A fondo

‘Si alguien cree que me han nombrado para cerrar la fábrica es que no me conoce’

Los retos de Gema Díaz Real, nueva presidenta de Sniace

El devenir de Sniace ha sido tan complicado en las tres últimas décadas que cuando algunos conocidos han abordado por la calle a la nueva presidenta, Gema Díaz Real, le han mostrando abiertamente sus dudas sobre el futuro de la empresa. Ella no las tiene y se lo ha dejado meridianamente claro: “Si alguien cree que me han nombrado para cerrar Sniace es que no me conoce”, ha respondido. Lo cierto es que los principales accionistas, que hace unos meses aportaron otros 30 millones de euros para desatascar la situación financiera, han puesto en ella su confianza tras la renuncia de Blas Mezquita, y Díaz se va a enfrentar a no pocos retos.


El 30 de enero de 2019 será recordado en la familia Díaz Real. Pocas horas después de que Miguel Ángel Díaz fuera elegido presidente de Sogarca, en sustitución del fallecido Ramón González Rosalía, su hija Gema era designada presidenta de Sniace. La familia polanquina, que trató de disuadir a su hija de aceptar el cargo, se convertía en una de las más influyentes de Cantabria, aunque padre e hija ya tienen detrás de sí una larga trayectoria, en la que destaca el pasado de Gema como presidenta de la CEOE cántabra, la primera mujer en ejercer el cargo.

El mismo día del nombramiento de Gema Díaz, su padre, Miguel Ángel Díaz (Funcantabria) era elegido presidente de Sogarca.

La situación de Sniace nunca ha sido fácil, y Blas Mezquita se ha acostumbrado a sortear las tempestades desde su llegada a la fábrica, hace casi treinta años, para un encargo que en principio iba a durar unos meses. Mezquita llevaba meditando su marcha de la empresa desde el pasado verano, después de conseguir cerrar una ampliación de capital (otra más) que desahogaba su situación económica y mostraba que los accionistas de referencia siguen teniendo fe en la compañía, a pesar de las innumerables veces que se han visto obligados a hacer nuevas aportaciones. Las muchas reinvenciones de la empresa que ha intentado Mezquita para sacarla de la crisis permanente han dado como resultado dos productos que pueden tener un futuro brillante: una fibra retardante al fuego, que empieza a tener demanda, y otra microfibra que permite la dispersión de las toallitas higiénicas con las que se fabrica, lo que evitará un problema ambiental insidioso, ya que las toallitas convencionales atascan los sistemas de saneamiento y se han convertido en un problema universal.

El pasado que no se va

Sin embargo, las rémoras históricas de Sniace se resisten a quedar en el pasado y en las últimas semanas ha rebrotado una especialmente incómoda para una parte de los directivos y exdirectivos: los vertidos realizados hace más de diez años, sin autorización de la Confederación Hidrográfica. Las denuncias llegaron a los tribunales y quienes entonces dirigían la fábrica y los miembros del consejo de administración han sido imputados. Un problema más para la empresa y una incertidumbre personal para todos ellos, que nunca se imaginaron en esta situación, especialmente los miembros del consejo que apenas tenían otra responsabilidad en la gestión que asistir a las reuniones mensuales y que ni siquiera llegaron a cobrar sus modestos emolumentos, al solicitar la empresa el concurso de acreedores.

Su defensa alegará que era la única forma en la que la fábrica podía mantenerse abierta, dado que en ese momento se estaba creando el sistema de saneamiento de la cuenca del Saja-Besaya y aún no se había construido el ramal del colector con la factoría. Harán hincapié, además, en que no ha habido un intento de eludir la ley, puesto que Sniace es probablemente la empresa española que más inversión ha realizado para adecuarse a la normativa ambiental, 70 millones de euros. Un esfuerzo muy exigente para quien necesitaba imperiosamente ese dinero para la adecuación general de la factoría y las nuevas producciones.

La salida de Mezquita

Mezquita, que se ha enfrentado a muchas crisis anteriores y ha resucitó la fábrica por dos veces tras otros tantos cierres y suspensiones de pagos, no ha tirado la toalla por esta causa. Desde hace meses tenía decidido dejar su cargo, por razones personales, entre las que han pesado las recomendaciones médicas y su colaboración con algunas organizaciones benéficas.    

Él había pensado en Gema Díaz Real como sucesora y los dos accionistas principales, Sabino García Vallina, de la ingeniería TSK y Félix Revuelta (Naturhouse) han estado de acuerdo). Díaz Real, que en los últimos años ha estado al frente de una empresa de management, era consejera de Sniace desde hace año y medio. Con su fichaje se perseguía mantener la vinculación de los gestores con la región, una política que empezó hace algo más de una década al introducir en el consejo a personas como Manuel Huerta.

La fábrica pretende retranquear sus instalaciones y concentrarlas, para que queden enmascaradas por una nueva zona de ocio, y liberar dentro de su futuro perímetro 100.000 m2 para un parque industrial.

La nueva presidenta es una firme convencida de que esa perspectiva es imprescindible, “porque no se ve igual la fábrica desde una oficina de Madrid que desde Torrelavega”. Ella añadirá ese matiz en un consejo con nombres de mucho peso, como los accionistas de referencia, el exministro Ignacio Bayón o quien fuera vicepresidente de Inditex durante muchos años y protagonista del milagro de la compañía, José María Castellano.

Los intentos de reinvención

Sniace no es un actor relevante en ninguno de los mercados en los que participa, todo ellos muy volátiles, y Mezquita intentó introducir la compañía en otros negocios más rentables: la electricidad, el biodiesel, el bioetanol, el eólico…  El hecho de que la mayor parte de ellos estuviesen en sectores regulados en los que la legislación ha sido muy voluble dio al traste con varios de los proyectos, como el eólico, a pesar de haberse adjudicado una demarcación y haber conseguido los aliados más solventes, o la construcción de un ciclo combinado, que no consiguió autorización administrativa. Sí cuajó, en cambio, la cogeneración eléctrica y sus rendimientos han sido vitales para la continuidad de la empresa en estos años.

Por esa capacidad inagotable de Mezquita de buscar nuevas salidas y el haber conseguido superar dos cierres en los que se daba por segura la desaparición de Sniace, su marcha ha dejado una cierta sensación de orfandad entre unos trabajadores que lo han conocido al frente durante casi tres décadas. Durante años fue el único referente, ya que Sniace se quedó sin empresario, tras la marcha de Banesto, con una miriada de pequeños inversores que si habían puesto sus miras en la compañía era únicamente por razones especulativas: las acciones podían subir, y ganarse mucho dinero, o podían bajar, y perderse otro tanto; y la mayoría perdieron. Él mismo tuvo que buscar nuevos propietarios, en un raro cambio de los papeles tradicionales, ya que por lo general son los accionistas los que buscan a los directivos.

Los retos de Gema Díaz

Gema Díaz tiene ante sí una situación mucho menos compleja que su antecesor, pero no lo tendrá fácil, porque en una empresa tan grande, con varias líneas de producto que a su vez se necesitan entre sí, y tan demandante de inversiones, los problemas son permanentes. El Grupo reinició la producción de viscosa en diciembre de 2017, lo que a su vez elevaba la demanda de celulosa (la otra pata de la compañía) pero el arranque siempre es complejo y a finales del pasado año todavía no había alcanzado el nivel de calidad óptimo, lo que obligó a vender a menor precio. Al mismo tiempo, se averió una de las dos turbinas de generación eléctrica, que tuvo que ser reparada en Houston. A pesar de todo, produjo un 35% más de energía eléctrica que en el trimestre anterior. 

Aunque ese trimestre concluyó otra vez con pérdidas (2,5 millones de euros), la previsión de cierre de año era más optimista, dado que los precios estaban al alza en los tres mercados y la progresiva mejora de la calidad de la viscosa permitía poner en marcha los productos de más valor añadido, la fibra retardante al fuego, y el microcorte para las toallitas autodispersantes. Las expectativas son especialmente altas en EE UU, donde muchos estados han impuesto la obligación de utilizar retardantes al fuego en los textiles domésticos, y Sniace ya ha conseguido importantes homologaciones con este fin. 

Díaz Real tendrá que conseguir consolidar estos productos, que marcarán un antes y un después en la compañía, al presentarse en el mercado como una empresa de producciones ecológicas e innovadoras, muy distinta a la imagen tradicional de una fábrica sucia, vieja y contaminante. Pero también tendrá que cambiar su aspecto físico. Sniace solicitó al Ayuntamiento de Torrelavega hace año y medio reordenar los espacios fabriles, para liberar 100.000 m2, que se podrían destinar a un parque industrial y crear un espacio urbano de ocio frente a la actual fachada de la fábrica. A cambio de esta cesión gratuita al Ayuntamiento, que transformaría radicalmente el aspecto de la zona, solicita la recalificación de un esquinazo próximo a la autovía para uso comercial, lo que permitiría el asentamiento de un hipermercado y los ingresos para remozar todas las instalaciones industriales, que quedarían escondidas tras una pantalla arbórea. El Ayuntamiento aún no ha encontrado el momento para contestar.

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