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Uno de cada tres trabajadores del Banco Santander se ofrece para salir

Oficinas enteras del antiguo Popular se han apuntado al ERE

El ajuste de plantilla del Santander no solo se va a resolver a través de salidas pactadas sino que el banco tendrá problemas para decidir qué propuestas acepta de todos los que se han ofrecido a salir. Circulan rumores de que 11.000 trabajadores de su red española, uno de cada tres, se han apuntado voluntariamente para la amortización de los 3.233 puestos de trabajo previstos, lo que revela las crecientes dificultades de un trabajo que se ha visto muy afectado por la pérdida de rentabilidad del negocio a consecuencia de los bajos tipos de interés.


En España hay enormes diferencias entre trabajar en una gran empresa del Ibex o en una pyme, y no solo de salario, pero cada vez quedan más lejos los tiempos en los que las macroempresas tenían los beneficios asegurados y bastaba con administrarlas más que gestionarlas. Son tiempos difíciles para todos, incluso para los bancos, y eso se refleja en las plantillas, cada vez más deseosas de la jubilación. Ese síndrome puede justificar que nada menos que 11.000 personas, según algunas fuentes, se hayan ofrecido para acogerse al ERE del Santander, destinado a recortar 3.233 empleos. Un campo en el que llueve sobre mojado, porque desde comienzos de la crisis el sector ha perdido nada menos que 100.000 empleos, parte de ellos del propio Santander.

El Banco aún no ha facilitado cifras y otras fuentes estiman que quienes han apretado el botón del formulario pueden ser unos 8.000, una cifra en cualquier caso muy superior a la que se buscaba. Ahora será la entidad la que decida, aunque algunos de los interesados ya han tenido una respuesta personal, rechazando su solicitud, porque el Banco dice no poder prescindir de ellos, y otros que no se habían ofrecido han sido conminados a hacerlo.   

Oficinas enteras se han apuntado al ERE, sobre todo aquellas que procedían del Popular, especialmente las antiguas gallegas del Pastor, que ya vivieron una absorción anterior y llevan con más dificultad la integración en el Santander. Su marcha encaja con la intención del banco, ya que, entre las 1.150 oficinas que pretende cerrar, hay muchas de las que llegaron con el Popular y se han solapado con su red. De hecho, en Cantabria, donde está previsto cerrar 19 oficinas, no quedará prácticamente ninguna del Popular.

La avalancha de candidatos al ERE evitará hacer despidos traumáticos pero revela la presión a las que están sometidas las plantillas de las entidades financieras para conseguir resultados en un mercado cada vez más difícil, donde la operativa bancaria se ha quedado sin márgenes y para mantener el beneficio es imprescindible recurrir al cobro de comisiones (que siempre suscitan la queja del cliente) y a la venta de productos cruzados, lo que obliga a los empleados a mantener una gran tensión comercial para conseguir los objetivos.

Fuentes sindicales se muestran convencidas de que en Cantabria, donde el Santander tiene unos 570 trabajadores, la proporción de los deseosos de salir será muy inferior (“como mucho, lo habrán pedido un centenar”, calculan) lo que se ajustaría bastante a las 164 bajas que están previstas para esta dirección territorial, que incluye también a Asturias. Entre las dos comunidades, la entidad tiene 927 trabajadores.

En cualquier caso, los propios sindicatos reconocen que cada vez son más los interesados en encontrar una puerta de salida. “Muchos quieren salir de este y de todos los bancos, porque en el sector hay un creciente malestar que se refleja en trabajadores con ansiedad y depresiones”. El hecho de que el Banco haya aceptado unas condiciones para los empleados francamente mejores que en el ERE anterior y la convicción de que no será el último (mientras no suban los tipos de interés seguirán necesitando reducir los costes) lleva a muchos a la política del ‘pájaro en mano’. Tras la negociación con los sindicatos, el banco ofrece, en esta ocasión, una prima de hasta 11.000 euros más que en el ERE de 2017 para los trabajadores menores de 50 años y de hasta 26.000 euros más para los que están entre los 50 y los 54 años, además de otras ventajas.

Los mayores de 55 años se pueden prejubilar con el 75% del salario pensionable (anteriormente fue del 70%) o el 72% más el 58% del complemento voluntario. Entre los 50 y los 54 años, tendrán un pago único del 60% del importe pensionable por 6 años, y los de menos de 50 años, una indemnización de 40 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades. También se incluyen primas de 2.000 euros por trienio y, en función de la responsabilidad que ocupen, de entre 5.000 y 30.000 euros.

Cantabria será una de las comunidades menos afectadas por la clausura de oficinas, porque han sido menos los solapamientos que se han producido con la compra del Banco Popular. Los cierres de sucursales comenzarán este mismo mes (entre septiembre y octubre desaparecerán 750 en todo el país) y las 400 restantes habrán desaparecido antes del 31 de diciembre. En algunas comunidades, como Navarra, echarán la persiana nada menos que el 42% de las oficinas y en La Rioja apenas quedará una de cada tres, porque pasarán de 30 a 11. Se trata de las regiones donde el Popular tenía más implantación. En Madrid cerrarán 131 oficinas (el 18% de las que tiene el Santander) y en Barcelona, 91 (el 22%).

Un año muy complicado

Aunque el ERE se resuelva sin mayores conflictos, Ana Botín, presidenta del Banco Santander, se enfrenta a su sexto año de mandato con un escenario complicado, como consecuencia de un cúmulo de factores muy negativos, desde el pleito con el fallido consejero delegado Andrea Orcel a la reiteración de la política internacional de bajos tipos de interés, que todos daban ya por periclitada. La puntilla ha sido la opción de Gran Bretaña por un Brexit sin acuerdo y la inestabilidad del comercio mundial, como consecuencia de las medidas adoptadas por Donald Trump contra China, que han acabado por hundir la cotización de los bancos a niveles que no se veían desde la aprobación en referéndum del Brexit.

El negocio se ha estrechado extraordinariamente en Europa por la presión sobre los márgenes, que ha llevado a que, por ejemplo, el Reino Unido, que suponía el 20% de las ganancias globales del Grupo Santander se haya quedado en el 11%. De ser la primera fuente de beneficios de la entidad ha pasado a la cuarta. Afortunadamente para el Banco, Brasil sigue muy fuerte y aporta el 29% del resultado y en Estados Unidos cada vez tiene más negocio. En el primer semestre del año ha proporcionado un beneficio de 465 millones de euros, un 30% más que el año pasado, y ya contribuye con el 9% de las ganancias totales.

En realidad, el Banco es cada vez más americano. En los últimos cuatro años, los accionistas de aquel continente han aumentado su presencia muy significativamente y ahora controlan el 21,9% del capital del Santander. BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, se ha convertido en la principal accionista de la entidad, con un 5,39%, seguida de otra gestora estadounidense, Vanguard, con un 2,95%. Otra más, Dimensionan Fund, tiene el 1,17%. Esta evolución contribuye a que cada vez sea menor el peso de los pequeños accionistas, que en 2014 controlaban un 48,4% del capital y ahora tienen el 39,5%. Los consejeros del banco, por su parte, se han quedado con un 1,1%, frente al 1,26% de entonces.

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