Plásticos Gamaza encuentra un nuevo mercado en el material de protección para peluquerías y tiendas

A comienzos de los 60, a poco de divulgarse comercialmente el plástico, el producto sintético que cambiaría la vida diaria, surgieron en Cantabria dos empresas de transformación: Plásticos Españoles, promovida por el maderero Armando Álvarez que, con el impulso de Solvay, acabaría siendo la mayor empresa del sector en España y una de las mayores de Europa, y Plásticos Gamaza, una firma familiar mucho más modesta, que se especializó en las bolsas para tiendas. Después de medio siglo de éxito, este mercado amenaza con desaparecer.

El interior de la fábrica de La Albericia.
El interior de la fábrica de La Albericia.

Con el cierre forzoso de los comercios durante la primera fase del confinamiento y la previsible desaparición de muchos de ellos si la crisis sanitaria se prolonga, la empresa santanderina no ha tenido más remedio que plantearse alternativas y ha comenzado a fabricar plásticos para las nuevas necesidades que han surgido en la protección personal contra el virus.

Gamaza ha reaccionado rápido para ocupar un nicho de mercado que los chinos no van a disputar por el momento, el de las protección contra el Covid en los pequeños establecimientos. Ellos han de recuperar el tiempo perdido durante el cierre de sus fábricas y tienen por delante un mercado mundial que abastecer. Gamaza ha entrado con éxito en el sector de las peluquerías con unos ponchos plásticos de un solo uso que se colocan a cada cliente, para evitarle el contacto durante el servicio.

También han empezado a comercializar bolsas para aislar las prendas de abrigos y objetos que puedan traer los clientes, y plásticos para proteger la mercancía de todo tipo de negocios.

Javier Gamaza explica que se trata de productos sencillos en los que prima la funcionalidad al diseño. El objetivo es cumplir la normativa y que tanto el cliente como el peluquero o el dependiente estén bien protegidos.

La empresa siempre ha trabajado para el comercio, fabricando las bolsas personalizadas que entregaban muchas tiendas con la mercancía, para el sector de la alimentación y para la industria, pero con la crisis sanitaria han aparecido clientes inesperados. Hacienda le ha pedido bolsas para que los objetos metálicos o electrónicos que cada visitante ha de pasar por sus escáneres no tengan contacto directo con la cinta.

Un material que se reivindica en mitad de la crisis

Javier Gamaza junto a las cintas de señalización que fabrica para el Gobierno de Cantabria.
Javier Gamaza junto a las cintas de señalización que fabrica para el Gobierno de Cantabria.

El Covid ha puesto en entredicho el futuro de las tiendas, los clientes tradicionales de la empresa, algo que preocupa seriamente a la compañía, pero también ha hecho surgir otros y, sobre todo, se ha convertido en un inesperado aliado de las bolsas de polietileno, que debían desaparecer en 2021, de acuerdo con la exigente normativa comunitaria. Su funcionalidad las hace ahora imprescindibles, porque son baratas, el papel no ofrece la misma versatilidad ni transparencia y las bandejas de PET tienen su propio ecosistema de usos.

Gamaza fue, precisamente, el introductor en España, en 2011, de las bolsas de plástico degradables, hechas a partir de fécula de patata, pero aquellas importaciones se demostraron pronto poco efectivas y no cuajaron. Resultaban caras y se degradaban demasiado rápido para las necesidades de la logística, lo que desanimó su uso, hasta desaparecer casi por completo.

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