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Inundados de bocartes

Las conserveras llenan los almacenes tras dos desembarcos como ya no se recordaban

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Dos jornadas históricas, así se han vivido los días 8 y 9 de mayo entre centenar y medio de barcos dedicados a la costera de la anchoa, que descargaron en las lonjas cántabras cerca de 2.000 toneladas de bocarte, después de detectar una gran mancha de cardumen muy cerca de la costa, entre Liencres y Santander. Peces un poco más grandes que en las jornadas anteriores, de entre 33 y 40 unidades (granos) por kilo, que las conserveras no han querido perderse, hasta llenar sus frigoríficos para toda la temporada a unos precios que llegaron a estar por debajo del euro el kilo debido a la abundancia.

Las descargas acabaron con las cajas de las que disponen las lonjas cántabras, que no eran capaces de alijar tanto pescado, ni dar hielo y combustible a tanto barco. Y a la vista del hundimiento de los precios, los patrones mayores ‘pusieron bandera’ para dejar de pescar desde el jueves, para no hundir aún más los precios. En ese momento, y a la vista de que hasta el lunes ya no entraría más bocarte, se produjo una recuperación de las cotizaciones, que pasaron a 2,4 euros por kilo.

Las conserveras cántabras no eran capaces de procesar tanto pescado como habían adquirido, a pesar de poner sus fábricas a pleno rendimiento. “Ya no queda nadie a quien llamar, por lo menos aquí en Santoña, salvo los que no quieren trabajar, que también los hay”, confesaba un fabricante de anchoas. La mayoría ha optado por una doble estrategia: meter buena parte en las cámaras frigoríficas, donde tarde en madurar tres veces más, e ir procesando mientras tanto en fresco.

Marruecos también compra

Una parte del pescado ha sido adquirido por intermediarios que trabajan para empresas extranjeras, sobre todo marroquíes, aunque este dato no es posible confirmarlo. Entre los conserveros existe la convicción de que se han montado grandes semiconserveras de anchoa en la costa marroquí, que tienen su flota de camiones ya preparada en España y compran tanta anchoa como el mercado ofrece, sobre todo la de pequeños tamaños, donde por su coste de mano de obra saben que pueden ser más competitivos.

Estos fabricantes africanos han contribuido a dar la salida al ingente volumen de bocarte entrado en estos dos días, pero luego se convertirán en una incómoda competencia en el mercado. Pero las 2.000 toneladas de anchoa daban para eso, para saturar los almacenes de las conserveras locales, y para los puestos de venta de pescado fresco “de Cantabria y de todo el país”, en palabras de un fabricante que tenía que volver la vista a su niñez para encontrar una abundancia parecida ya no esperaba volver a ver desembarcos semejantes de bocarte.

Se está cumpliendo la previsión de los biólogos, que hace unos meses advirtieron de la existencia de una gran biomasa de alevines de bocarte en el Mar Cantábrico, que podrían deparar una buena costera. Y lo está siendo, aunque aún falta mucho para cerrar la campaña.

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