Editorial

Esa dificultad para conocer a la mayoría de quienes figuran en las papeletas, incluso en lugares pequeños, propicia que el asunto electoral quede extrapolado a tres personas, las que encabezan las listas principales, y resulta indiferente quienes completen la candidatura, por muchos codazos que se hayan dado entre ellos para que su nombre esté más cerca de la cabeza o por muchos berrinches que se coja quien iba de cinco en las anteriores y pasa a ser siete ahora. Pero en estas elecciones la realidad es aún más decepcionante: se disputan solo entre dos ciudadanos que ni se presentan ni viven en la región, Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, puesto que los medios de comunicación se han empeñado en convertir una pugna regional y local en unas elecciones nacionales. Como si el ayuntamiento de Saro o el de Valderredible lo fuesen a gobernar Rajoy o Zapatero o se decidiese en ellos el modelo económico para superar la crisis.

Es sospechoso que quienes ponen más énfasis en las listas abiertas, para decidir persona por persona, luego disparen con tanta elevación. La simplificación sólo sirve para eludir explicarnos a todos en qué se diferencian realmente las soluciones que proponen quienes están en liza en cada lugar. Por ejemplo, si el PP de Ignacio Diego se cargará el Plan Eólico, lo que parecería lógico después de las críticas que ha realizado o, si decide continuar con él. Si lo volvería a sacar a concurso y reduciría el número de molinos. Si apoya la continuidad de la nuclear de Garoña, que está tan cerca de Santander como Potes. Si de verdad Santander quiere hacer un parque tecnológico propio frente al que ha puesto en marcha el Gobierno, para que viandantes y foráneos queden deslumbrados por nuestro poderío económico, o ha sido un disparate para entretener a la concurrencia. Si va a despedir a la mitad de la plantilla de Cantur, por haber llegado de la mano de Marcano. Cuáles son, exactamente, las empresas públicas que pretender amortizar. Si continuará el proyecto Moneo con las dimensiones del actual Gobierno o se vuelve a las que pretendía darle Martínez Sieso. Si hay que quedarse con el Racing por enésima vez o dejarlo a su suerte. Si tiene intención de anular el canon de saneamiento y, en el caso de los ayuntamientos, cómo pretende equilibrar las cuentas municipales cada partido ahora que ya no hay la más mínima esperanza de ingresar por licencias.

Al parecer, las elecciones regionales y locales no son para esto, sino para poner a Salgado, a Rubalcaba, a Trichet, a Merkel y, sobre todo, al propio Zapatero en su sitio. A Obama ya le ajustaremos las cuentas en otra ocasión. El problema es que el Universo tiene sus propias leyes y las del Boletín Oficial de Cantabria sólo tienen eficacia hasta el borde de la provincia. Por eso es mejor aclarar lo que realmente nos atañe y saber previamente qué tiene previsto hacer cada uno en esta realidad tan modesta de 5.000 kilómetros cuadrados. No nos ocurra como a los electores catalanes y nos tengamos que desayunar con las medidas puestas por sorpresa por Artur Mas, amparadas en que la realidad económica es mucho peor de la que se suponía. Para eso basta presentar un par de escenarios en ese folletito tan lustroso que llaman programa: el malo y el peor. Qué harán en uno y otro caso. Y todos sabremos a qué atenernos.

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