Un paso más hacia la Ciudad del Mayor

Cuando un proyecto da respuesta a una necesidad real puede sortear obstáculos que en otros casos darían al traste con la idea, como tener que esperar ocho años para poder levantar una residencia para mayores, por la incapacidad del Ayuntamiento de Camargo para elaborar un Plan de Urbanismo.
Ecoplar desembarcó en Maliaño en 2002 para hacer realidad un planteamiento pionero que Modesto Chato, desde la Fundación Patronato Europeo del Mayor, venía impulsando infatigablemente: la construcción de un complejo de apartamentos destinados a personas mayores, en el que vivirían en régimen de alquiler y dispondrían de todo tipo de servicios, desde la intendencia doméstica a los sanitarios o los de ocio.
Una residencia para ancianos completaría en una segunda fase el proyecto, del que se hizo cargo Ecoplar, al que Modesto Chato soñaba con añadir una Universidad del Mayor, donde concentrar las actividades de las Aulas para la Tercera Edad que dirige.
El sueño de Modesto Chato continúa siendo un deseo incumplido, pero la residencia para personas asistidas es, desde el pasado mes de julio, una realidad que da pleno sentido al complejo Villa Mayor levantado en Maliaño y ha permitido el cierre de la residencia que Caja Cantabria tenía en Cazoña, cuyos ocupantes han sido trasladados al nuevo centro.

Una solución para Cazoña

En cómo se han cruzado las historias de estos dos centros tiene mucho que ver la relación entablada entre Caja Cantabria y Ecoplar, cuando la entidad bancaria aceptó financiar la construcción de Villa Mayor. La idea de culminar el proyecto levantando una residencia para personas asistidas le permitía a la Caja dar una salida al problema que le planteaba la residencia de Cazoña, cuya evolución había desbordado el planteamiento inicial.
Caja Cantabria compró el edificio en 1973 al Instituto Nacional de Vivienda con la intención de convertirlo en un modelo de residencia de mayores tipo hotel, destinado a personas que no necesitasen asistencia, pero su proyecto se había visto superado por los acontecimientos. Los residentes, al envejecer, iban requiriendo servicios para los que el inmueble no estaba pensado. Hubo que adaptarlo hasta donde arquitectónicamente fue posible, para hacerlo más funcional y contratar personal especializado (fisios, terapeutas, enfermeras). Esta reorientación forzada, unida al bajo precio que se cobraba a los residentes, disparó el coste de mantenimiento del centro, hasta el punto de que llegó a consumir buena parte del presupuesto anual de la Obra Social de la Caja.
La llegada de Ecoplar a Cantabria, con el proyecto de abrir una nueva residencia en Maliaño, vino a solucionarle el problema a la Caja. En 2003 le confió a esta firma la gestión de su centro de Cazoña, lo que reducía bastante los costes que tenía al gestionarlo por sí misma, y acordó el traslado futuro de sus ocupantes a una residencia que Ecoplar pensaba construir, lo que por entonces se suponía que requeriría dos años.
Para Ecoplar el acuerdo encerraba notorias ventajas, ya que le aseguraba un nivel de ocupación inicial que le permitiría rentabilizar rápidamente la inversión y dispondría, además, de una plantilla formada.
Con lo que no contaba ninguna de las dos partes era con los avatares judiciales que le esperaban al Plan General de Urbanismo de Camargo, que acabaron haciendo imposible la obra. Ha sido necesaria una modificación puntual del viejo ordenamiento para que, ocho años después de aquel acuerdo, se pueda inaugurar una residencia modélica tanto por sus prestaciones como por las características del complejo del que forma parte.

Todos los niveles de asistencia

La residencia de Villa Mayor ha sido concebida como un centro capaz de acoger tanto a personas válidas como a las que necesitan asistencia leve o moderada e, incluso, a las que padecen patologías más severas. Para ello ha diseñado el inmueble, de cuatro plantas, como si fueran otras tantas miniresidencias. Cada una cuenta con un salón, un comedor y los servicios que precisa para que sus ocupantes puedan llevar una vida independiente, sin que se vean obligadas a convivir con personas en estados físicos y mentales muy diferentes.
“Nosotros” –señala el gerente de la nueva residencia, Aitor Pellón– “estamos preparados para atender a personas hospitalizadas en media o larga estancia, tenemos cuidados paliativos, personas que están encamadas, otras con demencias muy severas…” “Tenemos un centro moderno y debemos estar preparados para atender a personas muy válidas y a persona muy deterioradas”, añade.
Contar con residentes con circunstancias físicas tan diversas ha hecho que la seguridad sea uno de los aspectos en los que se ha puesto más énfasis. Hay que combinar la libertad de movimientos de las personas válidas con las restricciones a quienes necesitan un especial cuidado. De ahí que el acceso a cada planta esté controlado por códigos, tanto en los ascensores como en las puertas, y que un sistema de cámaras permita visualizar permanentemente lo que ocurre en las escaleras del centro.
La residencia cuenta con 216 camas, de las que 136 son plazas públicas y el resto privadas. A pesar de su gran capacidad, prácticamente se ha llenado con el traslado de los residentes que estaban en Cazoña y tres meses después de su inauguración tan solo dispone de 36 camas vacías. Una situación que no durará mucho porque el centro ya ha ampliado la concertación de plazas con el Gobierno de Cantabria, con precios que oscilan entre los 38 y 45 euros por día, dependiendo del grado de asistencia que necesite la persona. Esta circunstancia también es tenida en cuenta para fijar el precio de una plaza privada, que para una persona con dependencia media se sitúa entre los 1.600 y 1.700 euros (una concertada ronda los 1.300 euros).
Para atender a los 174 residentes que actualmente se alojan en el centro, Ecoplar dispone de una plantilla de 126 trabajadores entre auxiliares, terapeutas, animadores, fisios y personal sanitario. La inmensa mayoría provienen de la antigua residencia de Cazoña, ya que tan solo ha sido necesario contratar a una docena de personas.

Las incógnitas de los Centros de Día

Parte del inmueble se ha destinado a albergar un Centro de Día con capacidad para 25 plazas que todavía no está operativo, y cuyo futuro, tras la aprobación de la Ley de Dependencia, plantea algunas incertidumbres. Al menos en Camargo, donde no hay demanda de este tipo de plazas, o en Santander, donde la poca oferta que hay ni siquiera está cubierta.
Las prestaciones económicas que proporciona la Ley a quienes atienden a sus familiares en sus casas ha reducido el interés por llevarlos a estos centros durante el horario laboral. La razón es fácil de entender, ya que el cuidador elige quedarse en casa o puede contratar a alguien que le ayude durante unas horas.
De lo que nadie puede dudar es de la necesidad de nuevas residencias para atender a una población cada vez más envejecida. Y eso que los mayores de 65 años que acuden a una residencia siguen siendo pocos porcentualmente, aunque la tendencia es al alza. En 2004, en Cantabria vivían en geriátricos el 2,5% de los mayores. Ahora, el porcentaje es ya del 6%, pero una abrumadora mayoría sigue optando por su propia casa y, si lo precisan, ser atendidos en ella, bien por la propia familia o por los servicios de asistencia social.

Relanzar el complejo de Villa Mayor

Ecoplar confía en que la culminación del proyecto que les trajo a Cantabria suponga un nuevo impulso para el complejo de Villa Mayor, hasta recuperar plenamente su objetivo inicial, enfocado exclusivamente a personas mayores. Los 232 pisos construidos que se ofrecen en alquiler están ocupados al 96%, pero solo 50 de los inquilinos superan los 60 años. El resto se han visto atraídos por unos precios accesibles o por la calidad de las viviendas.
Un apartamento de una habitación cuesta 400 euros al mes, y si es de dos, 50 euros más. Los servicios que se ofrecen en el complejo y que dan un sentido al proyecto (vigilancia y atención sanitaria 24 horas al día, alarmas asistenciales y teleasistencia, limpieza de la vivienda, actividades lúdicas, deportivas y culturales), suponen unos 180 euros más, de manera que un matrimonio puede vivir en esa pequeña ciudad por 750 u 800 euros al mes, disfrutando de todas sus ventajas.
Uno de los aciertos de la gestión de Villa Mayor ha sido abrir instalaciones como el spa urbano Aquacenter a usuarios ajenos al complejo. No solo se ha evitado la creación de un guetto para persona mayores, sino que se ha rentabilizado mejor una inversión que se eleva ya a 35 millones de euros, entre los doce que ha costado la residencia recién abierta y lo que se gastó en levantar los cuatro bloques de apartamentos y el resto de las instalaciones.
Como quienes contratan los servicios sanitarios y domésticos suelen ser las persona mayores, la dirección del complejo confía en que la apertura de la residencia sirva para duplicar en un año el número de inquilinos de esa edad. La cercanía de la residencia puede actuar como un incentivo que les anime a vivir en Villa Mayor antes de necesitar asistencia.
Un complejo único

El modelo desarrollado por Ecoplar no tiene, hoy por hoy, parangón en España, aunque la idea ha sido aprovechada como fórmula comercial para vender mejor algunas promociones de viviendas. El problema es que, una vez vendidas, el promotor se desentiende del pequeño centro de servicios que suele utilizarse como señuelo para atraer a los compradores y no es fácil encontrar gestores privados que rentabilicen esos centros de ocio y de servicios.
En cambio, el complejo urbanístico para personas mayores de Maliaño, una vez culminado con la entrada en servicio de la residencia, puede servir como ejemplo de un urbanismo pensado para las necesidades reales de las personas. Cabe incluso la posibilidad de que siga creciendo, porque Villa Mayor dispone todavía de unos 15.000 m2 edificables.

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