El apoyo público impulsa un pequeño sector audiovisual en la región

Cantabria atrae cada vez más grabaciones y los creadores locales se lanzan a los primeros largometrajes

El peso de la industria audiovisual nunca será decisivo en la economía española pero tiene más importancia de lo que indican sus números, ya que, además de generar empleo, es una forma de promocionar turísticamente un territorio. Cantabria aspira a ser un escenario habitual para los rodajes y actores de la talla de Nicole Kidman, Antonio Banderas, Bill Nighy, Quim Gutiérrez o Miguel Ángel Muñoz pueden dar cuenta de ello. Aunque es difícil competir con Madrid, centro neurálgico de esta disciplina, la región cada vez vende mejor sus espectaculares escenarios y distintas iniciativas públicas tratan de impulsar el talento local.


El Casino de Santander y las playas de El Sardinero, la Plaza de la Constitución de Comillas, los acantilados de Langre, las empedradas calles de Santillana del Mar o las verdes praderas de los Valles Pasiegos son algunos de los escenarios cántabros que han aparecido en anuncios de televisión, series y películas, especialmente en los últimos años.

Que estos lugares se muestren ante miles o incluso millones de espectadores puede ser un motivo de orgullo para los cántabros, porque los directores de fotografía suelen verse tentados a dar protagonismo a la belleza de la tierra aunque no sea esa la prioridad del director de la película o el spot, pero su auténtica importancia radica en el impacto turístico que supone convertirse en una localización de televisión o cine. También en el gasto que realizan in situ estas producciones. La Spain Film Commission estima que más del 30% del presupuesto global de una producción recae en las localizaciones elegidas, repartido entre proveedores locales de limpieza, logística, seguridad, transporte, caterings, suministro de combustibles, y, en ocasiones, albañiles, carpinteros, electricistas y hasta sanitarios.

Un momento del rodaje de la película ‘Casi familia’, en San Vicente de la Barquera.

Los actores llegan con el equipo de rodaje pero es bastante habitual que se contrate a lugareños como extras, como ya ocurrió con la serie ‘Gran Hotel’ o, más recientemente, en el rodaje de la película ‘Casi Familia’, en la que han contado con 600 figurantes de la zona de San Vicente de la Barquera.

El impacto indirecto se concentra prácticamente en la hostelería, ya que trasladarse a una localización implica contratar alojamiento y manutención para todo el equipo del rodaje.

Cuantificar todos estos aspectos es complicado, pero se calcula que el rodaje de ‘Casi Familia’ ha dejado en Cantabria alrededor de 350.000 euros en tan solo tres semanas. La figuración y el equipo técnico regional contratado ronda los 90.000 euros y las localizaciones y la logística, unos 70.000. Además, el alquiler de transportes (coches, barcos…) supone otros 40.000 euros, a los que hay que sumar 60.000 en comidas y catering, y 90.000 en hoteles y alojamientos.

Santillana del Mar durante el rodaje de la película ‘Altamira’, protagonizada por Antonio Banderas.

El impacto inducido es la promoción turística que supone aparecer en miles de pantallas, difícil de igualar por ninguna campaña promocional. Si las imágenes resultan atractivas, el lugar adquiere rápidamente notoriedad. De hecho, cada vez es mayor el número de viajeros que visitan los lugares donde se han rodado sus series o películas favoritas. Un fenómeno amplificado por las redes sociales, que han llegado a poner en el mapa turístico internacional destinos hasta ese momento desconocidos, como ocurrió con los emplazamientos históricos elegidos para la serie Juego de Tronos.

La versatilidad de Cantabria

Cantabria no ha tenido la suerte de ser elegida para una serie con tanto tirón, y aunque no puede descartarse que ocurra, lo realmente seguro es que llegarán cada vez más productoras, atraídas por la enorme versatilidad de localizaciones en muy poco espacio geográfico, lo que significa menos desplazamientos y menos gastos: montañas, bosques, ríos y parques naturales, además de 284 kilómetros de costa con cerca de un centenar de playas, que forman parte del formidable catálogo paisajístico que ofrece la comunidad autónoma.

Las producciones que salen de Madrid tienen más gastos, más dificultades para atraer a los actores y para encontrar profesionales. Son los obstáculos con los que hay que competir

A su vez, el patrimonio histórico y arquitectónico regional destaca por su singularidad y conservación: villas medievales, pueblos de montaña y costeros, faros, iglesias y capillas, castillos y fortalezas, a los que se añaden otras instalaciones más modernas, como sus siete puertos, el aeropuerto o las estaciones, que han formado parte de algunas tramas que se desarrollan en tiempos más recientes.

El desarrollo del turismo ha dotado a Cantabria de una buena infraestructura de servicios, que facilita a los equipos técnicos y artísticos las producciones, con una gran oferta hotelera, así como alojamientos rurales o alojamientos turísticos, además de una extensa red de establecimientos gastronómicos y de ocio.

Luchar contra un gigante

A pesar de los muchos alicientes que ofrece la región, es difícil competir con Madrid, donde se concentra la industria audiovisual, y los productores saben que pueden disponer de todos los servicios que requiere una grabación, desde los alquileres de equipos y vestuario a los estudios, maquilladores, carpinteros de rodaje, iluminadores… Evitar salir de la capital supone, por tanto, ahorrarse dietas y desplazamientos de equipos que en ocasiones superan el centenar de personas, porque todas ellas vuelven a sus casas cada día. Hay que tener en cuenta, además, que muchos actores simultanean un rodaje con el teatro, con una serie o con programas de televisión y se ven obligados a descartar los trabajos que se hagan fuera de la capital.

GRAN HOTEL (2011). Bambú Producciones eligió La Magdalena y otros escenarios de Santander y Cantabria para representar la vida en un ‘Gran Hotel’ de comienzos de siglo XX. Protagonizada por Amaia Salamanca, Yon González y Concha Velasco, entre otros grandes actores nacionales, se emitió en Antena 3 y, posteriormente, en una treintena de países de todo el mundo.

Competir contra estas ventajas tan evidentes de Madrid es muy difícil. En 2021 se han grabado allí 88 largometrajes (el 35% del total), 119 cortometrajes y 51 series de ficción (el 71% de las realizadas en el país), además de 400 anuncios publicitarios y 250 proyectos televisivos. Se trata de las cifras más altas registradas hasta la fecha, lo que afianza el papel de la capital española como centro de referencia en la producción de contenidos audiovisuales.

No es de extrañar, por tanto, que Madrid concentre más de 3.000 compañías del sector audiovisual. Tampoco conviene olvidar que el cine es capaz de hacer milagros y suplir algunas carencias. Aunque Madrid no tiene costa, el Pantano de San Juan y el embalse de Santillana, por ejemplo, se han convertido en “mar” en más de una ocasión.

La capital no es la única competidora que juega con ventaja. España cuenta con importantes incentivos fiscales para atraer las producciones extranjeras. Los rodajes internacionales tienen un tax rebate (reembolso de impuestos) del 30% por el primer millón de euros gastados en el país y del 25% a partir de esa cantidad, con un techo de diez millones. Pero estas deducciones fiscales son aún mayores en Navarra (que aprovechando su régimen foral concede un 35% en el primer millón) y, sobre todo, en Canarias (donde sube hasta el 50% en el primer millón y el 45% para el resto, con un techo de 18 millones). Es más que probable que esta circunstancia haya contribuido a la sorprendente cantidad de películas y series internacionales que se han ambientado recientemente en estas islas.

LA VERDAD (2018). Esta serie de suspense producida por Mediaset trajo a sus protagonistas (Elena Rivera, Jon Kortajarena, Lydia Bosch y Ginés García Millán, entre otros) a un gran número de escenarios de Santander –desde el Barrio Pesquero, a la Maruca, pasando por El Sardinero o el entorno de la Bahía­–. También se utilizaron emplazamientos de Liencres, Mortera, Mompía, Puente Arce, Ribamontán al Mar…).

A pesar de tanta competencia, cada vez son más las productoras que eligen Cantabria para grabar documentales, programas de televisión, series, anuncios, cortos y largometrajes.

Desde la creación de Cantabria Film Commission hace casi una década (2013), este tipo de proyectos se han incrementado prácticamente cada año. De los 44 proyectos que contactaron con la entidad en 2013, se ha pasado a 94 en 2021.

Apoyo al sector regional

La Cantabria Film Commission –dependiente de la Consejería de Cultura y que forma parte de la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte (SRECD)– puede definirse como la oficina de atención a los rodajes que se hacen en la región, además de apoyar a los profesionales cántabros.

Lo hace mediante las ayudas a los largometrajes y concursos de cortos como ‘Cantabria en Corto’ o los ‘Talleres Impulso’, que ayudan a los creadores locales a dar visibilidad a sus proyectos y acceder a festivales que, de otra manera, no les sería posible. También a través de la formación, con los talleres gratuitos impartidos en la Filmoteca bajo el título ‘Diálogos de Cine y Producción’ (DCyP).

Todo ello está propiciando un modesto pero interesante ecosistema que aprovecha estas oportunidades para su evolución y cada vez son más los productores cántabros presentes en festivales nacionales e internacionales, o que colaboran con otras productoras de fuera de la región en proyectos de gran envergadura, algo que hace unos años era impensable.

Es cierto que la actividad audiovisual de Cantabria sigue siendo muy reducida pero está viviendo los mejores tiempos que ha conocido. Lo que necesita es encontrar la fórmula para convencer a los productores, y especialmente a las plataformas –las únicas con proyectos de continuidad– de que en los poco más de 5.000 km2 de la región hay espacios únicos para el rodaje y equipos humanos para todo tipo de producciones.


‘La situación regional ahora mismo es esperanzadora’

El realizador cántabro Nacho Solana ante una mesa de montaje.

El director de cortos Nacho Solana es uno de los referentes del sector audiovisual en Cantabria. Ha sido candidato a los premios Goya por su cortometraje ‘Namnala’ (2014) y sus trabajos han sido reconocidos en un gran número de certámenes.

Su último corto, ‘No hay fantasmas’, es uno de los financiados por la Consejería de Cultura y va a ser el punto de partida de su primer largometraje. Con otro proyecto, ‘Eco’, ha recibido el premio DAMA Nuevas Narrativas.

“La situación del sector ahora mismo es esperanzadora”, asegura Solana. “Aunque queda mucho camino por recorrer, gracias a las ayudas y al apoyo de la Film Commission y la Filmoteca hay más opciones que nunca para levantar proyectos ambiciosos”, añade.



‘Estamos viviendo un momento muy ilusionante’

El productor cántabro Jesús Choya.

El productor cántabro Jesús Choya es una de las promesas del sector. A pesar de su juventud ha participado en los equipos de la película Cinco Lobitos, que ha tenido una gran repercusión este año; en videoclips de artistas como Zahara, La Bien Querida, Vicente Navarro o Zetazen y en varios cortometrajes.

Su proyecto de largometraje ‘Beroa’ consiguió el año pasado una de las ayudas al desarrollo de largometrajes, y ahora está seleccionado en el laboratorio ‘Talents’, del Festival Atlántida que organiza Filmin en Mallorca.

Choya define este momento como “muy ilusionante y un punto de partida para crear una industria y un tejido cultural para la región”. “Las instituciones se han dado cuenta de que hay que construir desde la cantera y no intentar dar grandes pelotazos, sino cuidar el talento cántabro. Es un gran plan a futuro”, añade.



‘Las ayudas nos permiten competir fuera de Cantabria’

Marta Solano es socia fundadora de Burbuja Films, una de las productoras de referencia en el sector audiovisual cántabro, además de presidenta de la PACCA (Productoras Asociadas de Cantabria de Cine y Audiovisuales).

Entre sus trabajos, destacan varios documentales con temáticas femeninas, como ‘Mujeres del campo’, ‘Mujeres de la mar’ o ‘Mis dos mitades’, que versa sobre la complejidad de la maternidad, contada a través de su propia experiencia.

“Las ayudas a largometrajes hacen posible competir fuera de Cantabria: no solo nos permiten conseguir otras financiaciones, sino coproducir con otras productoras de fuera”, explica la presidenta de la PACCA. “Si no tenemos una ayuda en nuestra comunidad autónoma, es casi imposible optar a las ayudas nacionales”, se lamenta.

Solano es optimista: “Gracias a la labor de Cantabria Film Commission y de la Filmoteca, en unos años se podrá hablar de cine cántabro, no solo cine rodado en Cantabria”, augura.


María Quintana

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