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La mayor fábrica europea de ferroaleaciones

El aumento en la producción irá destinado en su totalidad al mercado exterior, hacia la que ya se dirige el 40% de la producción de la factoría cántabra, que alcanzó el pasado año las 110.000 toneladas.
Ferroatlántica da empleo a 170 trabajadores y aunque la inversión no se traducirá en un aumento de la plantilla, si generará un empleo indirecto que los directivos de la factoría cifran en un mínimo de 30 nuevos puestos de trabajo.
El grueso de la inversión irá destinado a la renovación de dos hornos eléctricos mediante la sustitución de los viejos transformadores por otros nuevos que alcanzarán una potencia de 30 megavatios frente a los 13 que tenían los antiguos. Esta mejora tecnológica permitirá incrementar la producción hasta alcanzar las 135.000 toneladas al año.

Mejoras medioambientales

Otra parte significativa de la inversión –575 millones de pesetas– irá destinada a introducir mejoras medioambientales en la fábrica, en consonancia con el aumento de actividad.
Ferroatlántica empleará 300 millones en aplicar en los hornos renovados el mismo sistema de captación de humos que ya se emplean en los hornos Tanabe y que va más allá de la simple instalación de filtros en las chimeneas. Con este sistema se aspiran los humos que se producen en el vertido de la colada desde los hornos, de donde sale a unos 1.500 grados, a la cuchara. Las mejoras medioambientales alcanzarán también al sistema de filtros, al que se destinarán 190 millones, así como a la ampliación de la instalación de espesador de lodos (óxidos de manganeso), para facilitar la eliminación de los residuos que se producen en la fabricación de las ferroaleaciones.

Reinversión de beneficios

En 1992, un grupo encabezado por Juan Miguel Villar Mir resucitaba una fábrica que fue fundada en 1913 y cuyo cierre acababa de ser decidido por su anterior propietario, la Sociedad Española de Carburos Metálicos. La operación de compra, en la que se incluían otras tres plantas en Galicia y que se cerró en 500 millones de pesetas, abarcaba también a unos saltos de agua en la comunidad gallega, por los que Ferroatlántica tuvo que desembolsar 17.400 millones.
Desde su adquisición la factoría de Boo de Guarnizo ha multiplicado su producción por cinco veces y media y ha doblado los puestos de trabajo que tenía inicialmente. Los márgenes generados por la fábrica en estos ocho años han superado los 3.000 millones de pesetas, cantidad que ha sido reinvertida en la mejora de las propias instalaciones. “Ferroatlántica es un grupo cien por cien familiar –explica su fundador y presidente, Juan Miguel Villar Mir–, no necesitamos dividendos de la fábrica para poder vivir y el dinero que ha generado la factoría se ha quedado siempre en ella para mejorarla”.

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