La Maleta de Luz:

Un espacio para el arte que ilumina la comunidad

Arte y cultura son dos conceptos que suelen ir de la mano pero, en una pequeña región como Cantabria, a veces es difícil encontrar la oportunidad para dar rienda suelta a la imaginación de los creadores. Tayma García siempre ha estado muy relacionada con este mundo y ha decidido crear un hogar para estas disciplinas. Es La Maleta de Luz, un espacio situado en Santander para alojar exposiciones, muestras, reuniones y hasta obras de teatro.


Tayma García estudió documentación sanitaria, pero su experiencia laboral ha estado centrada en la gestión comercial. Su relación con el arte viene de más atrás. Sus padres pintan y son grandes aficionados a la música y la lectura, así que ella ha tenido estas aficiones siempre presentes en su vida, especialmente la pintura.

El arte también es parte de su matrimonio. Su marido, Enrique Gambarte, es fotógrafo y lleva dos décadas dedicado a la impresión fotográfica, bajo la marca Dlux.

El matrimonio vivía, junto a sus hijos, en un piso en el centro de Santander, donde Enrique tenía su laboratorio y Tayma, su rincón para pintar, unas veces por hobby y otras por encargo. Como a los clientes de ambos les gustaba acudir a su espacio de trabajo, llegó un momento en que el salón de esa vivienda se quedó pequeño, y más cuando ambos se plantearon impartir clases de fotografía y pintura.

En 2018, Tayma comenzó a soñar con un gran espacio creativo y a buscar un lugar más grande que lo alojara, sin perder esa filosofía de hogar. A través de una amiga, encontraron una casa en la Bajada del Caleruco. Aunque necesitaba una puesta al día, vio rápidamente las posibilidades. No lo dudó y, unos meses más tarde, se mudó con su familia a su nuevo hogar. La vivienda está en la planta superior y toda la inferior es un gran salón de más de 130 m2 que ocupa La Maleta de Luz. Además, cuentan con un jardín de 800 m2, un lujo para quienes tienen la suerte de disfrutarlo.

Comienzo del viaje

El nombre del espacio, Maleta de Luz, es una asociación de ideas entre la marca personal de Enrique (‘Dlux’) y la evocación de un viaje (la maleta).

Los espacios de La Maleta de Luz hacen sentir como en casa a aquellos que lo visitan.

No es la primera vez que Tayma se arriesga a emprender. Hace una década tuvo una tienda de ropa en el centro de Santander. Por eso es más consciente de que “emprender es una aventura para valientes” y, antes de abrir las puertas de La Maleta de Luz, acudió en busca de asesoramiento a la Cámara de Comercio y a la Agencia de Desarrollo Local de Santander. Además, ha participado en esta última edición del Coworking Santander, impulsado por la Escuela de Organización Industrial (EOI), el Ayuntamiento de Santander y el Banco Santander, lo que le ha servido especialmente para formarse en marketing digital.

Su espacio se da a conocer a través de las redes sociales y la página web. Sin embargo, la experiencia de este tiempo le ha mostrado que “el boca a boca hace mucho”.

“Estoy aprendiendo a medida que voy trabajando: al  organizar un evento, una exposición…”, señala la empresaria, y añade que si tuviera que dar un consejo a otros emprendedores sería que “en los momentos duros es cuando más se aprende, porque te pones las pilas”.

Un espacio abierto

Uno de los eventos organizados en La Maleta de Luz en el porche y jardín.

La Maleta de Luz tiene varios rincones: una mesa para los talleres o reuniones, una televisión para hacer presentaciones y dos pequeños saloncitos divididos por una librería, pero es un gran espacio abierto. Con cada evento, La Maleta se transforma y se adapta un poco más a lo que gusta al público y a lo que tiene cabida. “Es tan difícil emprender y tan fácil estrellarse…”, constata Tayma García.

Además de los talleres de pintura y fotografía para adultos y niños, en su corta vida el espacio ha acogido varias exposiciones fotográficas y de pintura, dos obras de teatro y varios eventos privados, tanto de particulares como de empresas, que buscan un espacio diferente. También ha sido el escenario de un cortometraje, el pasado mes de junio.

Parte de los proyectos que aterrizan en el espacio creativo son elegidos por Enrique y por ella, porque les han llamado la atención de manera personal. Así contactan con artistas nacionales que les gustan y les proponen su espacio para exponer.

En otras ocasiones son los propios artistas o interesados los que presentan sus propuestas y se convierten, por sí mismos, en una fuente de iniciativas. Entre sus proyectos más cercanos destaca un campus de verano para niños dedicado a la fotografía analógica, que se desarrollará la segunda quincena de este mes, donde les enseñarán a hacerse una cámara básica y a revelar sus propias fotos.

María Quintana

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