Palos de golf a la medida

Hijo de Ramón Sota, legendario jugador de golf cántabro, el golfista profesional y profesor Gabriel Sota Sanz regenta, junto a sus tres hermanos, el Club de Golf Ramón Sota, situado en Agüero. El campo, abierto en 2003, tiene nueve hoyos y fue diseñado por Severiano Ballesteros, primo de los Sota. Está asentado sobre unos terrenos de la familia y pertenece a una sociedad llamada Loratoga, formada por los cuatro hijos de Ramón. Con el tiempo, el campo ha ido completándose con una zona de prácticas, cafetería, tienda y un taller de reparaciones de palos de golf, a partir del cual Gabriel Sota ha concebido una empresa para fabricar palos a medida.
Formado en Inglaterra, este cántabro de 39 años, además de dedicarse profesionalmente al golf, se especializó en diseñar y construir palos ajustados a las necesidades de cada jugador, unos conocimientos que ahora ha aprovechado para crear el Gabriel Sota ClubMaker, que se pondrá en funcionamiento a comienzos de este verano: “En un principio, la pretensión es cubrir la demanda del mercado cántabro para, poco a poco, extendernos por toda la geografía nacional», explica.
De momento, el taller está situado en un edificio situado en las inmediaciones del Club de Golf Ramón Sota. En la planta superior hay tres zonas bien definidas: una exposición de palos antiguos de golf; una muestra de fotografías y de los equipos utilizados en su día por Ramón Sota y el llamado Seve Corner, un rincón donde se exponen fotografías y algunos de los palos que Severiano Ballesteros utilizó en sus inicios como golfista profesional.
En la segunda planta hay un amplio muestrario de palos de golf a medida con todos los componentes que se requieren para su fabricación: cabezas, varillas, grips… En el taller, contiguo a la zona de exposiciones, Gabriel Sota lleva años reparando y construyendo, casi artesanalmente, los palos de golf que sus clientes le demandan: «Hasta hace bien poco no había mucha demanda de palos a medida, pero debido a la creciente afición a este deporte, cada vez llegan más jugadores pidiéndolos. En un principio, continuaré trabajando solo, pero cuando la empresa vaya ampliando su cartera de clientes necesitaré trabajadores, tanto para la fabricación como para el estudio de los jugadores que es necesario para hacer un palo personalizado».
El diseño y la fabricación de un palo de golf a medida es un proceso complejo que requiere del conocimiento del swing del jugador. El fabricante (en realidad, un artesano), ha de observar a su cliente mientras juega, para conocer su forma de darle a la bola. Pero no sólo le mira. Graba con una cámara de vídeo su comportamiento en diferentes hoyos del campo; analiza cada golpe, la altura de vuelo, el efecto lateral, el de retroceso, la distancia de vuelo de la bola… Todo ello es relevante, porque el juego de palos debe responder a cada una de esas características personales.
El minucioso estudio de cada jugador se mueve en torno a los cinco componentes que conforman el golpeo de una pelota de golf: precisión, distancia, trayectoria, sensación y consistencia: «A través del conocimiento de la técnica del jugador, de su swing, puedo averiguar que palo necesita, asegura Gabriel Sota. Hay jugadores que pueden desear mayor precisión, que la trayectoria sea más alta o más baja, ganar en consistencia o mejorar sus sensaciones y esas preferencias son las que tengo que atender para crear el palo que realmente necesita».
Antes de nada hay que conocer la altura, peso, sexo, la distancia desde la muñeca al suelo, la velocidad del swing y el tamaño de la mano. Todas esas variables físicas, unidas a la personalidad en el juego, han de ser tenidas en cuenta para que el cliente quede satisfecho con el producto final. Tras el estudio personalizado de cada jugador –typin–, se puede encargar a una empresa especializada la fabricación del palo adecuado –la mayor parte de estas empresas están en Inglaterra– pero también es habitual que los haga quien ha realizado el estudio del cliente. En España hay muy pocos clubmakers –así se denomina a quienes hacen palos de golf a medida– y, por ese motivo, la empresa de Gabriel Sota se ha propuesto formarlos, además de dedicarse a la fabricación propiamente dicha.

Unos palos que mejoran al jugador

No hay dos jugadores iguales ni en sus características físicas ni en su manera de ejecutar el swing. El reto de los clubmakers es conseguir un juego de palos equilibrado y adaptado a las condiciones de quien va a usarlo. Si lo consiguen, el jugador podrá corregir debilidades del juego, evitar lesiones, ganar confianza, aumentar la distancia de la bola y realizar una buena inversión económica, ya que se evita la compra de palos estándar que, seguramente, no se adaptan a sus condiciones.
El golf ha pasado de ser un deporte de minorías a ser un deporte practicado por personas de cualquier condición social: “Las mujeres, por ejemplo, que hace unos pocos años apenas tenían relación con este juego, ahora están acudiendo a los campos de una manera habitual. Como no hay una edad especifica para practicar el golf, cada vez hay más aficionados y esto da lugar a que haya más jugadores que quieren un palo a su medida. En el taller del club, por ejemplo, estoy haciendo mensualmente una media de 30 a 40 palos de golf a medida», explica Sota.
El precio de estos palos depende de si son hierros, maderas, híbridos, putters o wedges. Los hay desde 35 a 300 euros, algo en lo que también tienen mucha influencia los materiales con los que estén fabricados. Los más habituales suelen ser el grafito, el acero o el titanio: «Hay varillas que pueden alcanzar los 1.200 euros. Nosotros apenas trabajamos con ellas, pero haberlas, las hay», advierte Sota. Por lo general, una bolsa completa, con los 14 palos reglamentarios hechos a medida, viene a costar unos 1.500 euros.

Un deporte que se populariza

El golf ya está al alcance de todos. Es un deporte que, en nuestro país, ha ido ganando adeptos a un ritmo frenético, beneficiado tanto por los triunfos de Severiano Ballesteros, de José María Olazábal o de Sergio García, como por la construcción de campos, que durante la última década han proliferado por todo el territorio nacional.
En Cantabria esté deporte ha crecido de manera espectacular, debido, según Gabriel Sota «a que se han creado muchos campos municipales, lo que permite precios asequibles”. “Esto, lógicamente, ha impulsado la practica de este deporte, aunque yo me atrevería a decir que, a veces, en algunos de estos campos municipales se está pagando un precio por debajo del coste de mantenimiento, lo que, obviamente, repercute en el bolsillo del contribuyente», añade.
Los practicantes de este deporte van adquiriendo, poco a poco, un mayor conocimiento del juego y siempre tiene como objetivo mejorar su handicap. Esto, según Gabriel Sota, «no sólo se consigue mediante horas y horas de práctica, sino también eligiendo el palo adecuado, con la varilla y el cabezal apropiado para las necesidades de cada jugador. Este es mi empeño, que los aficionados al golf dispongan de palos confeccionados a su medida para que disfruten mucho más de este extraordinario deporte». Y tiene muchos motivos para saber lo que se trae entre manos, porque pocos como él pueden presumir de estar vinculado a dos sagas de grandes golfistas, los Ballesteros y los Sota.

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