcos decidieron poner en marcha una startup en Cataluña, aunque con sede en Santander, llamada Bound4Blue. El objetivo era enarbolar una solución capaz de adaptarse al nuevo panorama.

La plantilla de 14 ingenieros aeronáuticos, mecánicos y de control y analistas de negocios trabajó en el diseño de una vela rígida capaz de ahorrar entre un 10% y un 40% del combustible que necesita habitualmente un barco y, al mismo tiempo, aumentar su velocidad. Una iniciativa que permitiría reducir los costes operativos de la embarcación y anticiparse a la reglamentación que entrará en vigor próximamente.

No obstante, para que la idea pudiera plasmarse en la realidad necesitaban, al menos, dos socios: uno que fabricase la vela y un armador dispuesto a instalarla. La ingeniería catalana contactó con las empresas cántabras Astander y Degima y la gallega Insenaval para desarrollar e integrar el dispositivo y también encontró un barco para su proyecto.

La Fura dels Baus

El buque ‘Naumon’ en el que se va a instalar su vela es un viejo mercante de 60 metros de eslora propiedad de la compañía teatral La Fura dels Baus. El carguero lleva años sin utilizarse y, antes de implantar la vela e iniciar su ruta por todo el mundo será necesario ponerlo a punto.

El barco ya ha entrado en el astillero y la vela se instalará este verano para que empiece a navegar inmediatamente después y aprovechar que en 2019 se cumplen 500 años de la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, una travesía que La Fura pretende replicar con este proyecto.

La instalación probablemente se completará en poco más de un mes, pero el director de Astander, Juan Luis Sánchez, advierte que el barco necesita unos certificados y autorizaciones que expide la Administración española y una serie de organismos internacionales, y esa tramitación tardará bastante más en cumplimentarse.

Funcionamiento de la vela

La vela está formada por un mástil vertical telescópico y retráctil. Alrededor de esa estructura se montan “unas costillas”, como las define el proyectista, David Ferrer, en horizontal. Entre cada una de ellas hay un panel plegable y la vela se va estirando a medida que las costillas se separan.

Esa atípica estructura se colocará en la proa del barco, y tendrá una altura de 20 metros y ocho de ancho, con un peso de 5,5 toneladas. El mecanismo de las velas las despliega en dos minutos y las pliega en uno y medio. Al plegarlas y retraer el mástil, el barco consigue sortear obstáculos como grúas y puentes cuando llega a puerto.

Las instalaciones de Astander donde se encuentra el barco gallego ‘Naumon’. En la tercera fotografía, una ilustración de un prototipo con tres velas. El ‘Naumon’ tendrá una sola, que irá en la proa.

Una de sus características más interesantes es que no solo se puede orientar según el viento sino que la vela puede girar 360 grados sobre sí misma y en ningún momento reduce la visibilidad en la navegación ni  afecta al espacio disponible de la embarcación.

El empuje de la vela es de tipo tradicional, ya que no existe ningún tipo de conexión con el motor del barco. “El viento sopla y la vela hace fuerza hacia adelante empujando el barco.

El mástil y las velas tienen un notorio parecido con las alas de los aviones. La diferencia está en que en las aeronaves, su posición horizontal proporciona una propulsión hacia arriba y en el de los barcos, al estar en vertical, el impulso es hacia adelante.

En el siglo XIX se requería de la ayuda de varios tripulantes para manejar una vela y orientarla dependiendo de la dirección del viento. En el ‘Naumon’, sus funciones estarán automatizadas, por lo que no se requiere más tripulación de la que lleva habitualmente el carguero.

Aunque todavía no se pueda precisar el importe final de la vela y su instalación, que estará lista para finales de agosto, Ferrer estima que su fabricación supondrá un gasto de 200.000 euros y presume que en el futuro resultarán más baratas. “No es lo mismo fabricar un prototipo que hacerlo en serie”, explica.

Se supone que el proyecto permitirá ahorrar alrededor de un 20% en combustible pero el director del astillero es prudente y sostiene que todavía queda mucho recorrido hasta encontrar el sistema de propulsión que sustituya al actual. Juan Luis Sánchez recuerda que “la mayoría de los armadores están optando por la instalación de filtros de gases y el gas natural” para adaptarse a la normativa europea (de hecho, ellos han hecho ya esta adaptación con los barcos de Brittany Ferries). No obstante, esos sistemas no permiten alcanzar los niveles que imponen los durísimos recortes de emisiones estipulados para 2050 y se necesitarán “medios adicionales”, como las velas.

Según Ferrer, hay soluciones que encajan mejor en un barco y otras en otro. “Para un barco pequeño que circula entre islas lo más eficiente pueden ser las baterías, porque las puedes cargar en el puerto cada dos horas, pero un trasatlántico que está un mes en el mar tiene que optar por otros métodos”, precisa.

Otra tecnología que podría usarse es la combustión de hidrógeno, pero a día de hoy implica costes muy elevados y su instalación en el barco es inviable por el espacio que ocuparía. Además, considera este sistema peligroso “porque tiene que ir a mucha presión y es inflamable”.

Desde un punto de vista ecológico tampoco supone un gran avance, ya que “el 96% del hidrógeno que se produce se obtiene a partir de hidrocarburos”, y eso implica generar CO2. Incluso se ha pensado en la electrolisis, pero la electricidad que necesita requería una central térmica.

Regreso al pasado

La alternativa que plantea Bound4Blue tiene antecedentes. A finales de los años 70, la crisis del petróleo que provocó una fortísima subida de su precio llevó varios armadores a instalar velas en 18 barcos, la mayoría de ellos japoneses, pero con el paso del tiempo, el descenso de la cotización del petróleo hizo que nadie volviese a interesarse por ello.

Empresas colaboradoras

En la fabricación, montaje e integración de la vela trabajan las empresas cántabras Astander y Degima, pero no son las únicas que participan en esta iniciativa. También está involucrada una compañía gallega, Insenaval, responsable de la oficina técnica. Bound4Blue ha contado con el respaldo y la financiación del proyecto Horizon 2020, el programa Innova y de la Comisión Europea, en lo que Sodercan ha tenido una participación muy activa.

David Pérez

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