La deuda de Cantabria se dispara y ya equivale al presupuesto de un año

Cómo es posible que con una política tan austera en los gastos la deuda siga aumentando a un ritmo semejante, que Cantabria el pasado año no haya podido cumplir el objetivo de déficit del 1% y que haya pasado de tener un PIB per capita superior a la media nacional hace solo tres años a estar bastante por debajo?
A primera vista, no es fácil de entender: se han suprimido organismos y empresas públicas; desde hace seis años sólo se cubre una de cada diez plazas de funcionarios que quedan vacantes; supuestamente se han recortado gastos en personal de libre designación y en alquileres; se ha controlado el gasto farmacéutico gracias al copago; se han reducido las subvenciones y se paga menos que nunca por la deuda, poco más del 0%. Además, el Gobierno ha conseguido que los suministros salgan más baratos, al agrupar las compras, como ocurre con la telefonía o la electricidad, o por el descenso en el precio de los combustibles.
Tantos factores de control del gasto, de los que se enorgullece el Gobierno, hubiesen debido deparar unos resultados prácticos más evidentes. Sobre todo, cuando se le añaden bruscos recortes en servicios que presta la Administración autonómica, como ocurre con la dependencia y cuando las pocas obras que se licitan salen a un precio muy inferior al presupuestado, por la feroz competencia entre empresas.
En cualquier pizarra de los programas de política espectáculo que llenan la televisión, tal cúmulo de ahorros depararía un estado económico envidiable, pero la realidad es muy distinta. Cantabria conseguía superávits cuando hace una década gastaba de una forma alocada y, en cambio, genera déficits cuando trata de ahorrar.
La razón está en la otra parte de la ecuación, la de los ingresos. Hace diez años, el dinero que entraba en la caja superaba incluso las previsiones de los presupuestos, que siempre suelen pecar de optimistas. Ahora llega cada año menos, así que el déficit público crece a un ritmo incontrolable, a pesar de los muchísimos esfuerzos que se realizan para evitarlo y el peso de la deuda ha pasado, desde que gobierna Diego, del 9% del Producto Interior Bruto de Cantabria al 19,8%, más del doble.
Lo que ni los más fervorosos defensores de la política que se ha seguido en estos últimos años podían suponer es que Cantabria, una comunidad que partía de unos parámetros de endeudamiento muy moderados, iba a alcanzar las ratios de Andalucía, comunidad que el Partido Popular siempre ha considerado un paradigma de la deuda.

Alfombras y aplazamientos

El PP cántabro ha tratado de justificarse asegurando que la deuda heredada no eran los 1.250 millones que, según el Banco de España, había en Cantabria en junio de 2011 cuando se produjo el cambio de Gobierno, sino 350 millones más, en facturas sin pagar, sobre todo de las farmacéuticas, un problema que se suscitó en los últimos años del mandato del PSOE y del PRC, cuando se optó por presupuestar el gasto sanitario de once meses y no de doce, con la vana esperanza de que eso sirviese para corregir el desbocado incremento que estaba registrando y que ponía en riesgo las cuentas de la región.
Con tan insistentes denuncias sobre las facturas que había debajo de la alfombra, todo hacía suponer que en esta legislatura desapareciesen esas prácticas, pero la realidad es que todo se ha seguido haciendo igual, incluso la estrategia de presupuestar la sanidad por debajo del coste real, y en estos momentos hay deudas a corto plazo por importe de 335 millones de euros que se han aplazado hasta la siguiente legislatura, a través de préstamos del Estado o de entidades bancarias. De esta forma, quien gobierne a partir de mayo, heredará gastos tan insólitos, como el que ha servido para pagar la nómina de los 4.000 empleados municipales que se han creado temporalmente en estos meses preelectorales para aliviar las listas del desempleo. También en esa política de diferir gastos ordinarios al futuro hay muchos suministros del día a día, entre ellos los farmacéuticos.

La salvación de los bajos tipos de interés

El PSOE, por boca de su secretaria regional, cree que la dimensión que ha alcanzado la deuda regional con el PP hace imposible encajarla en los presupuestos y, por tanto, anuncia que si gobierna tratará de reestructurarla, negociando con los bancos un alargamiento de los plazos de pago. En estos momentos, los gastos financieros (amortización más intereses) consumen ya 16,5 de cada cien euros que ingresa la autonomía, a pesar de que las condiciones de financiación son muy buenas desde que el Gobierno central puso en marcha el Fondo de Liquidez Autonómico para rescatar a aquellas comunidades que tenían una situación financiera más complicada y especialmente benévolas desde que el Estado se ha hecho cargo de los intereses.
Los socialistas critican con dureza que en 2014 la comunidad autónoma haya incumplido el techo de deuda fijado (el 18,7% del PIB) con un desvío notorio (ha llegado al 19,8%), lo que supone 124 millones de euros más de los previstos. Eso obliga al Gobierno a recurrir permanentemente a las facilidades que ha puesto en marcha el Ejecutivo de Rajoy para rescatar a las comunidades con más problemas y entre las que no debiera encontrarse Cantabria. Fue una de las primeras en acogerse al Plan de Pago a Proveedores y al Fondo de Liquidez Autonómico de 2012, lo que resultó una relativa sorpresa porque no era una de las más endeudadas, pero el problema de Cantabria está en la fortísima caída en los ingresos de estos últimos años por la crudeza de la crisis, y en 2013 tuvo que acudir de nuevo al FLA, porque la liquidez le duró muy poco.
En 2014 se aprovechó de la reducción de los intereses del FLA, que hacían más llevadera esta deuda y ahora al tipo de interés del 0%, que se convertirá en el 0,8% a partir del próximo año y hasta 2025, una herencia que Rajoy dejará a quien quiera que sea su sucesor.
Con estos rescates, el Estado ha evitado que la gigantesca bola de nieve que está formando la deuda autonómica acabe en impagos, pero no la resuelve. A pesar de encontrarse con los tipos de interés más bajos de la historia, Cantabria sumó el año pasado 250 millones de euros más de deuda, la misma cifra que Diego ha considerado escandalosa en incontables ocasiones, cuando el responsable era el Gobierno anterior.
Resulta desalentador repetir los peores déficits del pasado ahora que el Gobierno de Diego se felicita de haberse desprendido de todos los gastos suntuarios y prácticamente no hay inversiones. Es decir, que en estos momentos la propia maquinaria administrativa y el servicio de la deuda cuestan más de lo que ingresa la autonomía, una situación insostenible.
A nivel estatal los resultados también confirman que los ajustes por sí solos no resuelven el problema. En tres años de Gobierno, Mariano Rajoy sólo ha conseguido reducir el déficit de la Administración central en seis décimas, del 5,2% del PIB al 4,6%. Con las últimas rectificaciones, el propio PP parece convencerse de que solo la recuperación económica puede conseguir embridar el gasto público, al aumentar al mismo tiempo el divisor (el PIB) y la recaudación fiscal.

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