Mall opta por vender los locales del Bulevar Altamira

La segunda época de Mall en Torrelavega (o lo que es lo mismo, del empresario asturiano Julio García Noval), no va a ser parecida a la primera. Los comerciantes del Bulevar Altamira pusieron el grito en el cielo al conocer su vuelta, pero lo cierto que Mall ya no tiene interés alguno en gestionar un centro que se concibió para rentabilizarlo por medio de alquileres, a excepción del amplio local vendido a Simago (hoy Champion).
García Noval parece más interesado en conseguir liquidez y ha puesto en venta todos los locales. La oferta, en 300.000 pesetas el metro cuadrado, le permitiría obtener unos 250 millones de pesetas. Otros 250 millones obtuvo el pasado mes de junio al vender a Cajastur cinco locales y 60 trasteros que nunca han encontrado arrendatario y que en opinión de los comerciantes no tienen ningún interés y sí muchos gastos.
La oferta realizada a los comerciantes es ligeramente superior a la que en su día les hizo Caja España (250.000 pesetas/m2), que se comprometió a venderles los locales en esas condiciones en el mismo momento en que pudiese solventarse el problema jurídico que impedía su inscripción en el registro.
La mayor parte de los negocios (una veintena) son familiares y según el presidente de la comunidad de propietarios del Bulevar Altamira, Manuel Torres Ortega, “lo probable es que compren la mayoría, pero esto no es ningún momio. Si se mantienen es porque trabaja el matrimonio y, a lo más, tienen una chica, pero no dan para más”.

Esperar lo inverosímil

Los comerciantes, en cualquier caso, mantienen una cierta actitud de expectativa, ya que tienen constancia de que los mismos locales que les ofrece Mall para la compra también están siendo ofertados a Hacienda para el canje de parte de la deuda fiscal de la empresa y el tiempo les ha demostrado que con Julio García Noval de por medio cabe esperar cualquier desenlace inverosímil.
El empresario asturiano ha conseguido recuperar la mayor parte de su patrimonio que desde hace años podía dar por perdido, al conseguir un polémico acuerdo con Caja España y Cajastur, las entidades que financiaron sus centros comerciales de Torrelavega, Gijón y León y se quedaron con ellos al no atender el promotor ninguno de los vencimientos. La condonación de parte de la deuda va a dar lugar a toda una comisión de investigación parlamentaria en Asturias, además de haber provocado una crisis política dentro del PSOE, que gobierna en aquella comunidad, y una tormenta insólita en el seno de la propia Cajastur con cese de un presidente, sustitución por otro (el que firma la operación), cese del firmante y vuelta del primero.
García Noval, encontró en Vallehermoso un comprador para su antiguo centro comercial Los Fresnos de Gijón y consiguió convencer a Cajastur y Caja España para que le devolviesen los inmuebles a cambio de 5.200 millones de pesetas, cuando la deuda que tenía con ambas entidades unida a los intereses acumulados alcanzaba los 6.700). Como el precio pactado con Vallehermoso era de 6.800 millones, el empresario recuperaba inesperadamente dos de los tres centros comerciales que promovió y que habían sido subastados y adjudicados por las cajas hace años y aún le quedaba una importante cantidad en metálico.

Un propietario de Torrelavega puede echar abajo el acuerdo

Al margen de la polvareda política, la operación puede encontrar un escollo legal. Manuel Torres, el presidente de la comunidad de propietarios del Bulevar Altamira de Torrelavega está convencido de tener en su mano la llave que cierra cualquier posibilidad de levantar los embargos. Este relojero-platero de origen jienense que lleva 27 años en Torrelavega, se empeñó en comprar el modesto local que tenía arrendado en las subastas que se celebraron hace dos años en los juzgados de Zamora, una provincia donde a Mall también se le embargaron unos terrenos.
Las cajas de ahorros, que habían pedido la ejecución hipotecaria de los préstamos en 1996, ante la actitud de la empresa de no atender los vencimientos, llevaban año y medio gestionando los tres centros comerciales de Mall y habían llegado a un acuerdo con los comerciantes para que no acudiesen a la puja, con el compromiso de que luego les venderían los locales en las condiciones ya pactadas (250.000 pesetas el metro). Las Cajas preferían que las subastas quedasen desiertas y desanimaron la posible concurrencia de los comerciantes advirtiéndoles de que en caso de que se presentasen a las pujas para intentar obtener los locales más baratos, harían contraofertas hasta que el precio alcanzase la cantidad pactada. En estas condiciones, los comerciantes optaron por quedarse en casa, excepto Torres, que decidió no esperar y compró en la subasta, pero al mismo precio del pacto.
La sucesión prevista para los acontecimientos se truncó al presentar Julio García Noval una demanda espectacular contra las dos cajas de ahorros, reclamando 23.000 millones de pesetas por provocar la crisis económica de su empresa. Los registradores de la propiedad decidieron no asentar la titularidad de las cajas sobre los locales, hasta que no se resolviese la demanda ante los tribunales y eso impidió la posterior venta a los comerciantes, que hoy siguen siendo arrendatarios, con una excepción, la de Manuel Torres, quien ya había desembolsado los 2.700.000 pesetas en que se adjudicó su local.

“Yo no podré registrar, pero Mall tampoco”

En el acuerdo firmado el pasado 23 de junio en Asturias, por la cual Mall recuperaba la propiedad de los centros comerciales de Torrelavega y León, a cambio de desprenderse de Los Fresnos y pagar a las cajas parte de la deuda, nadie llamó a Torres. Su local fue incluido como uno más de los que pasaban a García Noval y el joyero de Torrelavega sostiene que sin su firma, la operación ha quedado coja. Mall no le reconoce como propietario e incluso le exige ponerse al día en el pago del alquiler, pero él está convencido de que, sin su conformidad, el empresario asturiano no podrá levantar el embargo que aún figura en el registro: “Que me digan cómo van a anular una subasta que se celebró en los juzgados”, sentencia. “Yo tengo un local adquirido y tengo un acta de adjudicación”.
Torres sostiene que si hace dos años no pudo registrarse su local, al igual que ocurrió con los restantes que pasaban a ser propiedad de las cajas, fue por la demanda de Mall contra las entidades de ahorro. “Una vez que se ha retirado la demanda, no quedan obstáculos” aunque ahora es necesario que se levante formalmente el embargo, algo que aún no ha sucedido”.
La pescadilla se muerde la cola, pero Torres está convencido de que para desenroscarla hay que contar con él y asegura que si en una ocasión anterior prestó su firma para ir desentrañando la madeja jurídica, en esta ocasión “a Mall le va a costar caro. ¿Cómo se atreve a exigirme que pague alquileres por un local que es mío? Yo no podré registrar, pero ellos, tampoco”.
Entre tanto, la vida del centro comercial vuelve a la incertidumbre. Mientras lo han regido las cajas han pagado religiosamente los gastos de comunidad por los locales que controlaban, aunque no cubrieron la deuda que Mall había acumulado anteriormente, unos veinte millones de pesetas. Ahora que la propiedad ha vuelto a manos de Mall vuelven las demoras en los pagos y todos temen un nuevo languidecimiento en la promoción de la galería y en su mantenimiento y seguridad.

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