Jacinto Herrero empieza a producir piezas para coches de gran lujo

La empresa fabricará componentes de la capota para Maserati, Aston Martin y McLaren

Los efectos de la pandemia sobre el mercado de la automoción han llevado a Industrias Jacinto Herrero a tratar de diversificar aún más su actividad. La empresa metalúrgica cántabra ha empezado a apostar por las piezas de series cortas para vehículos de alta gama y hasta se ha atrevido con el mundo de los videojuegos, al comenzar a fabricar la estructura metálica de los cockpit, los puestos de conducción que se utilizan en los simuladores de carreras de coches.


La incertidumbre que rodea al sector automovilístico por el alza de los precios de los materiales y el cambio tecnológico no le ha impedido a Industrias Jacinto Herrero adjudicarse nuevos proyectos, después de abrirse a productos de más valor añadido, aunque se hagan series mucho más cortas.

La empresa familiar de Guarnizo fabricará algunos de los componentes móviles para vehículos de alta gama, como el que permite hacer el movimiento de extensión y recogida de la capota. Las marcas destinatarias de estas piezas articuladas son Maserati, Aston Martin y McLaren, aunque no les llegarán directamente sino a través del suministrador de estas cubiertas extensibles.

Vista de las instalaciones de Industrias Jacinto Herrero.

Los tres proyectos tienen una duración de entre cinco y seis años y cada uno de ellos supone entre 1.000 y 1.500 vehículos. No son muchos pero se trata de marcas de lujo de gran prestigio. “Nos estamos posicionando bien en este nicho de mercado de pocas unidades y mucho valor añadido donde la calidad y la precisión cuentan”, explica Álvaro Herrero, director de proyectos de la compañía cántabra.

Las piezas para Aston Martin acaban de pasar a la fase de producción, mientras que las de los Maserati y McLaren aún se encuentran en proceso de industrialización y las primeras unidades saldrán en 2023, si se cumplen los plazos previstos.

Antes, en la planta de Jacinto Herrero se definen los procesos y tecnologías se emplearán en la fabricación, un proceso que dura dos años. En ese tiempo se diseñan y construyen los utillajes específicos y se producen las primeras piezas prototipo, para que el cliente puede validar sus dimensiones y funcionalidad.

La entrada en este mercado

Aunque el 65% de la actividad de Industrias Jacinto Herrero está centrada en el sector de la automoción, la empresa cuenta con otras líneas de negocio, como los electrodomésticos (aproximadamente, un 25% de su actividad) y un amplio abanico de trabajos para otros ámbitos, que representan el 10% restante, un cajón de sastre que incluye componentes para maquinaria de ascensores o para máquinas de vending, entre otros.

Esta variedad evita que la compañía dependa de un solo mercado y le capacita para adaptarse a cualquier tipo de pedido, lo que su vez exige disponer de una gama muy amplia de maquinaria y tecnología, desde una línea compacta de prensado a una prensa hidráulica, pasando por robots de soldadura, máquinas de corte láser, plegadoras, punzonadoras, fresadoras puente, curvadoras y centros de mecanizado.

El nuevo Maserati MC20 en su versión Cabriolet para el que van destinados los componentes fabricados en Guarniz

Esa flexibilidad le ha permitido optar a piezas complejas o que requieren el uso de varias tecnologías, como ocurre con las destinadas al coche eléctrico. “Muchos de nuestros clientes están acostumbrados a tener unos proveedores que pueden hacer series largas, pero nosotros podemos hacerlas largas o cortas; esa es la diferencia”, señala Álvaro Herrero.

Las piezas destinadas a Aston Martin serán de acero, pero las de Maserati y McLaren se harán en aluminio, un material cada vez más habitual en el mundo de la automoción, porque permite aligerar peso. Jacinto Herrero tenía experiencia usándolo en la fabricación de componentes para electrodomésticos pero es la primera vez que lo usará en automoción.

Subida de costes

En el sector del automóvil se han acumulado las incertidumbres. Más allá de la sustitución de los coches diésel por los de gasolina y éstos por los eléctricos, los efectos de la pandemia han añadido más zozobras a los proveedores.

Industrias Jacinto Herrero fue una de las muchas empresas auxiliares que se vio forzada a parar su actividad en abril de 2020, aunque se repuso con rapidez. A partir de mayo el trabajo fue normalizándose y la compañía terminó facturando un 16% menos y aunque este año pretende regresar a niveles previos a la pandemia, el impacto del coronavirus no se ha disipado del todo. “En noviembre del año pasado una tonelada de acero valía 800 euros. Ahora son 1.500 euros. Cuando haces piezas que lleva un 60% o un 70% de ese material, repercute mucho en los costes”, lamenta Herrero.

Pese a estos factores externos que la empresa no puede controlar y que impactan directamente en su volumen de trabajo, Herrero confía en consolidar la fabricación de piezas de tirada corta. De hecho, ya tiene otro proyecto entre manos, para producir las estructuras que alojarán las baterías de unos autobuses eléctricos que la marca Man construirá en Alemania. Antes de concluir el año estas piezas estarán en fabricación, lo que supondrá otro paso más en su diversificación de la clientela.


Los videojuegos, la incursión en un sector inesperado

Uno de los cockpit que ha fabricado Industrias Jacinto Herrero.

Durante el confinamiento, en los meses más críticos de la pandemia, la cartera de trabajo de Jacinto Herrero bajó significativamente, especialmente en los pedidos del sector automovilístico, y la compañía se vio obligada a buscar otros mercados. Fue entonces cuando dos trabajadores hicieron una propuesta inesperada: entrar en el mundo de los videojuegos.

Los empleados eran aficionados a las carreras virtuales y pusieron sobre la mesa la posibilidad de fabricar los puestos de pilotaje que utilizan los gamers para recrear ante las pantallas sus experiencias automovilísticas, también conocidos como cockpit. “Estaban convencidos de que nosotros podíamos hacer un producto competitivo”, recuerda Álvaro Herrero.

Desde febrero, la compañía ya está fabricando parte de la estructura metálica del cockpit, a la que van fijados el volante, la pedalera, el asiento o el teclado, de forma que muchos compradores, que ya cuentan con estos componentes, los pueden montar por sí mismos.

Herrero señala que la mayor parte de quienes los han comprado hasta ahora son cántabros e indica que se trata de una inversión cara, puesto que el precio del cockpit se encuentra entre los 450 y 500 euros, “y es una compra que no ocurre por capricho, hay que madurarla”, dice. La planta espera que el despegue de los pedidos se produzca en la campaña de Navidad.

Pese a que todavía no representa una cifra de negocio significativa para la empresa, Herrero subraya que “la idea llegó como un soplo de aire fresco. En ese momento había gente ante la disyuntiva de irse a casa en un ERTE o apostar por esto”, recuerda.

Es la primera vez que Industrias Jacinto Herrero vende directamente al consumidor final, otra razón más para que “esta iniciativa haya traído ilusión a la compañía”, añade Álvaro con entusiasmo.


David Pérez

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