¿Quiere comprar la bici que ganó un tour?

Manolo Saiz llevará el blockchain al ciclismo para ofrecer a los aficionados invertir en objetos míticos de este deporte

Si hubo alguien que puso a Cantabria en el mapa del ciclismo internacional fue el exdirector deportivo de la Once, Manolo Saiz. El torrelaveguense, con un brillante palmarés a sus espaldas, revolucionó la dirección de equipos y el propio ciclismo, pero la acusación de estar vinculado a la red de dopaje liderada por Eufemiano Fuentes provocó su abrupta retirada, aunque varios años más tarde una sentencia dictó su absolución. Tras 16 años alejado de los focos, ha creado dos empresas que le han devuelto la sonrisa. Con ellas pretende convertir objetos míticos del ciclismo mundial en activos NFT, de los que cualquier coleccionista o inversor puede hacerse copropietario y ganar dinero.


Sin haberse dejado el alma empujando unos pedales, la figura de Manolo Saiz  Balbás (Torrelavega, 1959) es una de las más reconocibles del ciclismo mundial y quiere aprovechar ese conocimiento para convencer a campeones históricos de que compartan bicicletas y trofeos en forma de activos virtuales NFT con cientos o miles de aficionados o inversores, un negocio en el que todos pueden ganar, el titular –que le sacará un buen rendimiento– y quienes adquieran parte de él, si el mercado la revaloriza, lo que no resultaría de extrañar a la vista de cómo se están comportando otros activos que están encontrando una nueva vida a través de la tecnología blockchain.

La clave está en la capacidad de la blockchain para trazar el origen de la pieza, demostrar que es la original por más que se puedan hacer copias de la misma.

Saiz tiene mucha historia detrás para tratar de conseguirlo. En su etapa de director deportivo del equipo de la ONCE, entre 1989 y 2006, fue el descubridor de talentos como el de Alberto Contador y diseñó un exigente método de entrenamiento que llevó a sus pupilos a ganar siete veces La Vuelta Ciclista a España y a quedar segundos en tres ediciones del Tour de Francia. Su presencia en el deporte era tan tenida en cuenta que llegó a convertirse en el presidente de la Unión de Ciclistas Internacional, que vela por los intereses del colectivo. Sin embargo, su supuesta involucración en la ‘Operación Puerto’, el proceso que desarticuló una red de dopaje encabezada por el médico canario Eufemiano Fuentes, dio un vuelco de 180º a su vida.

Manolo Saiz posa junto a dos bicicletas.

Las circunstancias le obligaron a despedirse de su pasión de la manera más brusca y, pese a que siete años después fue absuelto, todavía sigue dolorido. “A día de hoy me sigue afectando”, confiesa.

En los 16 años que han pasado desde que se alejó del foco mediático, Saiz no ha tenido ninguna otra ocupación laboral. En 2007, abrió un bar restaurante en Torrelavega, La Cruz Blanca, pero el negocio no cumplió las expectativas, en parte por la llegada de la crisis económica, y tuvo que echar el cierre.

Tras muchos años viviendo de los ahorros, Saiz ha recuperado la ilusión gracias a una nueva aventura empresarial. El mismo carácter innovador que le dio protagonismo en el ciclismo le ha llevado a introducirse en un terreno tan novedoso como el blockchain.

Ha creado la empresa Itaca Technologies junto al madrileño Víctor Elbaz, que tiene una experiencia de más de 25 años en el sector de la informática y las telecomunicaciones, con la intención de ofrecer servicios de ciberseguridad, consultoría empresarial y, lo que probablemente resulte más sorprendente, ayudar en el proceso de adopción y lanzamiento de proyectos tokenizables, como puede ser una criptomoneda.

Al servicio del alto rendimiento deportivo

Manolo Saiz está convencido de que el blockchain ha venido para quedarse. Entre otras virtudes, “es la única herramienta para luchar contra el dopaje”, anuncia.

Esta misma tecnología que se usa para emitir criptomonedas se puede utilizar, según él, para registrar toda la vida de un deportista. Se pueden almacenar “de forma totalmente segura” analíticas de sangre, test físicos, tratamientos médicos y pruebas de esfuerzo. “Los datos son inmutables y el corredor tendría acceso a toda esta información desde una aplicación móvil. Tu expediente no tiene por qué estar en Valdecilla”, explica. “Lo puedes llevar siempre contigo”, añade.

‘La sede está en Torrelavega, pero también estamos en Madrid, Trinidad y Miami, y abriremos en Hong Kong’

De esta manera, el deportista autoriza en cada momento la utilización de la información registrando quién, cuándo y cómo es usada.

Saiz utiliza otro ejemplo para que resulte más evidente la utilidad: “Si nos hacemos una resonancia magnética en el hospital y queremos una segunda opinión de un especialista privado, no tenemos por qué repetir la prueba. Basta con que el médico la vea desde nuestra app y la analice”.

En estos momentos, Itaca, con sede en Torrelavega, cuenta con una plantilla de 13 empleados, a la que antes de abril se incorporarán otros cuatro más. Ambos socios reconocen que encontrar personal especializado en arquitectura blockchain no es una tarea sencilla. “Lo que necesitamos son ingenieros informáticos o técnicos superiores, ingenieros de telecomunicaciones y matemáticos”, anuncia, aunque ya dispone de varias personas dedicadas exclusivamente a crear algoritmos.

Manolo Saiz insiste en que su objetivo irrenunciable es mantener el corazón de sus empresas en Cantabria, lo que no se contradice con disponer de delegaciones dentro y fuera del país: “Tenemos sucursales en Madrid, Trinidad y Tobago, Miami y este primer trimestre abriremos en Hong Kong”, adelanta.

Como prueba de que su tierra natal es una prioridad, ha adquirido una nave de 400 metros cuadrados en Tanos para reasentar allí la compañía, un traslado al que todavía no ha puesto fecha. Allí se ubicarán los procesos críticos. “El personal de programación y desarrollo tiene que estar aquí”, deja claro.

El auge del coleccionismo

El exdirector deportivo de la ONCE ha tenido varias experiencias singulares en el campo de la empresa. En 1999, lanzó al mercado una pequeña edición de bicicletas premium con piezas bañadas en oro. Las 35 unidades que salieron a la venta se agotaron “en menos de dos días”, asegura.

En 2003, coincidiendo con el centenario del Tour de Francia, repitió la experiencia con unas bicicletas “hechas con historia”, en cuyos cuadros aparecían escritos los nombres de todos los corredores de la ONCE y las etapas que había ganado el equipo ciclista.

La velocidad a la que se vendieron hizo que Saiz se percatase del tirón que tiene el coleccionismo. Por ese motivo, acaba de fundar en febrero una nueva compañía, denominada ThenAndNow.

LOS DÍAS DE GLORIA. A la izquierda, Manolo Saiz junto con el ciclista ya retirado Melchor Mauri. A la derecha, el cántabro conversa con el corredor Roberto Heras y abajo, reunido con Marino Elezarreta, Santi y Miguel Ángel Rubio.

Se trata de una plataforma online también basada en la tecnología blockchain que permite adquirir bicicletas utilizadas en competiciones oficiales, tickets de asistencias a campeonatos, ropa deportiva y accesorios usados por corredores de élite e incluso sus propios premios.

Al tratarse de una tecnología virtual, el método de posesión es un tanto inusual, y puede ser fragmentado y compartido tantas veces como se quiera. Los clientes pueden adquirir total o parcialmente un activo (esa bicicleta histórica, por ejemplo), que no estará en sus domicilios sino custodiada en un depósito de seguridad.

Manolo Saiz explica el funcionamiento de una forma sencilla: ”Nosotros, a priori, no podemos comprar un Picasso, porque no tenemos capacidad económica, pero sí podemos adquirir una milésima o una centésima parte”.

Con el permiso del propietario original del artículo, la plataforma ThenAndNow puede alojar la versión digital de la bicicleta en forma de NTF –token no fungible– y los usuarios podrían comprar esta versión para satisfacción propia o para invertir, ya que, su valoración variará en el tiempo en función del interés que despierte en otros inversores.

También se pueden adquirir virtualmente partes concretas de esa bicicleta, y una persona puede ser la dueña de la rueda trasera, otra del manillar y otra del sillín, sin que ninguna de ellas tenga esas piezas en las vitrinas de sus casas.

El atractivo de este sistema es que los ciclistas pueden obtener ingresos por aquel material que atesoran y los compradores pueden revender sus participaciones, en cualquier momento, y conseguir beneficios, si han elegido bien. Ya hay bastantes ejemplos en EE UU, donde incluso se revenden secuencias de vídeo exclusivas de canastas o jugadas excepcionales.

Los socios de ThenAndNow subrayan que están trabajando “muchísimo” para garantizar que la plataforma sea segura, un factor decisivo para que pueda tener éxito. El otro es disponer de un material que el mercado de los potenciales inversores desee, y están inmersos en rondas de contactos para que personalidades del ciclismo alojen sus productos en su marketplace. “El lanzamiento tendrá lugar en abril, y saldremos con cosas importantes”, auguran.

Con ganas de regresar

Manolo Saiz confiesa que echa de menos muchas cosas del ciclismo de élite que vivió con tanta intensidad, excepto los constantes viajes que le mantenían alejado de la familia. Ahora tiene dos nietos, una de seis años y otro de 19 meses. “A veces le digo al pequeño: vamos a entrenar, que tenemos que ganar el Tour, pero a sus padres no les gusta mucho que le diga eso”, bromea.

Pese a que todavía son demasiado pequeños para entender la importancia de su figura en el ciclismo, su nieta empieza a tener ciertas sospechas, cuando ve en casa recortes de periódico, libros y vídeos en los que aparece su abuelo. “Estas navidades fui con ella a Madrid para enseñarle las luces y un coche paró al lado nuestro en la carretera. Cuando bajó la ventanilla para recriminarme una acción al volante, el conductor se sorprendió y cambió el semblante. La niña me dijo: abuelito, pero si te conocen en todos los sitios…”, recuerda.

Saiz es consciente de que es incapaz de despedirse del todo del ciclismo. Por eso, a pesar de que ha estado apartado del ámbito profesional, nunca tuvo problemas en ponerse al frente de algún equipo de ciclistas aficionado como el sub-23 de Aldro, que dirigió entre 2017 y 2019. “Me gustaría volver a tener un equipo profesional, aunque sea para despedirme como yo quiera y no de esa manera ingrata y payasera en la que me despidieron”, dice con rotundidad.

Saiz admite que le ofrecieron regresar al ciclismo de élite al poco de su retirada, pero al final no fue posible. “Tuve la oportunidad, pero a los que yo les sobro se encargaron de evitarlo”, lamenta.

El exdirector de la ONCE se reunió recientemente con un manager que le transmitió que el ciclismo no ha conseguido nada tras su marcha. “No hemos evolucionado nada. El Tour nos sigue pagando el mismo dinero y no hemos logrado ni un solo beneficio más en la Unión de Ciclistas Internacional. Seguimos con las mismas estructuras y relaciones comerciales que teníamos en 2006”, sostiene. Y añade: “falta alguien que tenga la generosidad suficiente como para ponerse en el pellejo de todos y hablar en nombre de todos”.

En su opinión, el ciclismo se ha vuelto mucho más individualizado y los equipos generan ingresos tan elevados que terminan priorizando sus intereses a los del colectivo. “Nosotros teníamos el mejor equipo del mundo y no llegaba a los 1.000 millones de pesetas. Hoy en día, el mejor equipo tiene un valor de 60 o 65 millones de euros. Cuando eres el manager y te llevas al bolsillo dos, tres o cinco millones, ya no luchas por nadie”, opina con el mismo espíritu combativo que le caracterizó.


Blockchain: la nueva revolución tecnológica

Los bloques de datos enlazados en miles de ordenadores de todo el mundo son los que garantizan la inviolabilidad del sistema.

Cuando una persona hace una compra con tarjeta en una tienda especializada, el responsable de certificar que la transacción se ha llevado a cabo es una entidad bancaria, no el propio cliente. Con un simple apunte en las cuentas de salida y entrada, los bancos evitan innecesarios trasiegos de billetes. Sin embargo, el hecho de que la gestión financiera esté centralizada implica que ni el comprador ni el vendedor tienen el control, porque depende de terceros.

El blockchain o ‘cadena de bloques’ propone un escenario radicalmente distinto, en el que el control de las operaciones está descentralizado. Una vasta base de datos alojada en miles de nodos –ordenadores– que almacenan información encriptada en forma de bloques enlazados garantiza la robustez de la operación. Los usuarios que forman parte de una red de blockchain –puede ser pública, privada o híbrida– solo tienen que verificar esas transacciones y validarlas.

Nadie puede alterar una transacción una vez esté registrada en el libro de contabilidad compartido. Si un registro contiene un error, hay que añadir una nueva transacción para revertirlo, pero ambas serán visibles. Por ese motivo, si un hacker tratase de corromper una red, no le bastaría con atacar un bloque, sino que tendría que arremeter contra, al menos, la mitad más uno de los que almacenan esa información, una tarea casi imposible.

Las transacciones no tienen por qué ser económicas. El blockchain tiene grandes ventajas, ya que se puede garantizar la trazabilidad de cualquier tipo de producto. Por ejemplo, en una botella de vino, “podemos registrar qué tipo de uva se ha empleado, a qué cultivo pertenece, en qué época se ha pisado, durante cuánto tiempo ha madurado y cuándo se ha embotellado”, explica Saiz.

De este modo, la cadena de bloques es, en su opinión, el procedimiento ideal para coleccionistas, y haría imposible –explica con el mismo ejemplo–, la introducción en el mercado de botellas de vino falsificadas, como las que se venden en China, que además tienen aditivos peligrosos para la salud.

Itaca no solo ha puesto en el mercado su red privada de blockchain sino que también ayuda a otras empresas a implantar su propio nodo.


Una generación ‘vacía’

Saiz mira el pasado con añoranza. “Cuando yo llegué a este deporte, era un hermano para los ciclistas, porque eran prácticamente de mi misma edad”, rememora. Hablaban de la misma música y los mismos temas. Con el paso del tiempo, su rol pasó a parecerse más al de un padre. “Confiaban en mí. Podíamos tener conversaciones de tú a tú. Me contaban sus problemas y yo les ayudaba”.

Otra de las muchas pérdidas que Saiz lamenta es el vínculo profundo entre el director deportivo y el corredor, que hoy no ve.

El torrelaveguense no tiene pelos en la lengua a la hora de reconocer que fue “un ciclista malo”, pero después de formarse en Madrid, comenzó a entrenar a ciclistas profesionales en 1979 y solo tres años después se convirtió en seleccionador nacional junior. En su opinión, la clave de su éxito no radicaba en su forma de gestionar, sino en que sus pupilos “tenían buena madera y eran moldeables”.

A lo largo de su trayectoria, dirigió a 115 corredores, entre ellos Eduardo Chozas, Ángel Camarillo y Faustino Rupérez. “Todos tenían algo en común, una calidad innata muy importante y capacidad de sacrificio y sufrimiento”, algo que no ve en las últimas generaciones de ciclistas.

El exdirector deportivo asegura que la juventud de 1990 no se parece en nada a la actual. “Hacen su propia autoevaluación sin escuchar a los demás y, como no hay autocrítica, no hay mejora. Se fijan en modelos en los que no hay sacrificio”, subraya.

Aunque cree que están surgiendo corredores de alta calidad, no duda en afirmar que los que tienen entre 24 y 32 años forman “una generación vacía”. “Por eso me atacan, porque digo muchas verdades o digo lo que pienso”, sentencia.

David Pérez

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