Un modelo asistencial con certificado de calidad

La población cántabra envejece muy deprisa y esta evidencia exige anticipar la atención de un problema común en las sociedades avanzadas, con importantes consecuencias sociales y demográficas.
La respuesta a este imparable proceso requiere tanto la ampliación de la oferta residencial, como nuevos conceptos en las prestaciones, dado que, cada vez más, la atención sanitaria se solapa con los aspectos sociales.
De este enfoque ha surgido un nuevo modelo de residencia del que es un buen ejemplo el centro asistencial La Loma. El pasado mes de febrero, la residencia castreña se convertía en el primer centro de estas características que obtiene en Cantabria el certificado de calidad ISO 9001:2000 y el séptimo en toda España. El alcance del reconocimiento otorgado por Aenor lo convierte en el único centro asistencial del país en el que la certificación de calidad cubre un amplio abanico de servicios que van desde la prestación de servicios personales y residenciales a los aspectos sanitarios (medicina general y rehabilitadora), la asistencia social y la animación sociocultural.

Un modelo sociosanitario

Cuando el grupo de empresas de Manuel Gutiérrez Elorza (Lolín) se hizo en 1999 con el control accionarial de La Loma, tras la marcha del grupo SAR, una de las primeras decisiones que tomó la nueva dirección fue la de potenciar el modelo sociosanitario que había inspirado la creación del centro en 1995.
Los nuevos gestores de La Loma, con Jesús Gutiérrez Castro como máximo responsable, eran conscientes de la necesidad de dar respuesta a necesidades que desbordan el ámbito de las residencias tradicionales y que tampoco encuentran fácil acomodo en la red sanitaria pública.
El diseño del centro asistencial de La Loma responde a un modelo mixto y flexible, donde, además de las prestaciones propias de un centro geriátrico, se ofrecen también servicios médicos de rehabilitación y psiquiátricos, tanto en régimen residencial como ambulatorio.
La aplicación de este modelo permite aliviar a los centros sanitarios de la carga de tener que dedicar plazas hospitalarias a pacientes que precisan más cuidados asistenciales que propiamente clínicos y médicos. Se crea así un tipo de centro complementario de la red sanitaria.
“Yo tengo claro que las exigencias de hace unos años en lo que respecta a la tercera edad no tienen nada que ver con las actuales ni con las que habrá en el futuro –señala el consejero delegado de SAI XXI, Jesús Gutiérrez Castro–. “Y nosotros, como entidades privadas con conciertos con las administraciones, debemos dar respuesta a esos nuevos problemas”, añade.
Salud mental y rehabilitación

Los servicios que presta la Loma en su área psiquiátrica no sólo atienden las dolencias propias de edades avanzadas, como el alzheimer o la demencia senil. También se ocupan de problemas tan candentes como la anorexia, la bulimia, el tabaquismo, la depresión, el alcoholismo o el estrés. Tras pasar la fase aguda en una centro sanitario, los afectados por alguno de estos síndromes reciben en La Loma la atención necesaria para recuperar sus hábitos normales de vida. Una estancia de tres o cuatro semanas, con terapias de grupo y ocupacionales y junto a personas que padecen el mismo problema, suele ser suficiente para asegurar esa recuperación.
En la atención de este área, La Loma cuenta con tres psicólogos y un psiquiatra, a los que se suman ocasionalmente los especialistas –neurólogos, neuropsiquiatras, etc.– que se precisan en cada caso.
El área de rehabilitación, en el que se atiende también en régimen ambulatorio, cuenta con tres fisioterapeutas y un médico especialista.
En conjunto, el centro dispone de más de 80 trabajadores en su mayor parte mujeres. Una cifra tan abultada se explica tanto por su tamaño –cuenta con 180 plazas– como por el hecho de no externalizar ningún servicio. Tanto las tareas de cocina como la lavandería, limpieza o mantenimiento se realizan con personal propio.
La Loma tiene setenta plazas concertadas con la administración regional para personas dependientes mayores de 65 años. El concierto se ha ampliado recientemente en 30 plazas más tras ganar sendos concursos para la atención de patologías duales y para personas con enfermedades crónicas gravemente invalidantes.
Las 80 plazas que completan la capacidad del centro son privadas, y se comercializan a un precio que oscila entre las 220.000 pesetas mensuales y las 250.000, dependiendo de las necesidades de rehabilitación de los residentes.

Un nuevo proyecto

La necesidad de nuevas plazas en Cantabria y la confianza en que el modelo asistencial ensayado en Castro es válido en cualquier otro punto de la región, ha animado a los responsables de La Loma a plantearse la apertura de un nuevo centro en las proximidades de Santander. El número de plazas sería como mínimo de 170 y sus características similares a las que tiene el situado en Sámano, “ya que nos ha dado un buen resultado” explica Jesús Gutiérrez–. “Lo importante –continúa el responsable de La Loma– es ir de la mano de la Administración regional y de las compañías de seguros que están implantadas en Cantabria”. La inversión prevista, cercana a los 900 millones de pesetas, así lo aconseja.
El nuevo centro vendrá a sumarse a las cerca de 4.000 plazas para mayores con que cuenta actualmente Cantabria. El objetivo fijado por la Administración en el Plan Gerontológico es el de disponer de 2.000 plazas concertadas en el 2005, una cifra que puede no bastar si tenemos en cuenta que el 18,1% de la población de Cantabria tiene más de 65 años, y que cada vez son menos las personas que cuidan a los mayores en sus domicilios.

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