La promoción del súper la paga el ganadero

Casi todas las centrales lecheras se conchabaron para mantener sus márgenes anulando la capacidad de negociación de los productores

Los ganaderos se han quejado tradicionalmente de ser los paganos de las estrategias comerciales de supermercados e hipermercados, que utilizan la leche como reclamo comercial. Las cadenas de distribución presionan a la baja de los precios de la leche y los productores, que se quedan sin margen o pierden dinero, acaban por abandonar. Lo sorprendente es que no se quejasen las industrias lácteas, tan perjudicadas o más. Ahora es más fácil entender el motivo. Desde hace muchos años han estado llegando a acuerdos ilegales entre ellas para defender sus márgenes y trasladar todo el problema al ganadero.


Los primeros ejecutivos de tres grandes grupos lecheros nacionales comentaban a mediados de la pasada década en una mesa del Hotel Bahía de Santander la –para ellos– incomprensible evolución de Azucarera Española, una empresa que actuando prácticamente en régimen de monopolio no había sabido servirse de esta condición para tener unos resultados económicos mucho más espectaculares. “Si nos dejan a nosotros…”, lamentaban, “con lo que hemos conseguido en el sector lechero, donde hay muchas más empresas…”.

Lo que habían conseguido lo hemos sabido mucho después, gracias a una investigación de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC). Han estado intercambiándose información de forma sistemática, tanto a nivel nacional como regional, sobre los precios a los que cada uno compraba la leche cruda a los ganaderos, los volúmenes individuales de compra y hasta los nombres de quienes podían tener la tentación de cambiarse de empresa. También han compartido datos sobre los excedentes de leche, que tienen una influencia decisiva a la hora de fijar el precio de las compras.

La CNMC impone una multa de 80 millones a ocho industrias lácteas y dos patronales

Estos intercambios de información les permitía tener controlado el aprovisionamiento de leche cruda de vaca. Si lo querían, podían coordinar los precios de compra o incluso cederse ganaderos unos a otros, para abaratar sus recogidas. Una posición de control absoluto sobre los ganaderos que, lejos de poder ser unos empresarios con capacidad de decidir a quién venden o qué precio pedirán, no les quedaba más remedio que aceptar la propuesta de la empresa de la zona, a sabiendas de que cualquier otra les pagaría lo mismo, en el caso de que aceptase su leche.

La industria se garantizaba de esta forma los márgenes, eludiendo los efectos de la enorme presión que hacen las cadenas comerciales sobre los precios de la leche (un producto de primera necesidad en el que se posan todos los ojos) al utilizarlos para inducir en el comprador la idea de que todos sus precios son muy competitivos. Al llegar a estos acuerdos condenaban a sus suministradores, los ganaderos, a ser los paganos de la devaluación histórica que sufre la leche por esta estrategia comercial.

Al contrario que los industriales, ellos no tienen la posibilidad de seguir apretando las tuercas a otros eslabones inferiores de la cadena. Son el último. Si reciben 30 céntimos por un litro de leche y eso no cubre los costes de producción, no tienen más opción que abandonar o hacer aún más horas de trabajo y tratar de producir un mayor volumen de leche que les permita al menos la supervivencia.

‘Nos usan para blanquear su imagen’

De acuerdo con los datos de la investigación de la Comisión de la Competencia, las empresas transformadoras intercambiaron información sobre los precios de compra que ofrecían a los ganaderos, los que iban a ofrecer en un futuro, su identidad  y los volúmenes que compraban a cada uno. Incluso se han pasado unas a otras la identidad de los ganaderos que habían manifestado alguna intención de cambiar de central y las posibles medidas para evitarlo.

En España ya solo quedan 13.288 explotaciones vacunas de leche, menos de las que tenía Cantabria por sí sola en los años 80.

De esta forma, ajustaban su comportamiento entre ellas y no necesitaban ofrecer mejores condiciones comerciales a los ganaderos para retenerlos, porque en la práctica habían acabado con la competencia en el mercado de aprovisionamiento de leche cruda.

La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) cree que con la investigación de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia ha quedado “de sobra demostrado” que mientras las empresas “usan a sus ganaderos” en campañas de publicidad para blanquear su imagen, “por detrás nos dan puñaladas traperas”.

80 millones de multa

Según la CNMC, los acuerdos agravaron la situación en un mercado donde la demanda ya está de por sí concentrada, y el poder negociador de la industria transformadora es mucho mayor que el de los ganaderos, atomizados y obligados a vender la producción para conservar su cuota láctea.

Los intercambios de información no solo se referían a la leche fresca. También iban dirigidos a controlar los excedentes y su conversión en leche en polvo, que sirven como mecanismo de ajuste entre la oferta y la demanda cuando hay fuertes desequilibrios, ya que de esta forma también podían influir sobre el precio de aprovisionamiento de la leche cruda.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ya sancionó en el 2015 a once industrias y asociaciones lácteas por estos hechos. Entonces les impuso una multa de 88,6 millones, pero el expediente lo tumbó la Audiencia Nacional el pasado mes de octubre por defectos de forma. La nueva propuesta de sanción se reduce en ocho millones y en una empresa respecto al expediente original y se queda en 80,6 millones de euros de multa que se aplican a ocho industrias lácteas por las infracciones “muy graves” cometidas entre 2000 y 2013 en contra de los derechos de los ganaderos. Son Calidad Pascual, Danone, Lactalis, Nestlé, Central Lechera de Galicia (Celega), Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa), Industrias Lácteas de Granada (Puleva) y Schreiber Food España (antes Senoble Ibérica). También sanciona a las patronales Aelga y GIL por su participación activa en estos intercambios de información.

No son las únicas que intervinieron en las maniobras contra los ganaderos, porque la CNMC incluye en estas conductas a Industrias Lácteas Asturianas (ILAS), Leche Río, Feiraco, Leche Celta, Forlactaria y Central Lechera Asturiana, pero no las sanciona porque su infracción ha prescrito.

La rápida decadencia

La evolución del sector reflejan los efectos que han tenido estas estrategias de precios bajos, hasta impedir cubrir los costes de producción. Ya solo quedan 13.288 ganaderos en España dedicados al vacuno de leche, prácticamente los mismos que había en Cantabria (la quinta productora nacional) a mediados de los años 80, y la desaparición de granjas lecheras no tiene trazas de detenerse, porque en los últimos doce meses el censo ha bajado otro 6,1%. Todo ello contribuye a acrecentar el problema de la España vaciada, al que tan sensibles parecían los partidos políticos en la última campaña electoral.

En la pasada primavera, en Cantabria quedaban tan solo 1.159 ganaderos que entregasen leche, apenas uno de cada ocho de los que lo hacía a comienzos de los 90. En el ultimo año solo se han recogido 409.430 toneladas de leche en la región, frente a las 550.000 que se producían por entonces, a pesar de las cuotas. Lo que no ha variado en estos treinta años es el precio, ya que se pagaba a 32 céntimos, prácticamente lo mismo que ahora, aunque el valor de ese dinero hoy es apenas la mitad, por la inflación acumulada.

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