¿Por qué es tan importante la Cohorte Cantabria?

Decenas de investigaciones tendrán en esa base de datos el mejor campo de trabajo para asociar enfermedades a circunstancias genéticas, biológicas y sociales

Todos los tratamientos médicos se ensayan previamente en un número de humanos estadísticamente suficiente, pero nunca se ha podido contar con los datos de 50.000 personas, que incluyen desde sus patologías a su forma de vida, pasando por su nivel de ingresos o de estudios. La Cohorte Cantabria afronta la investigación más ambiciosa en este terreno que se haya hecho en el mundo. La más importante hasta ahora, desarrollada en EE UU, se basa en un universo de 6.000 personas, aunque ya ha hecho el seguimiento de tres generaciones, y ha servido para numerosos avances en el tratamiento y diagnóstico de la enfermedad cardiovascular, al constatar, por primera vez, su estrecha relación con el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad, el colesterol y el sedentarismo.


La ciencia no solo progresa  entre microscopios y tubos de ensayo. El desarrollo de la inteligencia artificial y el big data han entrado de lleno en el campo de la medicina y el análisis de miles de datos abre un inimaginable camino en la búsqueda del origen de muchas enfermedades y para el desarrollo de tratamientos cada vez más personalizados.

Esto es lo que persigue el proyecto Cohorte Cantabria que trata de reclutar a 50.000 cántabros voluntarios entre los 288.000 que tienen edades comprendidas entre los 40 y los 70 años, para saber cómo viven y de qué enferman. En solo dos meses y medio se han apuntado 3.000 voluntarios pero aún queda mucho camino por recorrer, tanto en el reclutamiento de personas como en la definición de los objetivos, porque es un proyecto con muchos propósitos, que se irán ampliando aún más a lo largo del tiempo.

Una cohorte es un grupo de individuos que comparten una o varias características y a los que se estudia durante un tiempo determinado. En este caso, la Cohorte Cantabria se centra en los ciudadanos que viven en un territorio común, la Comunidad Autónoma de Cantabria, y que tienen un rango de edad entre los 40 y los 70 años.

Personal que compone el equipo de Cohorte Cantabria.

Marcos López Hoyos, director científico del Idival, el organismo que ha ideado este ambicioso proyecto, y director del mismo, justifica la elección de ese rango de edad por tratarse de la etapa de la vida en la que aparecen los indicios de los futuros problemas de salud.

Desde el primer momento deja claro que no se trata de tener una hoja de Excel repleta de datos sobre los cántabros. Ese, en todo caso, será el punto de partida de una cascada de análisis que ahora apenas se puede intuir. “Analizamos y combinamos datos muy potentes y para ello utilizamos herramientas de big data”, explica López Hoyos. El objetivo genérico es que tanto las bases de datos como las muestras biológicas que se van a conservar sirvan para “hacer una medicina de previsión o personalizada”.

“Hasta ahora aplicamos tratamientos y diagnósticos en función de la enfermedad, pero una patología puede ser distinta en cada persona y puede afectarle de manera diferente ahora que dentro de cinco años”, precisa.

¿De dónde salen tantos datos?

Cada voluntario que accede a participar en Cohorte Cantabria tiene que firmar un consentimiento informado para permitir a los investigadores del Idival consultar su historia clínica, en la que están recogidas todas las enfermedades que ha podido sufrir a lo largo de su vida, las pruebas, tratamientos e intervenciones quirúrgicas por las que ha pasado e, incluso, las veces que ha acudido al servicio de Urgencias.

Otros datos se obtienen de un extenso cuestionario que se le envía y cumplimenta a través de internet. En él se les inquiere por su estilo de vida, lo que comen, si toman el sol, si son sedentarios o activos, cuánto tiempo permanecen sentados o en movimiento… También se les pregunta por el nivel de estudios y socioeconómico, antecedentes de enfermedad y/o muerte de los padres o de los hijos, si los hay;condiciones de la vivienda y hasta el número de habitaciones o cuartos de baño que tiene su casa, “porque en la salud influye desde el código postal donde se reside hasta el nivel socioeconómico”, señala López Hoyos, en una clara referencia a las distintas formas de vida en función del nivel de renta.


El precedente americano que ha cambiado la forma de abordar muchas enfermedades

La pequeña ciudad de Framingham, cercana a Boston, ha pasado a la historia de la medicina por su cohorte, que ha aportado numerosos avances.

En la década de 1920, las enfermedades del corazón ya figuraban en las estadísticas como la principal causa de muerte en los Estados Unidos. Ni siquiera el presidente era inmune a este problema de salud: Franklin Delano Roosevelt murió de accidente cerebrovascular hemorrágico en 1945 debido a la hipertensión no controlada, lo que llevó a tomar conciencia sobre el creciente número de enfermedades cardiovasculares e impulsó al Servicio de Salud Pública de EE UU a iniciar, en 1948, el Framingham Heart Study («Framingham»).

Se eligió para ello una cohorte de 5.209 hombres y mujeres de entre 30 y 62 años de la ciudad de Framingham, Massachusetts, que aún no habían desarrollado síntomas evidentes de enfermedad cardiovascular ni habían sufrido un ataque cardíaco o un derrame cerebral. Con el paso del tiempo, el estudio ha agregado una Cohorte de Hijos (en 1971), y otra de Hijos Nuevos (2003), por lo que ya ha podido analizar tres generaciones.

Uno de los primeros estudios de las cohortes Framingham ha pasado a la historia de la medicina como la joya de la corona de la epidemiología, ya que no solo contribuyó enormemente a la comprensión de las enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares, sino que también permitió identificar los principales factores de riesgo causales:el tabaquismo, la presión arterial alta, la obesidad, los niveles altos de colesterol y la inactividad física. Aunque en un primer momento, algunas de estas conclusiones fueron discutidas por los lobbies que se sentían perjudicados (tabaqueras, azucareras, compañías de refrescos…) eran inapelable, al provenir de una experiencia real, con un número de individuos estadísticamente relevante, y esta información acabó estando perfectamente interiorizada por la población de todo el mundo hasta conseguir modificarnos los hábitos.

Framingham cambió la forma en que se estudian y abordan las enfermedades crónicas en las esferas médica y de salud pública. Gracias en gran parte a esta cohorte, ahora se puede ir más allá del tratamiento de la enfermedad una vez que se desencadena, y se ha enfatizado la prevención, abordando los factores de riesgo modificables. Hay incluso, unas tablas de riesgo cardiovascular que llevan el nombre de esta pequeña ciudad de Massachusetts.

Esta cohorte también ha sido pionera en el uso de la epidemiología para estudiar enfermedades no infecciosas y ha dado lugar a métodos innovadores que se están utilizando en innumerables estudios en todo el mundo. El impacto general que ha tenido en la medicina es enorme, y aún continúa revelando nuevos conocimientos sobre la salud humana, lo que puede dar idea del interés que tiene la Cohorte Cantabria, con un número de integrantes muy superior.


La tercera fuente de datos se obtiene el día en que el voluntario es citado en el Pabellón 20 de Valdecilla. Allí se le extrae sangre, se le pesa y mide y se le hace una impedanciometría, una medición que permite analizar la composición corporal, determinando el porcentaje de masa grasa y agua. Es una prueba sencilla, en la que basta colocarse sobre una base y agarrar una barra. A través de unos electrodos se hace la medición.

Una vez extraída la sangre, dos de los tubos son trasladados al Biobanco ubicado en el Idival, donde se codifican con un código QR. Allí se separan el suero, plasma y células para material genético y se almacenan congelados a -80º para poderlos utilizar cuando sea necesario obtener algún dato más. El voluntario también autoriza la custodia y utilización de estos datos –siempre de manera anónima– para cualquier investigación.

Esa información de la Cohorte es un material muy valioso, pero cualquier investigador o empresa farmacéutica que lo justifique puede solicitar muestras para realizar estudios destinados, por ejemplo, a nuevos tratamientos. Previamente, ha de obtener la autorización del comité asesor técnico, que considerará si lo que se pretende tiene valor científico o no. Si da el visto bueno a su utilización, no será gratuita. Estos estudios privados deberán contribuir a sufragar el proyecto Cohorte Cantabria, en cuya puesta en marcha se han invertido 500.000 euros.

El resto de las muestras de sangre obtenidas se envían a los laboratorios de Valdecilla, donde se realiza un hemograma y un estudio bioquímico con niveles de anticuerpos, básicamente de hepatitis. Toda esta información se combina con datos obtenidos de las nuevas tecnologías de análisis, denominadas Omicas, que permiten estudiar un gran número de moléculas implicadas en el funcionamiento del organismo, como la genómica, la nutrigenómica o la epigenómica.

El estudio servirá para hacer tratamientos personalizados, asociar patologías con lugares o formas de vida y planificar las políticas de salud por áreas geográficas

Los resultados vuelven a los médicos de Cohorte que, si observan algún valor alterado, revisan la historia clínica para comprobar si ya existía esa alteración en analíticas anteriores o es indicio de algún problema, en cuyo caso contactarán con esa persona para informarle y derivarle a su médico. López Hoyos deja claro que “al tiempo que investigamos cuidamos de los voluntarios”.

El material biológico allí depositado sigue teniendo un carácter privado. Nadie que no pertenezca a la Cohorte podrá ponerse en contacto con ellos, ya que los datos se conservan en forma anónima.

Además de aportar un material de primer orden para decenas de investigaciones, tanto por el número de voluntarios como por la exhaustiva recopilación de datos, la Cohorte podrá emplearse en proyectos docentes y facilitará al Gobierno de Cantabria mucha información sobre qué enfermedades y qué factores de riesgo son prevalentes por zonas geográficas, para poder planificar políticas de salud.

Los interesados en participar en Cohorte Cantabria deben solicitarlo a través de la página web cohortecantabria.com. Ese voluntariado se complementa con el que recopile un equipo que hace llamadas de forma aleatoria para seguir aumentando el número de participantes.

López Hoyos agradece la buena acogida que esta teniendo el proyecto, ya que la tasa de aceptación en esta llamadas está siendo del 36%, muy por encima del 15-20% que tienen otras cohortes del mundo. “En Cantabria la gente cree en la medicina, en la investigación y sobre todo, en Valdecilla”, dice con orgullo.

Si se consiguen esos 50.000 voluntarios, Cantabria no solo tendrá la población mejor estudiada del mundo (la siguiente cohorte más abultada está en EE UU, con unas 6.000 personas), sino que servirá como referente para investigaciones en campos muy diversos.      

África Fernández

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