‘ME INVENTÉ UNA NUEVA PALABRA, RE-EXISTIR’

P.- Fundó su propia agencia en 2003 pero ya llevaba años en la profesión…
R- Comencé con 23 años en MZ Comunicación, a las órdenes de Jesús Manuel Zaballa. Allí estuve 15 años hasta que decidí emprender por mi cuenta. Me sentía bien remunerada, pero lo hice por ilusión y porque me apetecía conocer el mundo de las empresas, ya que había estado muy vinculada a partidos políticos y ayuntamientos. No me llevé ningún cliente y pronto empecé a fidelizar a grandes marcas, hasta que tuve la mala suerte de que vinieran a buscarme de nuevo de instituciones públicas para encargarme sus campañas…

P.- ¿Y a eso le llama mala suerte? Otras agencias hubieran estado encantadas…
R.- (Ríe). Es que no pude cumplir con el proyecto que tenía de crear una agencia pequeñita. El deseo de convertirme en empresaria también tenía mucho que ver con darle un giro a mi vida. Minimizar el estrés que había tenido hasta ese momento y disfrutar más de mi tiempo, después de años trabajando doce horas al día. No pude conseguirlo porque, sólo dos años después de fundar Magnavista, tuvimos que ampliar la plantilla y abandonar la oficina de Valdenoja porque habíamos crecido de manera brutal.

P.- ¿A qué atribuye tanto crecimiento en un plazo de tiempo tan breve?
R.- A que trabajábamos para muchas instituciones y organismos públicos. La facturación llegó a ser muy importante y la bonanza se mantuvo durante ocho años, hasta que llegó la crisis. Lo primero que corta la gente, equivocadamente, es la publicidad. Desde entonces hasta 2014 todo han sido pérdidas. Nos ha tocado resistir y, como no habíamos repartido beneficios, utilizamos todo el dinero que habíamos ganado para aguantar y, sobre todo, para mantener la plantilla. Si de algo me siento orgullosa es de haber mantenido los puestos de trabajo. Magnavista es una empresa familiar y las vidas de las personas que integran el equipo me importan mucho.

P.- Se habla de lo mucho que nos ha enseñado la crisis. ¿Usted ha aprendido algo?
R.- Solo me ha enseñado lo importante que es tener genialidad, ser brillante aunque la inversión sea pequeña. En plena crisis hemos captado clientes trabajando igual de bien que nuestra competencia pero con unos honorarios más asequibles. A veces, hay que conseguir clientes a base de hacer sacrificios económicos.

P.- Lo cierto es que la crisis ha hecho mella en las agencias de publicidad de Cantabria.
R.- Nuestro gremio es complicado, aunque yo siempre he tenido buena relación con mis colegas. Nunca me ha gustado mercadear y he llegado a ceder proyectos a otros compañeros que lo necesitaban más. Lo que realmente lamento de la crisis son las agencias que se han quedado por el camino. Eso no es bueno, porque debe existir diversidad en el mercado y la gente debe ser consciente de lo que cuesta crear una agencia.

P.- ¿Qué es lo más complicado del mundo publicitario?
R.- Rodearse de un buen equipo. Hay que saber que eres el dueño de la agencia, pero no del estudio. Son los diseñadores los que hacen grandes a las marcas y los que pelean por ellas. Yo siempre he respetado su criterio profesional y nunca he tratado de convertirme en sus manos. Para mí, las personas que trabajan en la agencia no son empleados, son compañeros.

P.- Eso sí, en su agencia tiene un compañero muy especial que, además de socio, es su hermano…
R.- Mi hermano Agustín (Tino) es el socio perfecto. Llevamos juntos desde el principio y él también tuvo que arriesgar y dejar la empresa en la que trabajaba para apostar por este proyecto. Es un buen relaciones públicas y me apoya en todo lo que hago. Como hermano y como persona es el pilar de mi equilibrio y no habría empresa sin él, es mi mano derecha. Trabajar con alguien de la familia es un valor añadido porque no hay horarios, hay compromiso y lealtad. La soledad del empresario es dura, pero para mí es más leve, porque la comparto con él.

P.- Y los empresarios, ¿son conscientes de la necesidad de comunicar lo que hacen?
R.- Sí, se aprecia un cambio en las empresas. Cada vez tienen más claro que la comunicación y el marketing son importantes y se han querido educar en ello. Cuando empecé no era así, pero ahora los empresarios saben que una agencia de publicidad puede darles un servicio pleno y un valor añadido.

P.- ¿Cuál es la parte que más le gusta de su trabajo?
R.- El aporte de creatividad y el trato con los clientes. Dicen que mi mayor defecto como publicista es que siempre acabo teniendo amistad con mis clientes, incluso cuando cambian de agencia, porque son amistades de verdad. También con los proveedores, porque sin ellos tampoco seríamos nada. Las imprentas y las empresas de artes gráficas, en general, han sufrido mucho y tenemos que ayudarnos.

P.- ¿Hay alguna campaña que recuerde de manera especial?
R.- Hay dos de las que nos sentimos orgullosos. Una es el trabajo que hicimos para las niñas que padecen anorexia del Hospital Valdecilla. La inversión que tenían apenas daba para hacer un cartel pero sentimos que debíamos ayudarlas. No entendíamos la falta de apoyo de organismos oficiales, así que implicamos a nuestros proveedores e hicimos carteles divulgativos, invitaciones, un libro y un concurso de fotografía que les animó a salir a la calle a hacerse fotos cuando antes no lo hacían. Ese proyecto fue especial, lo mismo que un video precioso que regalamos a Aspace y que abordaba la situación de este colectivo desde un punto de vista sensible pero nada lastimero.

P.- ¿Se lo pasan los publicitarios tan bien como parece?
R.- Lo he pasado muy bien con acciones de street marketing con coches rotulados, limusinas… y fue divertidísimo, por ejemplo, organizar la primera Feria del Stock que se hizo en Santander, porque desbordó nuestras expectativas. Nos encargaron la imagen gráfica y, de repente, nos encontramos con que debíamos convertirnos en cuidadores de niños, en reponedores para los comerciantes y hasta en el 112. La verdad es que disfruto mucho de mi trabajo. El día que deje de pasármelo bien, me marcharé.

P.- En marketing todos insisten en construirse una marca personal para diferenciarse. ¿Cuál es la suya?
R.- Soy exigente, temperamental, competitiva y comprometida. Dentro de la publicidad, mi mayor éxito es la improvisación. Más de una vez me han mandado a jornadas donde era necesario hablar idiomas y he tenido que buscarme la vida (ríe). Creo que a veces se me contrata para salvar la situación.

P.- Hace unos días celebró sus 50 años. ¿Ha aprovechado la fecha para hacer balance?
R.- Cumplir 50 es más difícil para una mujer que para un hombre. Parece que se nos exige más, por eso hago deporte (ríe). Yo no soy de ponerme ropa sexy, ni de utilizar las armas de mujer convencionales. Prefiero complementos divertidos, ser leal a mis amigos y estar con la familia, que para mí lo es todo. El resumen que he hecho de mi vida es que todo lo que soy me lo ha proporcionado el trabajo. He aprendido mucho de mis compañeros y mi mayor éxito ha sido rodearme de los mejores.

P.- También frecuenta las redes sociales. ¿Qué aporta esa parte online a su vida?
R.- Las redes sociales me han dado mucho, sobre todo, en los momentos más bajos. Al principio, cuando estalló la crisis, no comprendía nada y no sabía qué hacer con mis horas, así que empecé a disfrutar más de mi casa y decidí que no iba a proyectar ninguna amargura sobre los demás. Fue entonces cuando me inventé una nueva palabra: re-existir, y comencé mi andadura en Facebook. Algunos creen que no debería exponerme tanto, pero yo soy extremista. El lema de mi vida es ‘o todo o nada’.
Patricia San Vicente

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