Ramón Díaz de Bustamante: el cántabro que revoluciona Zambia

Regenta tres hoteles, un agencia de safaris, una gestora de inversiones y es cónsul del país en España

El cántabro Ramón Díaz de Bustamante ha sido uno de los muchos viajeros que han terminado sucumbiendo al ‘mal de África’, un enamoramiento que imposibilita resistirse a la tentación de regresar al continente. Desde su aterrizaje en Zambia, ha creado una empresa dedicada a los safaris fotográficos, una cadena hotelera formada por tres campamentos –ubicada en dos parques nacionales del país– y una compañía que se dedica a atraer proyectos empresariales al país, llamada African Bureau. Gracias a su trayectoria en los más de 25 años que lleva en Zambia y el empeño que ha puesto en atraer inversiones extranjeras, el gobierno africano le nombró cónsul honorario del país en España


Un secretario de estado de George Bush, un vicepresidente del Parlamento Europeo, uno de los fundadores de Microsoft y el cántabro de adopción Manuel Sánchez, el marqués de Movellán, ¿qué tienen en común? Podría parecer el inicio de un chiste malo, pero no lo es. Todos han sido clientes de Ramón Díaz de Bustamante, un torrelaveguense que hace más de 25 años eligió Zambia para crear sus propios negocios turísticos al tiempo que disfrutaba de su particular pasión por la vida salvaje de la sabana africana.

Entre elefantes, antílopes, jirafas y leones, Bustamante ha levantado una cadena hotelera formada por tres campamentos de superlujo que recuerdan a la película Memorias de África. Dos de ellos –Safari Explorers y Waterbuck Camp– se encuentran en el Parque Nacional de South Luangwa. El otro, Lion Camp-Busanga Plains, está en el Parque Nacional de Kafue.

Uno de los tres campamentos decorado con motivos africanos en el que se aloja parte de la clientela de Ramón Díaz de Bustamante.

Las concesiones sobre las que se asientan los 19 bungalows y tiendas de campaña gestionadas por el cántabro suman tanta superficie como Cantabria entera y ofrecen a los turistas la oportunidad de ducharse con las estrellas como techo, mientras un león ruge a lo lejos o un grupo de hipopótamos chapotea en el río de Luangwa. “Es como verte inmerso en un documental”, compara Bustamante.

La exclusividad de estas experiencias y el contacto directo con uno de los ecosistemas más variopintos del mundo tienen su coste. El precio mínimo de una estancia de un día para una pareja es de unos 800 euros, sin contar los gastos de transporte, que no son pequeños. Además del viaje en avión desde España hasta Lusaka (la capital del país), que cuesta alrededor de 1.200 euros, los clientes han de trasladarse desde el aeropuerto zambiano hasta los campamentos en avioneta, un trayecto que aumenta el presupuesto, pero que ofrece una singular vista panorámica de los exóticos parajes del país.

Frente a los viajes que ofrecen las compañías turísticas convencionales, con alojamientos en los hoteles de Lusaka y safaris de tan solo unas horas, los clientes del empresario cántabro se alojan directamente en el interior de los parques nacionales y pueden despertarse viendo un leopardo merodear por su cabaña o varias cebras comiendo pastos y cortezas de árboles. Eso sí, bajo medidas que garantizan su seguridad. “Todo está muy controlado. El animal más peligroso de la sabana es el humano y los animales lo saben. Van a procurar evitarte”, sentencia el empresario cántabro.

De emprendedor a cónsul honorario

La relación entre Ramón Díaz de Bustamante y África se inició cuando apenas tenía 26 años. Un viaje junto a su hermano fue el responsable de que le entrase el famoso ‘mal de África’, que hace que todo aquel que pise el continente quiera volver.

En su regreso, hizo expediciones para ver los gorilas de montaña de la selva impenetrable de Bwindy y los chimpancés del parque nacional de Kibale, en Uganda, atravesó el desierto del Kalahari e hizo transafricanas de norte a sur y este a oeste con la ayuda de un todoterreno.

En uno de sus innumerables recorridos, decidió crear una empresa dedicada a los safaris fotográficos en Tanzania y Kenia. Al principio, el joven aventurero subcontrataba para sus clientes los servicios de compañías ya existentes, pero pronto empezó a recibir más peticiones de las que podía digerir. “Tuve un exceso de éxito. Era muy joven y me pegué un tortazo tremendo”, recuerda.

Tras el fracaso empresarial, Díaz de Bustamante cambió de plan pero no de meta. Los parques nacionales del país estaban intactos, como si el tiempo se hubiera detenido durante los últimos mil años, y ofreció al gobierno zambiano un proyecto sostenible que permitiese generar cierta economía en estas zonas. Sin alterar la biodiversidad del lugar y la vida de las tribus y las poblaciones rurales, montó una empresa de safaris y empezó a adquirir los terrenos necesarios para instalar sus campamentos.

Esa experiencia le puso en contacto con los miembros del gobierno y los principales empresarios locales, pero también le ha deparado unos contactos del más alto nivel en otros países, ya que muchos de los clientes que acuden a sus campamentos y safaris son propietarios de grandes empresas de todo el mundo. Algunos acuden varias veces al año, pero no quiere revelar más datos.

Un grupo de turistas en una de las expediciones que organiza el cántabro.

El hecho de que no pocos se muestren interesados en hacer inversiones en Zambia le llevó a dar un paso más. El cántabro fue convirtiéndose en un intermediario reconocido en las inversiones extranjeras en el país y optó por crear una plataforma de negocios denominada African Bureau que asesora a empresas que quieren entrar en aquel mercado, entre ellas, algunas españolas. “Zambia es un país muy abierto a la inversión extranjera, sobre todo si es europea. Valoran muchísimo al español”, destaca.

La burocracia, no obstante, puede llegar a resultar desesperante para quienes desean promover un negocio en el país. Reconoce que, si un trámite tarda tres meses en España, en Zambia supone unos tres años y por eso acabó encargándose de agilizar esos procedimientos. “Estas cosas pueden sonar a prevaricación, pero nosotros no nos saltamos ningún paso. Seguimos el proceso habitual pero con mayor rapidez”, matiza.

Gracias a este empeño para atraer inversiones al país, Ramón Díaz de Bustamante fue nombrado cónsul General Honorario de Zambia en España, lo que le confiere el rango de representante diplomático en España.

Zambia: Un mercado de grandes oportunidades

En la actualidad, el país africano solo cuenta con tres fuentes hidráulicas para generar la energía eléctrica que necesita, insuficientes para atender la demanda. Se calcula que tiene un déficit de potencia de unos 1.500 Mw.

Su African Bureau ha tomado una posición muy activa en este terreno y está gestionando la puesta en marcha de cinco plantas fotovoltaicas, con una potencia conjunta de 150 Mw. Ya están en la última fase de estudio antes de su construcción, y cada una de ella supondrá una inversión de entre 30 y 50 millones de euros.

Con la ministra española de Turismo, Reyes Maroto.

Bustamante confiesa su intención de llegar a cubrir, en un futuro, al menos la mitad de la demanda de energía, aunque no es el único campo de actividad, y reconoce que hay empresas españolas detrás de estas iniciativas, también cántabras. El constructor Paulino Pinta está vinculado a una de ellas y otras como Textil Santanderina se han llegado a interesar por la confección de uniformes de seguridad para las autoridades policiales y el ejército zambiano.

No obstante, el gerente de African Bureau cree que las empresas españolas están perdiendo oportunidades económicas muy jugosas en aquel continente y está convencido de que los proyectos de energía renovable que plantean en países sudamericanos resultarían más rentables en Zambia, un país bañado de sol casi todo el año. “Les produce cierto miedo. Tenemos en la cabeza que un gobierno africano es inestable por definición, pero Zambia tiene una democracia próspera y una seguridad jurídica que no la hay ni en Sudáfrica”, enfatiza.

Zambia es un país muy joven, puesto que se independizó de Reino Unido en 1964, y está todo por hacer. Bustamante subraya, por ejemplo, las oportunidades en el campo de los materiales de construcción, aunque hayan quedado atrás los problemas con los que él se encontró al hacer sus campamentos, cuando era imposible encontrar cinco grifos iguales.

Todo ha ido cambiando con el tiempo y con el aterrizaje de compañías chinas, sudafricanas e indias, que fabrican materiales bajo nomenclaturas reconocidas a nivel mundial, pero de calidad baja-media. “Ahora sería un buen momento para aventurarse en este sector, pero ya no serían pioneros”, dice.

Otra oportunidad, en su opinión, son las inversiones público-privadas, que están cayendo en manos de empresas francesas, inglesas y holandesas.

Lamenta también que no haya habido interés en la obra pública por parte de las constructoras españolas. “Estas carreteras se las están llevando las empresas chinas. Son las que más coraje tienen a la hora de invertir en África”, sostiene.

Ayuda humanitaria

Entre todos sus negocios, Díaz de Bustamante ha llegado a emplear a un centenar de personas. Ahora mismo, tiene 60 trabajadores, pero sus intereses van más allá de los empresariales. Es presidente honorario de Sogolo, una ONG que pretende mejorar la educación de niños zambianos, ya que solo el 41,5% de la población menor de 24 años está escolarizada y el 55,2% de las mujeres jóvenes no saben leer.

Un grupo de cebras en la sabana africana.

Para corregir esta situación, la asociación realiza obras para acondicionar los centros educativos y se encarga de hacer programas formativos para que los alumnos salgan de los colegios con mayores competencias.

Uno de sus últimos logros es un laboratorio de ciencias para 30 estudiantes de Educación Secundaria de Mkasanga. También está trabajando con la Universidad Complutense de Madrid para crear un programa formativo destinado a la universidad zambiana y facilitar el intercambio de profesores en posgrados, másteres y doctorados.

Otro de los proyectos en los que está inmerso es en la construcción de una escuela en Lusaka promovida por la Fundación Real Madrid, de la que es asociado. El objetivo es ofrecer clases de fútbol impartidas por entrenadores del club madrileño a menores de 18 años.   

 Arraigo en Cantabria

El empresario torrelaveguense solía permanecer periodos de seis meses en África y otros seis en su tierra natal. Con el paso del tiempo sus estancias en Zambia se han ido acortando, lo que Ramón achaca a la edad. “Ahora paso fuera dos meses como mucho. A mí Torrelavega que no me lo quiten”, sentencia.

Vista exterior e interior de los bungalows.

Bustamante tiene claro que seguirá al frente de sus negocios “hasta que el cuerpo diga basta” y para cuando ese momento llegue habrá delegado en otros sus funciones. De hecho, ya ha llegado a un acuerdo con un fondo japonés para vender una parte de las acciones de uno de sus campamentos. “Quizá sea ese el camino que emprenda en un futuro”, augura.


Safaris

en la sabana

Arriba, las Cataratas Victoria, situadas en la frontera entre Zambia y Zimbabue, en el anochecer. Debajo, unos búfalos beben agua en una laguna.

Antes de convertirse en el europeo con más safaris por África a sus espaldas –más de 3.000– y de levantar tres hoteles en los parques nacionales de Zambia, Ramón Díaz de Bustamante sabía que para tener éxito allí debía ser autosuficiente.

A diferencia de lo que ocurre en países desarrollados, el empresario en Zambia tiene que proporcionarse sus propios recursos, especialmente en los entornos más rurales. Para edificar su primer establecimiento hotelero tuvo que construirse las carreteras, los pozos de agua y poner en marcha una pequeña planta fotovoltaica que proporcionase energía a la instalación. “La rentabilidad es muy buena, pero es un negocio duro. Estás creando un nido de civilización en una de las zonas más salvajes del planeta”, dice.

Bustamante asegura que los clientes que contratan sus safaris, cuyas experiencias rondan los 3.000 euros por persona, terminan siendo amigos. “Son grupos de no más de seis personas y al final pasas con ellos entre diez y 15 días”.

Su agencia, Africa Safari, ofrece una amplia variedad de actividades, desde los avistamientos de animales salvajes a la visita a las Cataratas Victoria,  la caída de agua más importante del planeta o disfrutar de las mejores playas vírgenes del Índico, con arenas blancas y aguas turquesas.

El turismo es uno de los sectores más golpeados por la pandemia y los campamentos africanos no han sido inmunes a la Covid19. Pese a no haber tenido clientes, el empresario torrelaveguense optó por mantener sus bungalows abiertos y a toda su plantilla trabajando. “Mis empleados llevan conmigo media vida. Si les quito su salario, se mueren de hambre. Allí no hay paro ni ertes”, se justifica.

El cántabro asegura que la situación está empezando a normalizarse y que los clientes hacen las primeras reservas. Asegura que la República de Zambia, en estos momentos, es uno de los países más seguros en cuanto al coronavirus. ya que el hecho de que no haya grandes desplazamientos internos de población reduce los contagios. Y para  evitar que lleguen del extranjero, los turistas están obligados a presentar una prueba PCR negativa.


David Pérez

 

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