Emprendedores de Cantabria

Aprender robótica a través de un juego

Edimot crea un kit para que los niños se inicien en la programación de robots

Edimot es una startup de robótica para niños que ha diseñado un kit con el que los más pequeños pueden aprender los fundamentos de esta ciencia de una forma divertida y comprensible. El kit es programable y está pensado para su uso en talleres de actividades extraescolares, aunque estos jóvenes empresarios cántabros quieren llegar a todo tipo de usuarios. Edimot ha sido elegida como mejor idea de negocio en Yuzz Cantabria.


En el campo de la robótica para niños no es fácil distinguir entre un juguete sofisticado y una herramienta educativa. Ya hay unos cuántos robots destinados al público infantil pero no es sencillo conseguir que el niño llegue a comprender cómo funciona y pueda continuar aprendiendo sobre esa base.

A esta conclusión llegó Jaled Moustafá, un joven ingeniero electrónico formado en la Universidad de Cantabria, cuando, como coordinador de las actividades extraescolares de Educo en el campo de la electrónica, buscó un material para enseñar robótica a los niños que fuese sencillo de utilizar y que facilitara el aprendizaje. Al no encontrarlo, decidió crear un kit para el montaje de robots especialmente diseñado para que sus componentes fueran fácilmente manejables por los más pequeños, adaptable a diferentes edades y programable.

El proyecto ideado por Jaled, y en cuyo desarrollo han colaborado sus dos hermanos (Naser, ingeniero industrial, y Anuar, informático), junto con otro ingeniero electrónico, Sergio Pesquera, se concretó en la creación de Edimot, una empresa educativa de robótica para niños, que fue elegida el pasado mes de julio como la mejor idea de negocio del programa Yuzz Cantabria.

Un kit programable

Para simplificar el manejo de los robots era imprescindible empezar por el diseño de la placas electrónicas, las que determinan las diferentes funciones que luego se podrán desarrollar. Sus placas se insertan fácilmente en el chasis, sin que el niño deba preocuparse por aprender a conectar correctamente los componentes.

El kit contiene ocho placas que permiten activar sonidos (un micrófono, un altavoz, un sensor de ultrasonidos) y luces (un sensor de luz y leds con distintos colores). Otra de las placas actúa de potenciómetro, para regular la intensidad de la luz.

Los componentes son fácilmente ensamblables.

La idea de los creadores de Edimot es liberar el software con el que han fabricado las placas, de manera que  otros desarrolladores puedan añadir nuevas funciones.

El kit de robótica se completa con unas piezas de Lego, que permiten realizar los montajes más básicos; el chasis y unas pequeñas ruedas para configuraciones móviles. El chasis puede utilizarse de manera horizontal o vertical, lo que le añade más versatilidad para el montaje de los proyectos.

Con este material tan básico se puede construir, por ejemplo, un robot capaz de detectar obstáculos mediante ultrasonidos y de emitir voz, o un semáforo que avisa con una luz roja cuando los alumnos hablan demasiado alto.  No son, ni mucho menos, las únicas utilidades. “El kit incluye 101 proyectos que se pueden hacer jugando con las placas”, explica Sergio Pesquera. “En un taller de actividades extraescolares con diez proyectos llenas el curso entero. Es decir, que el niño tiene margen para divertirse durante mucho tiempo”, añade.

Un robot programable

La pieza clave del kit es el arduino, un cerebro electrónico que coordina el funcionamiento de las diferentes placas. Una de las principales características del equipo diseñado por Edimot es su carácter programable, y de una manera tan sencilla que hasta los niños más pequeños lo pueden hacer (las edades de los alumnos que participan en las actividades extraescolares varían entre los seis y quince años). “Hemos hecho una aplicación con la que no es necesario escribir códigos para programar –explica Pesquera–, ya que para los niños serían demasiado abstractos. Con nuestro sistema, el niño programa simplemente arrastrando unos bloques que representan las placas en la pantalla de una tablet, de un móvil o de un ordenador”. El programa así creado se comunica al arduino vía bluetooth, una posibilidad que no contemplan los equipos que ya existen en el mercado, por lo que Edimot optó por crear su propio arduino.

Los kits se han montado hasta ahora a partir de componentes fabricados en China, aunque en Europa del Este existen algunos fabricantes con precios bastante competitivos. Con estos proveedores, Edimot se prepara para el previsible aumento de pedidos que pueda producirse tras las negociaciones que mantiene con varias empresas de actividades extraescolares. En lo que va de año, y a través de los talleres de Educo, han vendido 300 kits en Cantabria, con un precio que ronda los cien euros.

Aunque haya sido diseñado para las actividades extraescolares, y sea ese su mercado más directo, el potencial de este kit de robótica va más allá de esos talleres. “Nuestra idea es poder venderlo a cualquier persona que se interese por ello, porque nos ha pasado muchas veces que cuando acaba el año escolar en los colegios y los niños enseñan lo que han hecho en las actividades extraescolares, los padres se acercan y nos preguntan dónde pueden comprar el kit para sus hijos. Incluso en Navidades nos llaman preguntando dónde pueden adquirirlo como regalo. Es como el kit de química o de magia que teníamos de pequeños, pero ahora de electrónica y robótica”.

Un viaje a Silicon Valley

La elección de esta startup de robótica para niños como la mejor idea de negocio de Yuzz Cantabria ha permitido a Jaled Moustafá y Sergio Pesquera conseguir una plaza para viajar el próximo mes de octubre a Silicon Valley, junto a los otros 51 mejores jóvenes emprendedores de la VIII edición del programa de emprendimiento Santander Yuzz.

Para los dos jóvenes ingenieros será la oportunidad de desarrollar un proyecto con el que ya han conseguido hacer más accesible y divertido el aprendizaje de la programación y la robótica. Y, una vez alentando el interés por el mundo de los robots entre los más pequeños, puede ser el germen de futuros profesionales en esta nueva ciencia.

Jesús Polvorinos

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