Sin barcos a la vista

Las compras masivas de barcos de recreo en todo el mundo deja a empresas como Yates y Cosas sin unidades por vender hasta 2022

El interés por los barcos de recreo ha aumentado entre un 20% y un 30% en todo el mundo tras la crisis sanitaria, que ha llevado a muchos a buscar opciones de ocio más seguras, con las que poder disfrutar del verano sin aglomeraciones. Una gran noticia para los vendedores de barcos de recreo, de no ser porque los problemas de suministro y el encarecimiento de las materias primas han provocado que los fabricantes ahora mismo sean incapaces de producir al ritmo de la demanda. La empresa cántabra Yates y Cosas reconoce que prácticamente ha agotado sus existencias y se ve obligada a aplazar las entregas hasta el próximo año.


Piscinas desmontables, aparatos de musculación, cintas de correr o bicicletas estáticas son solo algunos de los muchos productos que han desaparecido de las grandes superficies durante la pandemia del coronavirus. La población, consciente de los riesgos que entrañan los espacios compartidos, ha preferido optar por alternativas de ocio en entornos mucho menos masificados, pero eso ha originado situaciones inéditas y ha dado lugar a roturas de stocks difíciles de concebir en otra época.

Uno de los afectados es el sector de la náutica, concretamente el que se dedica a la venta de barcos de recreo. Empresas como la cántabra Yates y Cosas, dirigida por Jaime Piris, han visto cómo la fuerte demanda ha arrasado con su stock como si de un huracán se tratase.

El gerente de Yates y Cosas, Jaime Piris, apoyado en uno de los barcos que tiene a la venta. Abajo, varias embarcaciones en las aguas del arco de la Bahía de Santander.

La zona de exposición de la compañía santanderina, ubicada en el Polígono de Raos, está prácticamente vacía. Solo cuenta con embarcaciones de ocasión y en un número muy inferior al habitual. Los clientes que visitan sus instalaciones con la intención de adquirir un yate o un barco de vela nuevos tienen que conformarse con elegir el modelo y hacer una reserva para el próximo año. “Estamos vendiendo barcos para 2022”, explica Piris.

Piris cree que la venta de embarcaciones son un activo para el turismo cántabro porque fideliza a los turistas y hace que vengan cada verano. Sin embargo, este incremento está agotando los amarres de la Bahía. “Hay que ampliar los puestos de amarre y retirar del parque de barcos aquellos cuyo estado no les permita navegar con seguridad, bien por edad, o estado de conservación”, sugiere y añade, “el mundo del automovilismo nos enseña el camino”.


Un ‘lujo’ que no lo es

Como cualquier producto que se coloca por primera vez en el mercado, los yates llevan asociado el impuesto del IVA. Piris está de acuerdo en que todas las embarcaciones estén gravadas con un 21%, pero critica que cualquiera que supere los ocho metros de eslora tenga que pagar otro 12% adicional (en total, un 33%) en concepto de impuesto de matriculación.

Opina que ese criterio es erróneo si de lo que se trata es de gravar el lujo para las rentas altas, y cree que en ese caso debería establecerse en función de la potencia, del consumo de combustible o de lo que contamina.

De esta forma, según el propietario de Yates y Cosas, no se verían obligados a pagarlo clientes con economías modestas que compran un barco de vela o una trainera, porque, a pesar de no producir ningún tipo de emisión de contaminantes y ser embarcaciones con precios populares, superan los ocho metros de eslora.

Las inspecciones son habituales y las multas por no tener todos los elementos de seguridad, elevadas.

Considera “injusto” que estos clientes se vean obligados a pagar el gravamen y, en cambio, no tengan que hacerlo quienes adquieren un barco de 600 caballos de potencia y generan una notable contaminación, si no alcanzan los 8 metros de longitud.

Piris lamenta que esta circunstancia haya llevado a muchos clientes a desistir en su intento de comprar. “Este impuesto solo existe en España. Si quieres ponerlo, pónselo a las rentas elevadas o a quien lo pueda pagar”, sentencia.

En las embarcaciones de segunda mano el IVA se sustituye por el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, un 8% en Cantabria, pero este porcentaje es muy superior al de Galicia, donde se paga un 1% o a los de Madrid y Cataluña (un 4% y un 5% respectivamente).

Además, los dueños de los barcos de recreo deben asumir los gastos de un amarre, que también recauda el Estado, por uso de la lámina de agua. Tantas cargas, lamenta Piris, desaniman a muchos de los que se interesan por la náutica.

Otro de los inconvenientes que se encuentran es la obligatoriedad de equipar el barco con “muchísimo” material de seguridad. En su opinión, algunos objetos, como el extintor o el aro salvavidas son innecesarios porque “un coche también se puede quemar y no lleva extintor” y considera que dos elementos de flotación (chaleco y aro salvavidas) es excesivo. Acertado o no, las autoridades son inflexibles: “Si te inspeccionan y te falta algo, te expones a sanciones que pueden alcanzar los 1.000 euros”, alerta.


Fabricantes al límite

La economía está más globalizada que nunca y, en ocasiones, el hambre se junta con las ganas de comer. El interés por adquirir barcos de recreo ha aumentado como nunca, al mismo tiempo que los fabricantes –situados en Francia, Polonia, Portugal, Italia e Inglaterra– tienen enormes dificultades para producir, debido a los problemas de suministro de algunos componentes y a la subida de precios de las materias primas que ha ocasionado la crisis sanitaria, una situación que Jaime Piris empezó a percibir en su empresa desde enero.

Buena parte del acero inoxidable que se utiliza en este tipo de embarcaciones procede de la India, uno de los países más asolados por la incidencia de la Covid19, y la madera de teca, importada desde países africanos y latinoamericanos, también escasea.

El propietario de Yates y Cosas prevé cerrar este ejercicio con 50 embarcaciones vendidas, una cifra similar a la del año pasado y algo menor que la de 2019, cuando comercializó unos 60. Pero si ahora no vende más barcos es, simplemente, porque no dispone de más unidades para aprovechar el tirón de la demanda.

Las ventas ya aumentaron entre un 20% y un 30% desde agosto del año pasado e incluso en los meses de invierno, en los que se suele registrar una notable atonía, se comercializó un volumen inusual de barcos. La explicación está en los cambios de comportamiento que ha traído la pandemia: “Son clientes que nunca se había acercado al mundo de la náutica y se han dado cuenta de que es un entorno protegido. Lo que quieren es evitar aglomeraciones”, explica.

La escasez de embarcaciones nuevas ha provocado que parte de la clientela potencial desvíe su interés hacia las de ocasión, pero también están prácticamente agotadas: “La venta de barcos de segunda mano se ha duplicado con respecto a antes de la pandemia. Si antes vendíamos 20 o 30, ahora 50”.

Una embarcación de segunda mano en la zona de exposiciones de Yates y Cosas.

El ritmo ya aventuraba que antes o después llegaría el parón. Piris, toda una institución en el sector, asegura que no quedan embarcaciones de segunda mano en Santander, ni en ninguna otra comunidad, a excepción de los barcos que son muy viejos o no están en condiciones. “Los buenos de ocasión han desaparecido del mapa”, subraya.

Él confía en que las ventas se normalicen a partir de 2023, cuando las fábricas aumenten su capacidad de producción.

Entre tanto, ha optado por potenciar otras actividades, como la reparación, mantenimiento y recambios de barcos que ya formaban parte de su cartera de servicios.

Ahora se centra en tareas como cambios de electrónica o de tapicería, reparaciones de golpes, revisiones generales, cambios de aceite y filtros y limpiezas. Una actividad para la que ha ampliado la plantilla, que ha llegado a los 20 empleados.

Junto a la zona de exposición de barcos cuenta, además, con un área destinado al invernaje, en estos momentos casi vacío, porque prácticamente la totalidad de la flota de recreo se encuentra en el agua.

Por lo general, los clientes que contratan este servicio provienen de otras comunidades y tienen embarcaciones con carenados abiertos, más frágiles ante las condiciones meteorológicas que las de pesca o las que permiten hacer vida en su interior, que pueden permanecer todo el año en el agua sin deteriorarse. El mantenimiento es clave en esta industria náutica vinculada al ocio, en que la que Cantabria no tiene constructores (los tuvo) pero sí una amplia red de empresas de servicios.

David Pérez

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