Emprendedores de Cantabria

NORDESTE: Bolsos artesanos personalizados

La marca ofrece a sus clientas participar en el proceso de creación

La democratización de la moda ha fomentado que los consumidores busquen opciones más personales y exclusivas. Pequeñas y grandes empresas se han sumado a este fenómeno, conocido como personalización masiva, que incluye al comprador en el proceso creativo. Nordeste es la marca cántabra de bolsos personalizados que Macarena Penagos y Mar Mazorra fundaron con ese propósito: ofrecer un lujo asequible.


El taller de Nordeste en la calle Argentina, de Santander, está repleto de máquinas de coser, telas, bolsos e ilusión. La de dos amigas, Macarena Penagos y Mar Mazorra, por dedicarse a lo que más les gusta, la moda. A pesar de que anteriormente habían sido profesora y secretaria de dirección; de que Mar nació en Barcelona y Macarena en Villacarriedo y de que los cuatro hijos que suman entre las dos habían hecho que ambas decidieran permanecer inactivas hasta que estos fueran algo más mayores, Nordeste llegó a sus vidas. Y fue casi por casualidad.

En 2014 Mar, hija de cántabros y casada con uno, ya había dejado la ciudad condal y se había instalado en Selaya con su familia. Aunque conocía a Macarena de toda la vida, hasta ese momento no se hicieron íntimas. Sus vidas iban en paralelo y la idea de emprender rondaba su cabeza pero ¿qué negocio podían comenzar?

Macarena, una apasionada de las manualidades, confiesa que siempre había cosido, hecho punto y ganchillo, de forma autodidacta, y por entonces creó unos bolsos de trapillo para ella y su hermana. En una comida, decidió regalarle el suyo a una amiga de la infancia que también vive en Barcelona. Tras recibirlo, le hizo una foto del bolso y la mandó por WhatsApp a un grupo de madres. El efecto fue tan inmediato que en esa misma comida comenzaron los encargos para una empresa que todavía no existía. Macarena enseñó a coser a máquina a Mar en una tarde y como primera tarea le propuso hacer una bolsa de merienda. Para su sorpresa, apareció al cabo de unas horas con un vestido que ella misma se había arreglado.

Nacimiento de Nordeste

Al cabo de un mes, tomando un vino en Las Piscinas de Villacarriedo, decidieron que era el momento de poner un nombre a su marca y abrir una página de Facebook para vender sus creaciones. Eligieron Nordeste no por el famoso viento que sopla tan a menudo en la capital cántabra sino por ser Macarena del Norte (Cantabria) y Mar del Este (Barcelona).

Una vez tuvieron claro lo que querían hacer, decidieron apuntarse a un taller de patronaje en Torrelavega para que les enseñaran a plasmar todo aquello que tenían en la cabeza.

  Al principio, cada una cosía en su casa, de madrugada –cuando sus maridos e hijos dormían–. Después, el cuñado de Macarena les dejó un piso, donde además de montar su primer taller, se dieron cuenta de que a los clientes les encantaba estar con ellas mientras trabajaban. “Somos majas y la gente conecta con nosotras”, señalan entre risas.

Los bolsos Nordeste están fabricados en tela y polipiel y cada clienta puede decidir la combinación de telas, así como si quiere bordadas sus iniciales o una frase.

Su paso por el Espacio Coworking (fruto de EOI, Banco Santander y Ayuntamiento de Santander) fue cosa del destino. Estaban en busca de asesoramiento pero no sabían a quien recurrir. A Macarena le llegó un email en el que la Agencia de Desarrollo ofrecía una oportunidad para emprendedores y decidieron presentar su proyecto. “Fue un acierto total, tanto a nivel personal como profesional”, afirman. “Hemos hecho grandes amigos, hemos aprendido mucho, nos han ayudado a desarrollar nuestra empresa, hemos hecho contactos y ¡hasta hemos estado con Ana Botín y los Reyes de España! Todo positivo”.

Apostar por su taller fue el siguiente paso. En él confeccionan sus bolsos, hechos de tela y polipiel, de principio a fin. Lo único que compran ya confeccionado son las asas de piel, a un curtidor de Extremadura. También es el lugar donde atienden a sus clientas. Ellas no acuden solo a comprar un bolso, sino que van a vivir una experiencia: diseñarse su bolso personalizado. “Un bolso Nordeste es un lujo accesible. Es un producto exclusivo, hecho a mano, duradero, de buena calidad y a buen precio”, detallan.

Aunque el boca a boca sigue siendo su mejor carta de presentación, las redes sociales les han proporcionado gran parte de su clientela. “Funcionan, y mucho”, señalan ambas rotundamente, y añaden que les llegan muchos más pedidos a través de sus perfiles de Facebook e Instagram que de la propia página web. No obstante, su sello personal está siempre presente, sobre todo cuando venden vía WhatsApp. Es un signo más, según ellas, de que a la gente le gusta el trato personal. “A veces nos vemos a la una de la mañana respondiendo a alguna clienta”, comentan.

Un sueño cumplido

Compran poca cantidad de cada tela, para probar lo que le gusta a las clientas y para preservar la exclusividad de sus diseños. Cada Nordeste es único.

No se creen que ya hayan pasado cuatro años desde que decidieron arriesgar o cómo han crecido desde entonces. A pesar de que dedicarse a la moda en una ciudad como Santander, más allá de abrir una tienda de ropa, les parecía una utopía, estas dos amigas comenzaron de cero, con cincuenta euros cada una para comprar las primeras telas. Ahora fabrican entre 800 y 1.000 bolsos al año. Y quieren más.

Tienen intención de ampliar la colección Nordeste. Se han planteado añadir una línea de bolsos de piel y atreverse con algún producto diferente, pero entre el trabajo que ya tienen, su familia y la casa no dan abasto. “Aunque nunca es tarde para emprender, ni para nada que se quiera hacer en la vida, nos gustaría haber empezado esta andadura con 20 años, sin otras responsabilidades”, confiesan.

Su vida de emprendedoras les facilita organizarse como más les conviene y destacan la flexibilidad de horario. “Si un día tenemos que cuidar a los niños y no podemos trabajar tanto, lo hacemos; al igual que trabajamos sábados y domingos si tenemos muchos encargos”.

Lo que consideran más duro es no tener un salario fijo y, especialmente, la incertidumbre. “¿Cómo nos irá este mes? ¿Tendremos pedidos? ¿Se aburrirá la gente de nuestro producto?” son las preguntas inquietantes que les asaltan, como a cualquier emprendedor.

Durante el coworking le regalaron a la Reina de España y a Ana Botín unos Nordeste y aspiran a llegar a verlos algún día en algún acto o alguna foto. Pero su mayor satisfacción es ver que los productos que crean con tanto cariño son del gusto de la gente y que tienen clientas fieles que vuelven a por más. “Quien prueba Nordeste repite, tripite y hasta cuatripite. Y eso es el mejor reconocimiento”.

­María Quintana

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