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Paco, creador de ciudades

Desde Paco el de la bomba no había habido en España un Paco semejante y fue de justicia que Zaplana le concediese la medalla al Mérito en el Trabajo cuando era ministro. Como los romanos o los conquistadores que fueron a América, el Pocero no sólo ha hecho agujeros, ha hecho ciudades donde no había nada, ni siquiera agua, lo que tiene no poco mérito. Que alguien, de la noche a la mañana, levante 13.500 viviendas en un secarral de Toledo es, bien mirado, una hazaña. Y que venda todos esos pisos en mitad de la nada, un milagro de la creatividad comercial.
Urbanizar la costa y vender las promociones con vistas al mar es fácil. Por más abigarradas que se construyan las casas o por menos legalidades que respeten, siempre van a encontrar comprador. Levantar una ciudad de 13.500 viviendas en un páramo de la Meseta es una osadía heroica que, al fin y al cabo, no consume como otras un paisaje privilegiado ni un emplazamiento irrepetible. Hay millones de hectáreas idénticas, casi sin uso. Y hay que reconocer que el aspecto de lo construido por El Pocero es solvente, con calles bien urbanizadas, aceras y farolas incluso allí donde aún no se ha empezado a edificar y con una unidad estética que para nosotros quisiéramos. En fin, que otras cosas mucho más dañinas contemplamos todos los días.
Y nadie ha tenido en cuenta que un proyecto así va a cambiar la geografía nacional que se aprende en los libros de texto. Residencial Francisco Hernando, que así se llama Paco el Pocero, será una de las ciudades más grandes de La Mancha, con cerca de 50.000 habitantes, desplazando a Cuenca, a Teruel y casi a Albacete, lo cual no es poco mérito para un constructor de pozos sépticos que se ganaba los contratos ofreciéndose para los trabajos de más riesgo, después de abandonar la venta callejera de trastos viejos con un carretón.
Cuando la ciudad Francisco Hernando aparezca en los mapas con un punto gordo, en lugar del pueblo de Seseña, ahora irrelevante, comenzaremos a entender que esto de la planificación urbanística es cosa de iluminados. De gente que, como Noé, es capaz de hacer manar agua de una roca con un golpe de cayado, o con un puñado de millones encima de la mesa de algún concejal. Porque, una vez que aparecen las urbanizaciones, todo lo demás es cuestión de tiempo. Nos hemos hartado de oir que Murcia no tenía agua para la huerta, pero los alcaldes no parecen muy preocupados por el hecho de que los miles de viviendas que están autorizando puedan quedarse en seco. Es más, casi todas las urbanizaciones que aprueban aparecen en los folletos de promoción con piscinas y campos de golf, lo que demuestra que o los impulsores tienen su propio zahorí de confianza o el problema no era para tanto.
Lo que está claro es que en España no hay obstáculo que no pueda superar una promoción de viviendas. Ni siquiera los legales.

Personajes blindados

El macrorrobo de 80 hectómetros cúbicos en la vega de Murcia lleva años para ser tramitado en sus juzgados y, mientras tanto, las tuberías ilegales transportan y venden cada año más agua de la que cabe en el Pantano del Ebro. Las autoridades locales dicen que no es fácil investigar todo el recorrido de la “gota”, que en este caso es un goterón, pero ni siquiera han tomado el más mínimo interés en saber en donde empiezan y donde acaban estas tuberías, ni quién las montó, ni quién le cobra cada mes los consumos de este suministro ilegal a hoteles, campos de golf y regantes, con el mismo desparpajo que si fuese el ayuntamiento o el servicio municipal de aguas. La Fiscalía de Murcia tampoco ha tenido tiempo para respaldar unas denuncias que aportaban pruebas muy contundentes y ha dejado discurrir un negocio de decenas de millones de euros, mientras que a buen seguro ha sido mucho más diligente con pequeñas estafas y robos.
Con la Federación Española de Fútbol ha pasado algo parecido. Ha habido numerosas denuncias periodísticas sobre su cuestionable gestión económica, pero los fiscales han mirado insistentemente para otro lado. Puede que ahora, ante la escandalera del último informe del Tribunal de Cuentas, donde se pone de relieve el descontrol en los pagos y cobros, la fiscalía decida darse por enterada. O quizá no, porque ya hubo muchos otros informes anteriores y todo ha continuado igual.
Habrá que preguntarse por qué en España los fiscales no actúan de oficio más a menudo y por qué no lo hacen casi nunca en las comunidades autónomas, donde sobran escándalos que nadie investiga. Se quedan en fuegos de artificio con tinta de periódico que entretienen a la opinión pública durante algún tiempo y poco más. En una región como Cantabria, donde hay más de 500 viviendas sentenciadas de derribo, nadie se ha planteado la posibilidad de imputar a los alcaldes o a los funcionarios que conceden las licencias, como si las viviendas se hubieran autorizado solas, de forma que, para restablecer la situación, la ciudadanía, en lugar de ser resarcida por los causantes del problema, se ve en la disparatada situación de tener que correr con los gastos que originen los derribos y con la obligación de indemnizar a los afectados.
La cercanía entre quienes deben de juzgar y ser juzgados empeora la calidad de la justicia y hemos llegado a una proximidad excesiva donde muy pocos juzgadores están dispuestos a mojarse, sobre todo si han de encausar a políticos o personajes poderosos. Cuando se convive a diario, ni los periodistas somos objetivos ni los fiscales o los jueces lo bastante independientes. Y eso tiene un difícil arreglo, entre otras cosas, porque quien podía arreglarlo sabe que esta proximidad es una forma de blindaje para ir por la vida.

Un triste balance

La caída de los neoconservadores norteamericanos, esos individuos con la extraña teoría de que cuanto más se afiance un gobierno en un terreno ideológico extremista más sensación de liderazgo transmite, ha echado por los suelos seis años de despropósitos internacionales y ha acabado por demostrar que el “pusilánime decadentismo” de la Vieja Europa es bastante más inteligente que las teorías imperiales. Europa aprendió hace mucho que hay charcos donde no conviene meterse porque, desde Napoleón, todas las guerras de ocupación liberadora han reforzado los sentimientos nacionalistas de los invadidos y han acabado en desastre.
Ya no tenemos a Rumsfeld, lo cual no representa una gran pérdida, dado que primero armó a Sadam Hussein para vencer a los iraníes y, con el mismo desparpajo con que lo entronizó en la responsabilidad de controlar el avance del islamismo radical, más tarde le colocó a él mismo en la diana, como supuesto causante.
Con Rumsfeld tendrían que haber salido algunos más del equipo que asesora al presidente norteamericano, porque los desperfectos afectan a todo el barco. Con la excepción del crecimiento económico, que continúa a buen ritmo, todo lo que podía salir mal ha salido mal. El superávit público que dejó Clinton (un 2%) se ha convertido en un déficit del 4%, que no será fácil de financiar si se detiene la entrada de ahorro extranjero. El Libro de Ruta que debía encaminar los problemas de Oriente Medio ya no se sabe hacia donde apunta, por no decir que está completamente olvidado. La prepotencia sobre una ONU, considerada meliflua, y el desprecio sobre los derechos humanos han empeorado significativamente la imagen de EE UU. Las relaciones con Europa que se llegaron a plantear en un clima de prepotencia han tenido que ser reconducidas y el presidente se ha visto obligado a pedir públicamente la colaboración de Francia y Alemania, cuya sola mención hace cuatro años en EE UU era acompañada por epítetos. Y los líderes extranjeros que le apoyaron, como Aznar y Blair, han salido o van a salir mal parados.
El patio trasero de EE UU está aún más descuidado si cabe. Con la obsesión de la familia Bush por Irak, nadie prestó la menor atención a lo que estaba pasando en Iberoamérica donde han caído, uno tras otro, todos los aliados estadounidenses. Error tras error, el fallido intento de derribar a Chávez y la subida del precio del petróleo le han consolidado como líder de la zona y como exportador de revoluciones, tomando el relevo de Fidel Castro, y con alumnos tan aventajados como Evo Morales. Prácticamente todas las repúblicas sudamericanas han basculado a la izquierda, con lo que la influencia norteamericana en la zona se está deshaciendo como un azucarillo y será muy difícil enmendarlo. EE UU estaba pensando en otras cosas cuando China negoció gigantescos contratos de suministro a largo plazo con estos países, con lo que ha dejado que una de sus despensas tradicionales alimente a su rival económico más importante, un despiste estratégico que acabará pagando muy caro.
El empantanamiento en Irak y Afganistán y la multiplicación de los terroristas islámicos cuando lo que se buscaba era extinguirlos es el problema más notorio, pero sólo uno de los muchos creados por Bush. Lo insólito es que todos ellos se veían venir.

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