Como en Casa: la pandemia impulsa las comidas a domicilio

Mayte Urraca, fundadora de Como en Casa, es una de las pocas empresarias cuyo negocio crece después de la pandemia. Ha extendido a varios municipios su fórmula de comidas caseras a domicilio, y acaba de abrir un restaurante en la calle Federico Vial, de Santander, donde ya tenía las cocinas. Si se cumplen sus expectativas, es probable que acabe el año duplicando el número de comidas servidas en el anterior.


Durante el confinamiento, un señor de Sarón que vive solo se emocionó al saber que podíamos llevarle la comida a casa. El bar al que bajaba a comer cada día había cerrado, obligado por las normas sanitarias del estado de alarma, y él no sabía cocinar”. Mayte Urraca relata esta experiencia como una más de las que se producen en el servicio domiciliario de su empresa, Como en Casa, una iniciativa que creó hace trece años y que ha despegado ahora, con el cambio de costumbres que está imponiendo la nueva normalidad.

La pandemia ha introducido nuevos hábitos en la sociedad española. El teletrabajo posiblemente haya llegado para quedarse, pero también la jornada continua o el comprar comida preparada para llevársela a casa, o recibirla allí mismo.

El perfil de su clientela son personas que viven solas o parejas, estudiantes y ancianos

Mayte tomó una decisión radical, la de venirse a Cantabria, dispuesta a cambiar Madrid por un lugar tranquilo en el que estaba convencida de que sus hijos crecerían más felices. No tenía más vínculos. Se asentó en Santander y decidió convertirse en empresaria autónoma para buscarse una salida laboral. Nunca había cocinado hasta que empezó a hacer los purés a sus hijos, reconoce, pero sabía perfectamente cómo organizar un servicio de comidas, porque sus padres regentaron durante muchos años una residencia universitaria en la colonia de El Viso, en el centro de Madrid. Ella, que había estudiado Administración de Empresas, acabó trabajando en la empresa familiar y más tarde dirigió otra residencia universitaria en la calle San Bernardo.

Los platos responden al patrón de comida casera y variada.

En la memoria conservaba (y aún la puede recitar) la hoja de menús que se componía para cada semana o los aprovisionamientos. Era un buen punto de partida para montar una empresa de comidas a domicilio, aunque no le resultó nada fácil. Es ahora cuando cree que ha conseguido por fin la plantilla estable que deseaba y cuando se siente en condiciones de dar el salto. La pandemia ha aumentado el número de familias que han optado por la comida precocinada, sobre todo por la de tipo casero, que se ha convertido en una alternativa accesible y evita hacer la compra diaria, pensar un menú y cocinarlo.

Por unos pocos euros más, cualquiera puede evitarse estos trabajos y comer variado y equilibrado. Sus menús están compuestos por primer plato, segundo y postre y cuestan 8 euros para llevar o servidos en casa de lunes a viernes, (240 euros al mes).

Las mayor parte de sus clientes responden a tres perfiles: personas que trabajan y viven solas o en pareja, estudiantes y ancianos. Mayte ha tratado muchos años con estudiantes y sabedora de que “comen mucho”, procura que las raciones sean holgadas, lo que supone que a muchos ancianos ese mismo menú les sirve para el almuerzo y la cena. No obstante, también comercializa medios menús, compuestos por un plato y postre, a cinco euros.

La comida se cocina esa misma mañana y se sirve en envases plásticos, que permiten comerla en el día o conservarla, guardada en el frigorífico, para el día siguiente.

Apertura de un restaurante

El crecimiento de la demanda a partir del estado de alarma ha llevado a la empresaria a plantearse la apertura de un local de comidas, anejo a sus cocinas, en la calle Federico Vial, del Barrio Castilla Hermida, que acaba de abrir. Ella nunca pensó en este formato hostelero pero cree que ha llegado el momento, por las muchas complementariedades que tiene con su actividad: las mismas cocinas, el mismo local y los mismos menús que se recogen en mano para comer en casa o se envían a domicilio.

Uno de los menús de Como en Casa, preparado para su entrega.

Ahora, su mayor satisfacción proviene de la acogida que tienen sus menús en los pueblos a los que llega en su primera ruta, que por el momento abarca Solares, Sarón y buena parte de la comarca de Torrelavega, porque los destinatarios pronto se familiarizan con el repartidor, que acaba por convertirse en su confidente y en su enlace con el mundo exterior. Eso da lugar a que, en algunos casos se hayan visto obligados a llamar a los servicios sociales o a los médicos, al comprobar que su cliente no había recogido la comida o al detectar que se encontraba enfermo.

“Es mucho más que llevarles una comida; es una forma de tener constancia de su estado”, ratifica Mayte. Aunque lamenta que en muchos municipios no haya otros mecanismos de seguimiento para estas personas, asume ese inesperado papel social de su empresa con entusiasmo, casi como una obligación a cambio del agradecimiento con que suelen acoger estos clientes su servicio.

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